Se encuentra usted aquí

CARLOS III

Martes 27 de Enero, 2009
¿Cuál ha sido el legado de Carlos III para la España del siglo XXI?, ¿qué aportó su figura la España moderna?, ¿qué peso tuvieron los reformistas ilustrados, que rodeaban al monarca en las decisiones políticas?, ¿ha quedado su obra en el olvido, o bien ocupa el legítimo espacio que le ha deparado la historia? Todas estas preguntas encarnan la clave para dar repuesta a la cuestión de nuestra crónica: ubicar la obra de Carlos III en su justo lugar. Por: Carlos Pastor.

Libros Recomendados :
ANÉCDOTAS DE LA HISTORIA
LAS CLOACAS DE LA HISTORIA

¡ Visita nuestra Tienda !
Nace en Madrid un 20 de enero de 1716 y expira en San Lorenzo del Escorial el 14 diciembre de 1788. Tercer hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, le tocó dirigir el destino de las Españas en el periodo del despotismo ilustrado que comprendió su reinado, desde 1759 hasta 1788. En 1731, con quince años, parte de Sevilla con una escuadra que le conduciría rumbo a Nápoles para recibir los derechos sucesorios maternos sobre Milán y Sicilia. Aquel viaje de ida tendría su vuelta, veintiocho años después en el tiempo; la muerte del rey hispano, Fernando VI, dejaba el trono vacante, sin más sucesores que el propio Carlos, y ese acontecimiento le haría regresar a la tierra que le vio nacer. En 1759, Carlos III abandona el reino de las Dos Sicilias, que ostentaba desde 1734, para partir hacia Madrid. El bagaje político adquirido en Italia prepararía al joven soberano para el cometido que el destino le otorgaba: gobernar España. Su llegada marcó el inicio de un periodo ilustrado lleno de reformas, incertidumbres, resistencias, innovaciones, y properidad económica, ésta última heredada, de sus antecesores borbónicos, pero que alcanzaría en su reinado la expansión definitiva a las puertas del siglo XIX; gestándose así la estructura económica que haría posible la revolución industrial, en el siguiente siglo.
“Primero Carlos que rey”, ésta era la frase favorita que solía pronunciar y que mejor refleja sus rasgos personales, tal como atestiguan los documentos que su biógrafo y servidor personal, Fernán Núñez, refleja en la descripción del monarca.
En términos comparativos, Carlos III sobresale por encima del autoritarismo de Felipe V y de la insignificancia de su hermanastro Fernando VI, con unas cualidades humanas y políticas que los distinguirían de sus antecesores singularizando su figura en la estela borbónica.
De estatura mediana y con una imagen poco agraciada, debido a la viruela, sobresalió más por sus dotes personales que por su semblante físico. Sus allegados le muestran como un como hombre bondadoso, tranquilo, reservado, con muy hondo sentido de la dignidad y la moral. Sentía fervor por la caza, no así con la ópera, que la aburría. Era austero en su vestir, y de trato afable con sus sirvientes. Sólo había una excepción que lo trocaba irascible: la mentira y la humillación exteriorizadAs hacia su persona.
El período que encumbra su reinado es el de la Ilustración. Con la nueva dinastía de los Borbones instaurada por Felipe V, tras la Guerra de sucesión, España heredaba de Francia una organización político-administrativa centralizada: hacienda, ejército y corona eran la expresión de esa voluntad centralista severamente impuesta. El país vivía bajo una andadura híbrida: entre un despotismo absoluto, como modelo de estado altamente centralizado en la figura del monarca y un reformismo imbuido por la razón y las nuevas corrientes ilustradas europeas. Desde el principio, Carlos III supo rodearse de sagaces e influyentes ministros y pensadores ilustrados partidarios de la secularización y transformación del pais. Figuras tan dispares en su origen social como: el conde de Aranda, Campomames, Floridablanca, Jovellanos o el Padre Feijoo despreciaban la sólida estructura de unos poderes fácticos que se resistían al cambio que traía la brisa ilustrada. La amplia aristocracia de 800.000 nobles y el peso de un cuerpo eclesiástico compuesto por 200.0000 sacerdotes eran la expresión de ese férreo poderío privilegiado desafiante a las iniciativas modernizadoras.
Ilustrados y el propio rey reprobaban el cúmulo de riqueza y abuso que aristócratas y monjes ejercían sobre el pueblo, pero no reclamaron la supresión de las clases privilegiadas; la política real se centró en la lucha contra las diferencias económicas, que reducían a la indigencia a buena parte de la población, y que alejaban a su demografía sus vecinos europeos.
Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario