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Enrique Sanchís y el triauto

Lunes 12 de Agosto, 2019
El valenciano Enrique Sanchís se adelantó en varias décadas a otros innovadores en el sector del automóvil, tanto dentro como fuera de España. En 1906 se sacó de la chistera un vehículo de tres ruedas, precursor de los microcoches que causarían furor en la posguerra.
Enrique Sanchís y el triauto

Tras la Segunda Guerra Mundial, diversas empresas de armamento se lanzaron a construir los coches más baratos y pequeños que fuera posible en una época de grandes carencias. Alemania, Francia y Reino Unido, por ejemplo, vieron nacer una floreciente flota de todo tipo de coches de minúsculo tamaño. Lo mismo sucedió en España, donde se fabricaron algunos modelos célebres bajo licencia, como el Isetta de origen italiano, dotado de un curioso sistema de portón de acceso frontal con volante articulado para facilitar la entrada a su interior.

Los microcoches españoles de los años cuarenta y cincuenta lo tuvieron muy complicado para prosperar pues, a la carestía de materiales y combustibles que se vivía en el resto del continente, había que unir el aislamiento al que estaba sometido nuestro país debido al régimen franquista, que llevó a la implantación de un duro modelo económico autárquico. En ese ambiente nacieron genialidades fruto de la necesidad como el Biscúter, conocido popularmente como “la zapatilla”. Originalmente ideado por el diseñador aeronáutico francés Gabriel Voisin, este modelo fue fabricado en España por la empresa barcelonesa Autonacional S.A. Era un “vehículo mínimo”, que cumplía con las extremas exigencias del mercado nacional de su tiempo: reducido hasta el límite, sin puertas ni ventanas, e incluso sin marcha atrás, con una mecánica simplificada gracias a ingeniosas innovaciones, se extendió como la pólvora por nuestras calles desde su introducción en 1953.

EL ASOMBROSO TRIAUTO DE SANCHÍS

A la hora de redactar estas letras tengo ante mí los viejos impresos y planos de una máquina excepcional. Estos inéditos gráficos, que reproducimos parcialmente, duermen plácidamente en los estantes del Archivo Histórico de Patentes de Madrid, esperando mostrar sus cualidades a quien se quiera acercar a observarlos. Se trata de la patente española de invención número 39.110, otorgada a Enrique Sanchís el 15 de septiembre de 1906 para cierto “sistema de chasis para coches de tres ruedas”. El mismo personaje cuenta también con otras patentes bajo su nombre, haciendo un total de una decena, que van desde un “sistema de tranvías para viajeros con carriles de cualquier sección pero de superfi cie de rodadura cóncava en su llanta”, de 1896, hasta un “sistema de construcción de tabiques, paredes, cielorasos y otras partes de edifi cios”, que data de 1920. En total, más de dos décadas dedicadas a la invención, en las que alumbró todo tipo de artilugios útiles que mejoraban la fabricación de dirigibles, de los vehículos sobre raíles y hasta un extraño y curioso “sistema de vías mixtas de hormigón y acero colocadas en calles y carreteras para que marchen sobre ella toda clase de vehículos ordinarios”, que fue publicado en 1898.

Sanchís, de origen valenciano, era ingeniero de caminos y estaba adscrito al Ministerio de Obras Públicas en aquel comienzo del siglo XX. Su pasión por las máquinas rodantes, que venía de lejos como muestran sus patentes de fi nales de la anterior centuria, se acrecentó cuando fue enviado de forma oficial al Primer Congreso de Automovilismo que se celebró en París en 1902. Allí pudo contemplar los novísimos coches llegados desde diversos lugares de Europa y los Estados Unidos. Desde ese momento no dejó de soñar con construir sus propios coches a motor y contar con una marca propia, que con el tiempo llegó a ser una realidad bajo el nombre de la efímera fábrica que abrió en las cercanías de París, en Courbevoie: Sanchis-France. El propio Enrique comenta sobre el inicio de esa constructiva obsesión en las páginas de 1902 de la Revista de Obras Públicas: …solicité y obtuve del Ministerio autorización para asistir [al Congreso de Automovilismo] y estudiar de cerca los adelantos del transporte sobre carretera. Más tarde pude conseguir permiso (…) para seguir aquellos estudios en el extranjero, donde tuve ocasión de visitar en Inglaterra y los Estados Unidos algunas fábricas de la especialidad que, unidas a las recorridas en Francia (…) completaron mis impresiones sobre esta nueva industria.

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