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12 / 10 / 1492

Viernes 11 de Octubre, 2019
Si solo pudiéramos escoger una fecha como resumen de la historia de España, de su realidad y sus posibilidades, esa sería, sin duda, el descubrimiento de América, que tuvo lugar el 12 de octubre de 1492.

Por: Alberto de Frutos
 Cristóbal Colón (1451-1506)

El nombre del protagonista de esta hazaña es sobradamente conocido: Cristóbal Colón (1451-1506). Ríos de tinta han corrido sobre el origen del Almirante, fruto de una ambigüedad fomentada en parte por él mismo, por sus hermanos e incluso por su hijo menor, Hernando, que escribió: “Algunos, que quieren oscurecer su fama, dicen que fue de Nervi, otros, que de Cugureo, y otros de Buyasco, que son todos lugares pequeños cerca de la ciudad de Génova y en su misma ribera; otros dicen que de Seona y otros que genovés y aun los que más le suben a la cumbre, le hacen de Plasencia”.

Dejando a un lado las disputas sobre su lugar de nacimiento –hay teorías para todos los gustos: genovés, portugués, gallego (según García de la Riega, habría nacido en Pontevedra, donde residía una colonia de genoveses), mallorquín, castellano, catalán, corso, etc.–, el personaje tiene una dimensión profundamente española, puesto que su mayor logro lo realizó en sus años de madurez al servicio de Castilla. Como dijo el siempre polémico Ignacio B. Anzoátegui, “la geografía es un mero accidente nacional que no determina por sí sólo una nacionalidad”. La teoría genovesa, no obstante, tiene más visos de veracidad que otras, e incluso Colón lo declaró así: “… que en siendo yo de Génova, pues que de ella salí y en ella nací…”.

Parece que Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo en italiano) era hijo de Domenico Colombo, maestro tejedor, y Susana Fonterrosa; que tuvo cuatro hermanos, dos de los cuales, Diego y Bartolomé, lo acompañarían primero a Lisboa y luego en la gesta del Descubrimiento; que pasó la infancia en su tierra natal, sea cual fuere; y que se trasladó durante su adolescencia a Lisboa. Allí se sabe que se casó con Felipa Moniz de Perestrello, dama bien relacionada tanto con la corte portuguesa como con los protagonistas de las empresas descubridoras lusas. De este matrimonio nació su hijo Diego en la isla de Madeira. Por mediación de su mujer, entró Cristóbal en contacto con el rey Juan II de Portugal, a quien presentó un proyecto de lo más innovador: alcanzar el Oriente navegando hacia Occidente por el océano Atlántico. El carácter extremadamente críptico de Colón hizo que no manifestara claramente en qué consistía o cómo pensaba llevar a cabo su proyecto, por lo que el rey lo rechazó por inviable. Ante esta negativa, Colón se dirigió en 1487 al reino vecino, donde gobernaban los Reyes Católicos. Instalado en Córdoba, conoció a Beatriz Enríquez de Harana, que habría de ser su amante y con quien tuvo a su hijo Hernando, nacido en agosto de 1488. Isabel y Fernando, que en aquel entonces estaban inmersos en la culminación de la Reconquista, aparcaron el plan, si bien el proyecto nunca se abandonó definitivamente; ya que Isabel entendía, con buen criterio, que su éxito ayudaría a la expansión de Castilla y reportaría unos pingües beneficios a la Corona.

A principios de 1492, conseguido el objetivo de la reunificación religiosa con la conquista de Granada, que puso fin a ocho siglos de presencia musulmana en España, y expulsados los judíos en el mes de marzo, los monarcas retomaron el proyecto que les había presentado el “visionario” Colón. Finalmente, en abril de ese año se firmaron las capitulaciones de Santa Fe, por las que Cristóbal recibía la autorización de los reyes para emprender la aventura. Harto de dilaciones, Colón había llegado a amenazar con presentar el proyecto al rey de Francia, con lo que la historia de España, ¡y la de Francia, por supuesto!, habrían sido muy diferentes. En cualquier caso, mediante estas capitulaciones el marino obtuvo los títulos de virrey y almirante y el diez por ciento de los beneficios que cosechara en las tierras conquistadas.

Con respecto a la financiación de la empresa, el presupuesto era de unos dos millones de maravedíes, si bien la cantidad exacta no se conoce cabalmente. No fue costeada solamente por la Corona, sino también por la villa de Palos y por el propio descubridor, tan seguro estaba de su sueño. La parte de los reyes ascendía a 1.140.000 maravedíes, cantidad que fue adelantada a los reyes por Luis de Santángel, funcionario de la corte y protector del navegante. Por su parte, la villa de Palos contribuyó con aproximadamente 400.000 maravedíes. Sobre el porcentaje del descubridor, y según las capitulaciones de Santa Fe, éste se comprometía a aportar una octava parte del total, es decir, entre un cuarto y medio millón de maravedíes. Esta cantidad tan elevada hace pensar que Colón contaba con el aval de un prestamista, tal vez el florentino Juanoto Berardi. Una familia de armadores onubenses, los Pinzón, contribuyeron en gran medida a organizar la expedición.

El 3 de agosto de 1492, Colón zarpó de Palos de la Frontera (Huelva) con las carabelas Pinta, Niña y la nao Santa María, esta última comandada por él mismo y propiedad del cántabro Juan de la Cosa. La Pinta estaba al mando de Martín Alonso Pinzón y su hermano Francisco Martín, su maestre, y pertenecía al paleño Cristóbal Quintero. Por último, La Niña (llamada así porque su propietario era Juan Niño, aunque su nombre era Santa Clara) estaba comandada por Yáñez Pinzón.

El número de marineros que acompañaron a Colón también se presta a confusión; no obstante, la cifra de cien quizá sea la más aproximada. Más de un tercio de los tripulantes eran naturales de Palos de la Frontera, donde un monumento en la plaza de la iglesia de San Jorge Mártir recuerda sus nombres. Si analizamos la lista, nos encontramos con personajes de la más variada laya: había carpinteros, intérpretes, despenseros, calafateadores… y hasta reos de muerte. En efecto, cuatro criminales se incorporaron a la empresa colombina. La Real Provisión del 30 de abril de 1492 preveía la suspensión de las causas que pesaran contra ellos hasta su regreso y dos meses después, una bonita tregua para la espada de Damocles que pendía sobre sus cabezas.

La fecha en que zarparon ha dado lugar a teorías de lo más peregrinas: por ejemplo, hay quien atribuye a Colón un origen judío por partir precisamente el 3 de agosto, ya que ese día finalizaba el plazo que se otorgó a los judíos para convertirse antes de ser expulsados definitivamente.

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