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El viaje de la cabeza de Pizarro

Miércoles 20 de Febrero, 2019
En una sala de la catedral de Lima se halla la tumba de Francisco Pizarro, al que no dejaron descansar ni en el día de su final. Sergio Basi.

Lima está plagada de leyendas, cuentos e historias que abordan en cada esquina. La catedral de Lima fue construida en 1535 en estilo barroco renacentista, un auténtico tesoro de arte en cuyas entrañas se guarda un retablo que es una maravilla de la habilidad.

Los suelos en mármol blanco y negro, símbolos de los viejos templarios, eran la expresión de la fuerza en aquellos duros años. Panes de oro adornan sus altares y tallas únicas nos sorprenden en su interior. Zurbarán y sus obras están presentes entre estas sagradas paredes, así como otras esculturas de madera de grandes maestros de la época. Pero la luz tenue que se cuela por las vidrieras nos habla de un mundo que pese al tiempo transcurrido sigue sumido en las sombras…

Una de las salas más queridas y odiadas a la vez es ésta en la que se halla la tumba de Francisco Pizarro, al que no dejaron descansar ni en el día de su final. Traicionado por sus hombres fue asesinado en 1541, en venganza por la muerte de su socio y aliado en la conquista del Perú Diego de Almagro. Aquellos fueron tiempos difíciles para la conquista.

Eran conscientes de que estaban invadiendo un imperio donde el oro era abundante, lo que dio lugar a guerras civiles entre los españoles, circunstancia que impresionó a los incas, que veían pelear con ferocidad a aquellos seres mitad caballo mitad hombre.

Fueron tiempos de oscuridad, tal y como refleja el arte que podemos contemplar en los monumentos religiosos. La pintura carece de la viveza del color. Todo es sufrimiento en época de conquista y sangre en los que se tomó una nación a base de engaños, guerras y alianzas.

Pizarro fue decapitado para poder enseñar a sus leales que había fallecido. Su cabeza viajó en una especie de caja de plata y sus restos en un ataúd por todo el Perú. Durante mucho tiempo no se supo dónde estaban sus cenizas; se hablaba de que se encontraban en los sótanos de la catedral de Cuzco, pero finalmente desde hace poco tiempo descansan en  una sala de la catedral limeña.

Al menos la caja que contenía su cabeza se encuentra allí, junto a la última morada del conquistador, que se encuentra bajo un altar de mármol sobre el que reposa una escultura de un león dormido que vigila su descanso eterno. 

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