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El Tempranillo

Martes 20 de Marzo, 2012
Desafió al rey Fernando VII. Y defendió a los suyos. Es por ello que este hombre que quizá hubiera pasado a la historia como villano es recocido hoy como un héroe. Con sus armas, con su singular aspecto, hizo de Sierra Morena su guarida y su propio reinado. Casi dos siglos después de que este bandolero recorriera caminos y sendas, recordamos la historia de este personaje singular…

Por: Jesús Ávila Granados
Conocido como El Tempranillo, José María Hinojosa Cobacho, a pesar de su corta existencia (28 años), protagonizó una de las gestas más valientes y sobrecogedoras de nuestra historia contemporánea. Numerosas poblaciones de Andalucía lo recuerdan con la mayor admiración. Evocar ahora al más legendario de los bandoleros andaluces, y también de toda la historia de España, supone un reconocimiento a la figura de este hombre que, llamado El Rey de Sierra Morena, no le tembló el pulso al desafiar al monarca Fernando VII desde sus guaridas en las accidentadas estribaciones de Despeñaperros.

La quebrada geografía andaluza favoreció la concentración de los bandoleros, que supieron elegir los lugares más abruptos e inaccesibles para ocultarse: la Sierra Morena, la Serranía de Ronda y la Alpujarra, fueron, sin duda, sus refugios preferidos. Sierra Morena y su impresionante estribación oriental (Despeñaperros), se convirtió en mucho tiempo en seguro perdedero de estas personas perseguidas por la ley. Muralla natural de enormes dimensiones –400 kilómetros de longitud por 80 de espesor–, es una cordillera salvaje, pasto de toros bravíos, de ganados trashumantes que bajaban a la invernada, peinada de olivos y cubierta de fresnos, encinas, robles y enebros que brotan entre las gargantas. Sierra Morena, no cabe la menor duda, reunía las condiciones adecuadas para el acecho, el asalto y la posterior huida, así como la ocultación inmediata en sus numerosas grietas y cuevas naturales.

La historia de Andalucía está llena de momentos y episodios sobrecogedores, que han logrado perpetuarse, tanto en el tiempo como en el espacio, gracias a la tradición popular y gracias también a los relatos de los viajeros extranjeros. Este es el caso de los hechos concernientes al más valiente y legendario de los bandoleros españoles. Estamos hablando de José María Hinojosa Cobacho, apodado el Tempranillo.

José Pelagio Hinojosa Cobacho, que era como realmente se llamaba, nació el 21 de junio del año 1805 en la localidad cordobesa de Jauja, pedanía de Lucena; el bautizo tuvo lugar tres días después en la parroquia de San José, según confirma la partida de bautismo: “En la población de Jauja, término de la ciudad de Lucena, el día 24 de junio del año 1805, Yo, don Francisco José Párraga, cura único de esta iglesia parroquial del señor San José, en ella bauticé solemnemente a José Pelagio, que nació el día 21 del expresado mes y año, hijo legítimo de Juan Hinojosa, de edad de veinticinco años, oficio jornalero, y de María Cobacho, de edad veinte años. Abuelos maternos, Francisco e Inés Cobacho, todos naturales y vecinos de esta población. Madrina, Isabel de la Cruz, a quien advertí el parentesco espiritual y las obligaciones que contrajo; testigos, Gregorio y Francisco Marque, sirvientes de esta parroquia, de que doy fe y firmé. – Párraga y Mármol”.

El segundo nombre, Pelagio, jamás fue usado por nuestro protagonista, que prefirió sustituirlo por el de María. José María era un nombre muy frecuente en la Andalucía de comienzos del siglo XIX.

Bandolero en ciernes
De la niñez de José María poco sabemos y, además, no reviste el menor interés, porque estuvo dedicado a las faenas del campo, sin recibir la más mínima instrucción; nos encontramos, por lo tanto, ante un analfabeto. Sin embargo, su legendaria vida posterior –como supo muy bien describir su biógrafo el novelista Manuel Fernández González, autor de cinco nutridos tomos de las hazañas de El Tempranillo–, fue un cúmulo de sorprendentes y admirables aventuras.

Tras una dura y difícil infancia, a la edad de dieciocho años decide aventurarse en el monte, y abandonar la vocación sacerdotal que, de muy pequeño, Julián Moscoso, clérigo de la parroquia de San Nicolás, convertido en su protector desde hacía siete años, le había ido inculcando. Nuestro personaje inicia su periplo al margen de la ley al vengar la muerte de su padre, apodado el Gamo, asesinado a tiros por el mayorazgo del más rico hacendado de Montilla, pero se hace más famoso poco después, cuando, en defensa propia, da muerte al Chuchillo, el gitano enamorado de su amada, María de la Fuensanta.

La violenta muerte del mayorazgo a manos del Tempranillo despierta la ira de las autoridades y, desde el gobierno central, se insta al corregidor de Montilla a que atrape, vivo o muerto, al bandolero. Entero de ello un tal Celestino, escribano de la localidad, pensó que apresar a la madre del bandolero sería la manera más fácil de capturarlo. El Tempranillo, que tenía informadores en todas partes, al conocer la noticia del encarcelamiento de su madre, decide de una vez capturar a Clara, la hija del corregidor, trepando por el balcón de su dormitorio, y luego establecer un canje de prisioneras. El escribano, enterado de ello, envía una partida de diez hábiles escopeteros, que se lanzan a la sierra para dar captura, o muerte, al bandolero. El Tempranillo, que vio el desarrollo de aquella partida, esperó el momento oportuno para disparar sobre el escribano con el trabuco tan pronto como lo tuvo a tiro. Fue cuando el corregidor, al ver que no era posible vencer en su terreno al bandolero, optó por el diálogo, llevándose a cabo finalmente el intercambio de prisioneras. Ya tenía nuestro bandolero otra muerte sobre sus espaldas, y su fama se extendía por momentos. En su periplo por la sierra, decide refugiarse en Torre Alhaquime, aldea de la Serranía de Ronda, donde entabla amistad con Francisco, joven contrabandista de Almonaster la Real, enamorándose de la hermana de éste, María Jerónima Francés, con la que se unió sentimentalmente. Pero el Tempranillo añoraba su Sierra Morena, y, con su compañera, se despide de Francisco.

En aquellos primeros años, José María, además de bandolero en la sierra, se dedicó al contrabando, y pasó dos años en la banda de los Siete Niños de Écija, quienes se ganaban la vida robando indiscriminadamente a quienes se les ponía delante. Fue entonces, por lo pronto que tuvo que huir de la justicia, cuando le apodaron el Tempranillo. En esta banda se encontraba José Ulloa, el Tragabuches, que se hizo bandolero después de haber matado a su mujer y al amante de ésta. Con los Siete Niños de Écija, el Tempranillo permaneció dos años, durante los cuales nuestro protagonista aprendió bastante. José María era muy inteligente y astuto, y, con dieciocho años, se consideró capaz de crear su propia banda. Se especializó en asaltos a carruajes y diligencias, sobre todo de la Hacienda del Reino, lo que llenó de nervios al monarca Fernando VII, quien no dudó en lanzar sobre el bandolero grandes batallones de soldados especializados contra el bandidaje, llamados migueletes.
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