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La victoria de los Tercios que causó la revuelta catalana

Jueves 10 de Enero, 2019
Los desmanes de los tercios y el sobreesfuerzo durante la batalla contra Francia terminaron por agotar a Cataluña, que explotó en la revuelta de los segadores y que situó a Barcelona en una rebelión de 12 años. Javier García de Gabiola

En mayo de 1635, un heraldo de Luis XIII, pomposamente vestido y emplumado, cruzó la frontera del Flandes español y declaró formalmente la guerra a España.

Ahora la península Ibérica conocería por fin los rigores de la guerra, que llevaban asolando al resto de Europa desde hacía décadas, en el seno de la Guerra de los 30 Años.

La frontera hispano-francesa permanecía prácticamente indefensa por parte de ambos contendientes, ya que los Pirineos obraban como defensa natural y los principales frentes estaban en Flandes, Alemania e Italia, de modo que las operaciones terrestres no empezaron hasta un año más tarde.

UNA GRAN OFENSIVA A DESTIEMPO…
En 1636, España, con ayuda imperial, realizó una contraofensiva en todos los frentes que estuvo a punto de sacar a Francia de la guerra. Sin embargo, por falta de coordinación y a pesar de que las vanguardias españolas amenazaron París, el ataque desde Alemania empezó cuando los Tercios se replegaban ya hacia Flandes, y aún más tarde comenzó la ofensiva hispana desde los Pirineos.

Sólo hacia octubre pudo el marqués de Valparaíso, virrey de Navarra, iniciar su ofensiva con un ejército improvisado formado por milicianos vasco-navarros. El virrey tomó Sokoa (fortaleza defendida por 28 cañones) y Saint- Jean-de-Luz, entre otras, llegando a amenazar Bayona.

Sin embargo, las tropas abandonaron el frente con el comienzo de las lluvias para volver a sus casas, viéndose obligado el virrey a evacuar todas las posiciones, de modo que el ataque quedó en nada.

La ofensiva desde Cataluña empezó aún más tarde, el 2 de septiembre de 1637, cuando el virrey de Cataluña, el Duque de Cardona, envió desde el Rosellón un cuerpo mandado por Giovanni Serbelloni.

El llamamiento a los catalanes por parte de Cardona apenas dio fruto: poco más de 1.000 de ellos se unieron al ejército. De los ocho tercios congregados, todos de españoles, sólo uno de ellos y tres compañías eran de catalanes.

A pesar de ello, Serbelloni invadió el Languedoc, y marchó en primer lugar contra Leucate, junto a la frontera, fortificación defendida por 1.000 franceses que, a semejanza de Gibraltar, está situada en una península al pie de un peñón, siendo por tanto casi inexpugnable.

Los españoles comenzaron el asedio a la plaza pero un asalto nocturno por sorpresa por parte de un ejército galo de socorro dispersó al cuerpo hispano. El ataque de pánico se debió a que las tropas de Madrid eran todas bisoñas y temían quedar bloqueados por la flota de Sourdis, que estaba en la zona.

En esta humillante derrota, sin embargo, las bajas hispanas no fueron demasiadas, unos 1.500 hombres (4.000 según fuentes galas), frente a 1.200 de las francesas. En premio por esta victoria, el comandante francés, d’Halluin, fue nombrado Mariscal de Schomberg.

GUIPÚZCOA INVADIDA
Para 1638 Richelieu preparó una gran ofensiva contra España en el frente Cantábrico. El Príncipe de Condé, padre del Gran Condé (que algunos autores confunden con su genial hijo) con el asesoramiento del Duque de La Valette, congregó en junio un ejército de 18-22.000 soldados (2.000 jinetes y 2.000 milicianos incluidos).

Apoyado por la Flota de Poniente del almirante-obispo Sourdis, que volvía del Mediterráneo, cruzó el Bidasoa. Tras batir en Oyarzun a 2.000 milicianos congregados bajo don Diego de Isasi (que se replegó a Hernani), Condé amenazó San Sebastián. En su marcha asaltó los astilleros de Pasajes, destruyó cuatro galeones en construcción y capturó otros cuatro, aunque finalmente los cuatro restantes bajo Idiáquez lograron huir hasta la capital donostiarra.

Tras tomar Irún, Oyarzun, Rentería y Pasajes, en su retaguardia sólo quedaba la fortaleza de Fuenterrabía, justo en la frontera, que estaba defendida por 500 soldados y 200 civiles (no 7.000, como interesadamente dicen algunas fuentes francesas). Condé dio marcha atrás e inició las operaciones de asedio.

A la vez, otros 6.500 franceses bajo Monsieur de Samper amenazaban Navarra, de modo que su virrey, el Marqués de los Vélez, tuvo que quedar allí con 4.200 navarros dispersos en diferentes puntos fronterizos, a la expectativa. El asedio a Fuenterrabía empezó el 1 de julio.

Las fuerzas francesas se dispusieron en un cordón para bloquear lo puntos de acceso al pueblo y a la vez defenderse de ataques del exterior en varios campamentos fortificados. Condé quedó al norte, junto a la costa, en el caserío de Butrón, con cinco regimientos bajo La Force. Un poco más al sur, en la colina Percaz, estaba La Valette, junto a Nuestra Señora de Guadalupe, con dos regimientos y tres compañías de caballería.

Al sur del santuario se plantaban tres regimientos del conde de Grammont, y ya junto al Bidasoa las tropas de Grave, cerrando al cerco con tres regimientos. Fuera de este dispositivo, en Irún, estaba la caballería de Saint Simon de 36 compañías y tres regimientos.

También había tropas en Behobia y Mendelu (milicia y dos regimientos), así como en Hendaya las milicias del Bearn, bajo Enghein. En la ría se colocaron cadenas para que no pudieran llegar suministros por barco, mientras la flota de Sourdis protegía los accesos.

A pesar de todo, antes de poder cerrarse las líneas, 75 vecinos de Tolosa y Azpeitia, y 150 irlandeses más lograron reforzar la guarnición, bajo Pérez de Egea. No obstante, a partir de esta fecha la escuadra de Sourdis, tras destruir la flota española de socorro en Guetaria impediría la llegada de nuevos refuerzos. En el asedio, los franceses usaron morteros para destruir la ciudad, llegaron a abrir dos brechas en las murallas, volaron siete minas subterráneas y lanzaron nueve asaltos, pero la guarnición, una vez muerto Egea y ahora bajo el capitán Eguía, lo aguantó todo.

LA GRAN VICTORIA DE FUENTERRABÍA
Mientras, a duras penas se formaba el ejército de socorro al mando del Almirante de Castilla. Este, en aplicación del Decreto de Unión de Armas logró juntar 4.100 reclutas vascos, unos 1.000 castellanos y unos 1.500 irlandeses llegados de Flandes vía La Coruña.

Aragoneses y valencianos, con 2.000 voluntarios cada uno, a pesar de que sus fueros se lo impedían por tratarse de operaciones fuera de sus tierras, también enviaron refuerzos. Sin embargo, Cataluña se negó a aportarlos, lo que causó gran revuelo en Madrid. A la vez, parte del ejército vencido en Leucate el año anterior, unos 4.900 soldados, se desplazó desde Cataluña a Guipúzcoa

Al final, el Almirante, tras dejar guarniciones en San Sebastián y Pasajes (que los franceses habían abandonado) partió de Hernani con unos 7.000 soldados y se unió en Oyarzun a 5.000 hombres del Ejército de Navarra bajo Vélez, el 22 de agosto. La vanguardia, dirigida por el Marqués de Mortara, con las mejores tropas del ejército, esto es, el Tercio del Conde-Duque, y los Tercios irlandeses de Tyrone y Tyrconnell, atacó por sorpresa y logró tomar la ermita de Santa Bárbara y el monte Jaizkibel, que dominaba las posiciones francesas.

Sin embargo, el asalto final se pospuso por un temporal que el 31 de agosto dispersó a todos los reclutas españoles. El Almirante reagrupó sus fuerzas, y sumando otra vez unos 13.500 hombres lanzó el asalto final casi a la vez que los franceses abrían brecha en Fuenterrabía.

Mortara, con una columna de 2.500 veteranos, y Torrecuso con otros tantos, seguidos del grueso del ejército bajo Vélez y el Almirante, descendieron el 7 de septiembre por las faldas del Jaizkibel. Mortara y Torrecuso cayeron por ambos flancos del cuartel de los 3.000 soldados de La Force situado al sur de Guadalupe y lo destrozaron, huyendo todo el ejército galo al otro lado del Bidasoa, tras perder sus bagajes, 27 cañones y sufrir 3.200-5.000 bajas.

Condé sólo pudo evitar la destrucción total porque Girón, que había sido enviado a atacar Irún con 2.000 soldados, se retrasó, dejando libre su vía de escape. Condé echó la culpa del desastre a La Valette, que ni siquiera estaba en la zona de ataque por una disputa con su jefe, y que hubo de emigrar a Inglaterra para impedir que Richelieu le cortara la cabeza. Esta increíble victoria española todavía se rememora cada año en el famoso Alarde de Fuenterrabía.

LA LUCHA POR EL ROSELLÓN
Con la guerra en la península en tablas, Richelieu decidió volver a intentarlo en 1639. El 11 de junio, Schomberg, el vencedor de Leucate, pasó a asesorar a Condé, el derrotado de Fuenterrabía, que al mando de 16.500 franceses (2.500 jinetes) invadía el Rosellón para poner sitio a Salses.

La plaza, con una fortificación un tanto antigua pero excelentemente diseñada, estaba defendida por Lorente, un curtido veterano de Flandes, que contaba con 596 soldados. Bombardeada durante 40 días, las operaciones de asedio fueron durísimas.

Finalmente, una galería cubierta de hierro hecha en el mismo foso logró llegar al muro y volarlo, por donde entró el Regimiento de Normandía. Dentro, contemplaron con horror que detrás había otro foso y una torre del homenaje desde donde Lorente acribi acuartelalló a los franceses.

Sin embargo, cuando estaban a punto de huir, los españoles se rindieron: a Lorente ya sólo le quedaban 129 soldados aptos para combatir, de modo que decidió abandonar, tras causar quizá 1-2.000 bajas a los franceses. Este hecho dio pábulo a la leyenda de que Lorente había sido sobornado, cuando el pobre capitán estuvo prisionero y tuvo luego que justificar su defensa.

Mientras, se organizaba un ejército de socorro en Perpiñán en septiembre, bajo el nuevo virrey Santa Coloma, formado por los veteranos del Ejército de Cantabria dirigidos por Felipe Spínola, hijo del famoso general, auxiliado por Torrecuso y Mortara, los vencedores en Fuenterrabía, y 13.000 reclutas catalanes cuya leva autorizó por fin la Generalitat.

De los 25 Tercios presentes, uno era irlandés, uno valón, cuatro italianos, y de entre los españoles, nueve eran catalanes. Santa Coloma se puso en marcha a recuperar Salses el 14 de septiembre sumando 29.800 soldados (4.000 jinetes), mientras Schomberg replegaba sus fuerzas, reducidas a 8.000 soldados, que protegía en un campo atrincherado junto a la plaza.

Torrecuso exploró las posiciones francesas y encontró un hueco donde no había trincheras, al pensar Schomberg que era una zona pantanosa intransitable. El italiano mandó a su hijo, el Duque de San Jorge, que con 2.000 jinetes se coló y amenazó la retaguardia gala, de modo que Schomberg se replegó a Salses.

Allí, por la noche evacuó el grueso de su ejército, dejando 2.000 soldados de guarnición bajo d´Epenan, y retrocedió a Francia en busca de refuerzos.

LA REBELIÓN CATALANA
Santa Coloma comenzó las labores de asedio. En octubre, Condé llegó con refuerzos para Schomberg, sumando juntos 26.000 franceses (4.000 jinetes) y se lanzó a intentar asaltar los atrincheramientos españoles recién acabados, por el lado norte, sólo para fracasar estrepitosamente.

El ejército francés, batido, quedó observando el asedio durante los siguientes meses, y, en enero de 1640, reducidos a 4.700 soldados, hubieron de aceptar lo inevitable al rendirse Salses. También el ejército español había quedado muy débil por las enfermedades, y sólo la llegada de otros 12.000 reclutas catalanes permitió acabar el asedio con éxito.

La costosa victoria tuvo consecuencias inesperadas: en pleno invierno, las tropas españolas no pudieron ser acuarteladas y la mayoría hubieron de alojarse en territorio catalán entre los civiles, donde no existía la costumbre de acoger a las tropas. Faltos de cama y comida, muchos soldados se amotinaron y empezaron a saquear. Santa Coloma detuvo en marzo al diputado Tamarit por negarse a aprobar fondos para la siguiente campaña y forzó la aprobación de una leva de otros 6.000 catalanes.

Diversos pueblos se levantaron y empezaron a atacar a los Tercios de Arce y Moles, llegando a quemar vivo a un alguacil que buscaba alojamiento para ellos en Santa Coloma de Farnés.

Estos, reforzados por el Tercio de Tyrconnell, arrasaron este pueblo al encontrarlo desierto, en mayo. Acosado por los campesinos, el ejército español se disolvió: la caballería huyó a Aragón; los 4.900 soldados de los Tercios mencionados buscaron refugio al norte, en Perpiñán, que hubieron de asaltar para poder alojarse; y en Tortosa 2.000 reclutas fueron apresados.

Del resto del ejército no quedaba nada. El 7 de junio, el propio Santa Coloma sería masacrado en Barcelona. La revuelta catalana, que duraría 12 años, había comenzado…

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