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Los tres frentes del Conde-Duque de Olivares

Viernes 01 de Abril, 2016
El Conde-duque de Olivares quiso aprovechar que la guerra con Francia se desplazaba al Principado de Cataluña para impulsar su política reformista y castellanizante. La guerra y su centralismo motivó -ya en el siglo XVII- deseos de independencia de Castilla.
El Conde duque inmortalizado por Diego Velázquez

Corrupción, guerra en Europa, Cataluña... ¿les suena?

No, no nos referimos a las numerosas imputaciones de políticos en España, ni de la guerra contra el terrorismo islamista que se ha instalado en la vieja Europa tras los atentados de Madrid, Londres, París o Bruselas, ni tampoco del enquistado conflicto con Cataluña y las ansias independentistas de una parte de su población sino de los tres frentes del Conde Duque de Olivares, el hombre fuerte de España durante el reinado de Felipe IV, el monarca que vio como bajo su cetro se resquebrajaba inexorablemente el gran imperio español

Alberto de Frutos, redactor de Historia de Iberia Vieja  analiza en nuestro número de abril la figura de este estadista que centró su actuación en reforzar el poder del rey a través de una administración más centralizada. Como sucede hoy en día, su periodo de privanza, vino caracterizado por una corrupción que lastraría las cuentas del país. Para conseguir sus objetivos no dudó en desplegar una política belicista.

El casi inabarcable poder que consiguió le hizo acumular grandes riquezas y le granjeó fama de corrupto

 

Su biografía delata que nació en Roma, el 6 de enero de 1587, en el seno de una familia aristocrática. Su nombre real era Gaspar de Guzmán y Pimentel. 

En 1615 consiguió que el duque de Lerma lo nombrase gentilhombre de cámara del futuro Felipe IV, con lo que regresó a la corte.

El Conde Duque de Olivares fue un hombre muy culto que supo reunir una abundante biblioteca en la que no faltaban ejemplares incluidos en el Índice de Libros Prohibidos por la Inquisición. Se dispensó una licencia para estudiar los trabajos de los rabinos sobre el Antiguo Testamento, y en sus ratos de ocio -dicen las malas lenguas- leía el Corán. Algunos biógrafos aseguran que se vanagloriaba de proteger a ciertos intelectuales de la época.

Con el país inmerso en la guerra de los Treinta años, con las vetas de las minas de oro y plata en América vacías y viendo que Castellanos y Andaluces no podían sufragar los gastos de la guerra, al hombre más poderoso del Siglo de Oro se le ocurrió aplicar algunos de los impuestos (ley de aduanas) que ya pagaban los castellanos a la Corona de Aragón y, además obligó al reclutamiento de cinco mil soldados catalanes para hacer la guerra dentro de Francia y en las guerras de Flandes.

De acuerdo con la Unión de Armas del Conde-duque, cada Reino, Estado y Señorío de la Monarquía Hispánica debía colaborar al esfuerzo bélico. Las cifras concretas de las tropas que aportaría cada uno estarían determinadas proporcionalmente a su población y riqueza.

No fue una buena idea. Tampoco el centralismo que el conde-duque imprimió al Estado fue aceptado de buen grado por todas las regiones, y en particular, por Cataluña, que no quería renunciar a sus leyes propias, fueros y privilegios lo que propició que muchos catalanes se plantearan ¡ya entonces! la independencia de la Corona de Castilla y, por lo tanto de la monarquía de los Austrias.

Ahora que está tan de moda hablar de balanzas fiscales, es bueno saber que el desequilibrio fiscal por habitante en contra de la Corona de Castilla con respecto a la de Aragón varió entre cifras de un 400% superior en 1553, a un 838% en 1623 y hacia 1833, si cada castellano pagaba 29,5 reales, los de la corona de Aragón pagaban 11,5. A este respecto su amigo Francisco de Quevedo escribió:

“En Navarra y Aragón, no hay quien tribute un real/Cataluña y Portugal son de la misma opinión/ sólo Castilla y León/ y el noble reino andaluz/ llevan acuestas la cruz”.

Otros versos de Quevedo alusivos a la figura del Conde-duque fueron incluidos en Alatriste, una película de 2006 dirigida por Agustín Díaz Yanes cuyo fragmento puedes ver al final de esta nota.

Los franceses declararon la guerra en 1635 y Cataluña, en su condición de territorio fronterizo, se convirtió en un escenario bélico. “Si las Constituciones embarazan –dijo Olivares– que lleve el Diablo las Constituciones”. Fue otro error de bulto. Al obviar los usatges propios de los catalanes y anteponer los intereses de Castilla, prescindió de unas costumbres estipuladas y aceptadas como leyes. Le faltó mano izquierda,  incluso se negó a recibir a cualquier catalán que no hablara en castellano y la Crisis estallaría finalmente en 1640 con la Guerra dels Segadors.

Con estos tres frentes abiertos: corrupción. guerra en Europa y Cataluña, al Conde-Duque no le faltaron enemigos y ello acrecentó su desconfianza, ya de por sí importante. Alberto de Frutos detalla en nuestro tema del mes cómo el Conde Duque de Olivares logró crear una red de espías por todo el país, con el fin de tener oídos en todos los círculos españoles.

Escucha la entrevista que concedió a La Rosa de los Vientos de Onda Cero Radio.  

Fragmento de Alatriste (2006)

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