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Franco escribió contra los masones con pseudónimo

Miércoles 06 de Noviembre, 2019
Bajo el pseudónimo de Jakin Boor, el dictador escribió en el diario “Arriba”, numerosos artículos para hablar sobre el contubernio de la masonería y los comunistas.

Cuando muchos de los lectores del periódico falangista “Arriba” leían a Hispanicus, Macaulay y Jakim Boor, poco podían imaginar que el que se encontraba detrás de aquellas letras era el dictador Francisco Franco. Fueron 91 artículos entre 1945 y 1955, más otro en 1960 que trataban sobre política internacional, asuntos nacionales y masonería.

Y aunque no eran sus primeras incursiones en el mundo del periodismo, puesto que ya fue director de la “Revista de Tropas Coloniales”, fundada en Ceuta en 1924 y conocida como “África” desde 1926 hasta 1936, fue desde que se hizo con la jefatura del Estado cuando comenzó las colaboraciones en el periódico falangista.

Lo curioso del caso, es que la mayoría de los artículos que escribía Francisco Franco era contra a los que él consideraba sus principales adversarios: los comunistas y los masones. Lo que él denominaba: contubernio

Es aquí donde aparece la figura de Jakim Boor, un nombre inventado, con la que Franco acusaba a los masones de ser los culpables de determinados asesinatos o de ser los responsables de la inestabilidad política de varios países europeos.

Sin embargo, la mayoría de los artículos son de corte histórico en los que se narra las supuestas tropelías cometidas por esta "secta" en el pasado. Buena parte de ellos están centrados en la expansión y calamidades desatadas por la masonería durante el reinado de Carlos III, como el motín de Esquilache, la campaña contra los jesuitas o la infiltración en la Inquisición.

Aunque en la redacción de “Arriba” era un secreto a voces que detrás de estos seudónimos se escondía Franco, él no quería que se descubriera su tapadera.

Fue entonces en 1952 que se publicó un libro titulado “Masonería” en el que se recogían todos los artículos y críticas a la masonería que el dictador realizaba bajo ese pseudónimo. Peor según el historiador Juan Pablo Fusi, esta obra era "incomprensible", como también que "un jefe de Estado de un país moderno, militar brillante y estadista cauteloso, tuviese una visión del mundo y de la política internacional basada en una formidable y obsesiva superchería: en la idea de que toda la historia contemporánea no era sino el resultado de una gigantesca conspiración masónica”.

Y no son pocas las voces que claman que todo ese odio que destilaba hacia la masonería, venida dada por su intención de entrar en la logia y ser rechazado una y otra. Así que es “comprensible” la poca empatía que tuviera con todos los denominados masones. ¿O no?

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