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Carlos III, amante de las ciencias y el progreso

Viernes, 3 Febrero, 2017 - 05:05
Carlos III ofrece a ojos de la Historia la mejor cara de la monarquía como símbolo de la Ilustración. No todo fue bueno en su reinado, es cierto que cometió errores, pero, comparando su legado con el de otros Borbones, siempre saldrá ganando.
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Rey de Nápoles y Sicilia

Carlos III no era un neófito en la causa monárquica cuando se ciñó la corona en 1759. Llevaba veinticinco años como rey de Nápoles y Sicilia, desde que el Primer Pacto de Familia, suscrito entre su padre Felipe V y Luis XV de Francia en 1733, propiciara la recuperación de esos territorios, entonces bajo dominio austríaco.

El reinado de Carlos en Nápoles y Sicilia nos pone sobre la pista de los intereses que marcarían, luego, su política en España.

Además de la experiencia de gobierno, aplicó una serie de reformas para despejar las condiciones de vida de sus súbditos –léase la construcción del inmenso Albergo dei Poveri– y enriquecer su cultura –el Teatro de San Carlos–, a la vez que proyectaba el hiperbólico Palacio Real de Caserta. Redujo la influencia política de la Iglesia merced a la influencia de su ministro Bernardo Tanucci, unos años antes de ejecutar la controvertida expulsión de los jesuitas en 1767. E impulsó, como veremos más adelante, las excavaciones arqueológicas de Pompeya y Herculano, dirigidas por el ingeniero aragonés Roque Joaquín de Alcubierre.

Don Carlos de Borbón visita la Basílica de San Pedro, sobre estas líneas, de Giovanni Paolo Panini, procedente del Museo de Capodimonte (Nápoles) y expuesto, hasta el 26 de marzo, en la muestra Carlos III: proyección exterior y científica de un reinado ilustrado, en el Museo Arqueológico Nacional