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3 grandes batallas de la historia de España

Martes, 5 Marzo, 2019 - 15:14
En mayo de 1635, un heraldo de Luis XIII, pomposamente vestido y emplumado, cruzó la frontera del Flandes español y declaró formalmente la guerra a España. Ahora la península Ibérica conocería por fin los rigores de la guerra, que llevaban asolando al resto de Europa desde hacía décadas.
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La batalla de Leucate

Los españoles de Serbelloni sumaban 13.300 soldados (1.300 jinetes) con 41 cañones. Levantaron dos fortificaciones en la lengua de tierra para bloquear Leucate y defenderse de cualquier ataque desde el exterior.

El Fuerte Cervellón, junto al brazo de mar, a su izquierda, y otro a su derecha, mirando a una laguna y al Mediterráneo. Entre ambos fuertes, haciendo un semicírculo, construyeron en la cima de una colina una línea de trincheras mirando al oeste, protegidas por varios cuadros de piqueros y arcabuceros, quedando detrás de la izquierda el campamento.

El 11 de septiembre, cuando las fuerzas españolas todavía estaban preparando sus líneas, llegó el ejército francés de socorro. Este se formó rápidamente gracias a seis regimientos regulares de d’Harcourt, que acababan de retomar las islas Lerins, a los que se unieron las levas de otros seis regimientos milicianos del Languedoc, otros cuatro regimientos de refuerzo y una veintena de compañías de jinetes.

Por falta de artillería fueron desembarcados los cañones de la flota de Sourdis. Todos ellos bajo d´Halluin, pasaron a sumar unos 17.000 o 24.000 hombres. Este, viendo la posición española muy fuerte ordenó un asalto nocturno por cinco puntos. El principal, lanzado contra el fuerte Cervellón, que estaba protegido por el Tercio del Conde-Duque, fue rechazado, pero los otros consiguieron romper las trincheras y penetrar en el campamento español a retaguardia.

El éxito fue debido a que los tercios estaban formados por novatos que huyeron a los primeros disparos. Lo peor pasó en el Tercio de Oropesa, cuando la tropa dejó solos a los oficiales, que fueron todos muertos por los franceses. Dentro del campamento, la caballería española intentó contraatacar, pero por falta de espacio no pudo hacerlo correctamente y fue rechazada por los coraceros franceses que llegaron de refuerzo.

Sin embargo, con todo el frente hispano derrumbándose, sorprendentemente el Tercio del Conde-Duque, bajo el brillante Marqués de Mortara, a pesar de ser también de reclutas pero que incluía como simples soldados a gran parte de la nobleza hispana, aguantó el solo todo el frente, al amparo de los cañones del fuerte Cervellón.

Los franceses abandonaron el campamento hispano y se replegaron a las trincheras que ya habían tomado, debido a que la luna se ocultó y una tormenta levantó la arena de las playas, para volver a intentarlo al amanecer. Entonces contemplaron con estupor que los españoles habían abandonado de noche todas sus posiciones huyendo de la península en barcas o a nado, dejando atrás sus bagajes y toda la artillería./Javier García de Gabiola