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Piratas del Pacífico

Martes 21 de Agosto, 2012
Si unimos las palabras imperio español y piratas casi instantáneamente nos situamos en las cálidas aguas del Caribe. En cambio, hubo una zona geográfica del incipiente Imperio de la monarquía hispánica donde los piratas fueron los primeros en hacer sus incursiones y fechorías. Nos estamos refiriendo a las islas Filipinas y por extensión a la zona del Océano Pacífico circunnavegada por las rutas oceánicas de los galeones españoles. Los chinos y japoneses fueron quienes estrenaron el oficio de piratas contra nosotros.

Por: Carlos A. Font Gavira
El gobernador de Filipinas, Gonzalo de Ronquillo, describió a los japoneses, en un informe al Rey, de esta manera: “Los japoneses es la gente más belicosa que hay por acá. Traen artillería y mucha arcabucería y piquería. Usan armas defensivas para el cuerpo. Lo cual todo lo tienen por industria de portugueses, que se lo han mostrado para daño de sus ánimas”. En las casi virginales islas Filipinas, recién descubiertas, se hallaban enfrente de poderosos vecinos asiáticos que pronto demostrarían sus derechos de vecindad a la flamante colonización española en el Pacífico.

Las más de 7.000 islas del archipiélago filipino forman un conjunto desparramado de exuberantes selvas tropicales que encierran la más profusa de las biodiversidades. En esta especie de edén perdido habitaban los nativos pre-hispánicos hasta que unos extraños barbudos que navegaban en enormes plataformas de madera hicieron su aparición en 1521. Fernando Magallanes y su tripulación hicieron escala en las islas para reabastecerse de provisiones y especias, el verdadero objeto de la expedición. El navegante portugués pagaría con su vida este descubrimiento al morir en Mactán en una reyerta entre aborígenes. Habría que esperar la llegada en 1565 de Miguel López de Legazpi para conocer el primer intento colonizador consistente de los españoles en Filipinas. Los primeros colonizadores hispanos ocuparon poco a poco las atractivas planicies litorales de las dos principales islas: Cebú y Luzón. Construyeron sólidas fortalezas y murallas en puntos estratégicos como el fuerte de Santiago, en Manila. Al poco de llegar Legazpi a Cebú ya pudo informar al rey Felipe II de la presencia de chinos y japoneses en el archipiélago.

La acción de los corsarios –o piratas– japoneses se repitió en los años sucesivos sobre las costas de Luzón y afectaba a las naves de los comerciantes, hasta el punto de que el gobernador Santiago de Vera temió que peligrase el comercio con los chinos, que andaban temerosos y no se atrevían a volver a su tierra. Las expediciones corsarias japonesas podían ser conocidas en Manila –preparativos de naves o de gente– por avisos de portugueses, jesuitas y otros predicadores, cuando los mendicantes pasaran a Japón, así como de comerciantes locales; pues el recelo hacia los japoneses era grande en Manila.

En 1582, se habla claramente del pirata Tayfuzu (Tay Fusa) que se aprestaba para ir a Cagayan con diez navíos. El gobernador Gonzalo Ronquillo de Peñalosa envió a Juan Pablo Carrión a Cagayan para tomar control del norte de Luzón y esperarlos, para lo cual tuvo que luchar primero contra algunos barcos chinos y luego contra uno japonés, que, con la intención de obtener oro, había establecido una base a la entrada del río Cagayan, con una pequeña fortificación. Carrión se adentró por el río Cagayan y fue asaltado por 18 sampanes de japoneses. Se defendió y dio muerte al general de la armada, a un hijo suyo y a 200 japoneses. Carrión asentó allí cerca a sus leales, y pidió a los japoneses que dejaran el lugar. Estos aceptaron a condición de que fueran compensados con gran cantidad de oro. Carrión no sólo dio una respuesta negativa, sino que los japoneses pensaron que Carrión iba a actuar para confiscar el que ya tenían. Los más de 600 japoneses allí presentes iniciaron una rebelión en la que fueron derrotados, acabando así los años del puerto japonés de Cagayan. Lo que más asombró e inquietó a los hispanos fue la fiereza y belicosidad de los japoneses, así como el buen armamento que traían: artillería, arcabucería, piquería y armas defensivas para el cuerpo; se reseñó que eran gente de coraje y valor, y se comenzó a insistir en la necesidad de refuerzos de hombres y armas para las islas Filipinas.

La actividad japonesa en esta área del norte de Luzón prácticamente desapareció con el transcurrir del tiempo y los japoneses de Cagayan trasladaron sus actividades a otro puerto en el que también tenían actividad, situado en la bahía de Lingayen. En cualquier caso la actividad de los piratas japoneses no desapareció de inmediato. En el memorial de la Junta de Manila de 1586 proponiendo remedios al Consejo de Indias para las Islas, se señalaba la necesidad de fortificar las costas para garantizar el comercio con China amenazado por piratas japoneses.

No fueron los japoneses el único pueblo oriental que puso en aprietos la incipiente y precaria colonización hispana de las Filipinas. Detrás de la Gran Muralla se hallaba el soberbio y poderoso Imperio de los Ming en China, y de sus costas partían los más temibles piratas y corsarios. Hubo un pirata chino, el más célebre que se recuerda, llamado Limahon (o Li Ma Hong) que dejó un amargo recuerdo entre los españoles por su ferocidad y la magnitud de su ataque a Manila en 1574. De haber triunfado las huestes de este pirata, tal vez el dominio español de las Islas Filipinas hubiera sido sólo una anécdota, el fin de algo que apenas había comenzado. Manila, ciudad fundada por Legazpi en 1571, iniciaba el primero de los episodios bélicos en que se ha visto envuelta la capital filipina y, por desgracia, no el último (el peor fue el ocurrido durante la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial).
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Comentarios

Quisiera contar con la bibliografía de este artículo, pues estoy defendiendo su veracidad internacionalmente y se le acusa de ser una invención sin fuentes fiables. Muchas gracias.

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