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Templarios en la ruta Jacobea

Jueves 17 de Octubre, 2019
El Camino de Santiago despierta hoy una fascinación que en ocasiones resulta difícil separar de sugerentes misterios medievales. Una de las “hipótesis” más repetidas sugiere que los célebres caballeros del Temple custodiaron la ruta de peregrinación por motivos que iban más allá de los puramente ortodoxos. ¿Qué hay de cierto en la supuesta vinculación entre la Orden y el Camino? Por Javier García Blanco.
Templarios en la ruta Jacobea

En los últimos años, y coincidiendo con la revalorización del Camino de Santiago y el aumento de peregrinos que transitan su ruta, se ha experimentado un fenómeno editorial que tiene como protagonista a decenas de títulos de carácter pseudohistórico. En sus páginas, siempre con un tratamiento muy similar, se propone una historia alternativa del Camino que va más allá del fenómeno religioso de las peregrinaciones medievales, y se sugiere la existencia de unas raíces ocultas de corte esotérico para la aparición y el éxito de la ruta a Santiago de Compostela. Dentro de este mismo guión, los caballeros templarios –hoy célebres casi hasta la extenuación– habrían jugado un papel protagonista, mostrando un interés extraordinario por establecerse en puntos clave del Camino, al parecer por razones de índole esotérica vinculadas con construcciones de la ruta.

Esta y otras razones han llevado, con los años, a identificar erróneamente ciertos enclaves de la ruta con posesiones o edificaciones de los famosos milites templi. Como consecuencia, lectores y peregrinos terminan a menudo con una idea desvirtuada de lo que fue la verdadera presencia del Temple en la ruta de peregrinación.

Como veremos a continuación, no es cierto que los templarios mostraran un interés especial por el Camino pues, de hecho, son bien escasos los auténticos lugares que la Orden poseyó a lo largo de la ruta.

EUNATE
Ubicada en el valle de Valdizarbe, entre los pequeños pueblos de Olcoz y Obanos y muy próxima al Camino, esta llamativa construcción ha adquirido en la actualidad una fama considerable. Los mayores “culpables” de tal popularidad son los caballeros del Temple, ya que no pocos autores han atribuido a Eunate un origen templario. Aunque en la actualidad persiste cierta polémica respecto al origen del templo, para la mayoría de los especialistas, la iglesia no guarda relación con los templarios.

Se trata de una iglesia de planta octogonal, siendo éste uno de los detalles que más ha alimentado la hipótesis de la autoría templaria (ver recuadro). Si bien el uso de este tipo de planta centralizada es algo bastante habitual, en el siglo XIX se popularizó la idea de que los templos de planta circular o poligonal —y especialmente los de planta octogonal— son una seña de identidad templaria. La iglesia ha sido datada en la segunda mitad del siglo XII, con probabilidad en torno al 1170. Es un templo básicamente románico, aunque destacan ya algunos elementos góticos que anuncian el nuevo estilo. El cuerpo principal tiene planta octogonal irregular, y está rodeado en el exterior por unas arcadas que dibujan una especie de deambulatorio también octogonal.

En el lado sur, la iglesia cuenta con una pequeña torre, dotada de una escalera helicoidal. Mientras, en los lados noroeste y nordeste encontramos sendas portadas, que dan acceso al templo. La portada nordeste tiene en los capiteles de las columnas que flanquean el acceso al templo dos inquietantes rostros barbudos. Arriba, en las arquivoltas del arco de la portada, encontramos diversas figuras: animales fantásticos, aves, un soldado o caballero sobre una cabeza, una figura femenina acompañada por una serpiente que se enrosca en su cuerpo desnudo y, en el centro, una cabeza monstruosa.

Como avanzábamos, la cuestión de la autoría del templo ha generado una gran polémica en los últimos años. La escasez de documentación en torno a la edificación y a sus constructores ha alimentado la aparición de numerosas hipótesis sobre su origen, sin que en la actualidad se pueda determinar con total seguridad quiénes fueron los auténticos promotores del edificio y cuál era su finalidad.

Para la mayor parte de los estudiosos actuales, la existencia del templo de Santa María de Eunate se debe a una cofradía funeraria establecida en la región, cuya misión consistía en dar sepultura a los peregrinos fallecidos en esa parte del Camino, así como a caballeros y miembros de la propia cofradía. Esa es la hipótesis que sostiene, por ejemplo, el estudioso del románico navarro José María Jimeno Jurío, quien propone la fecha de 1170 como más probable para la edificación de la iglesia, señalando su uso como capilla funeraria. Esa misma opinión comparte Luis María de Lojendio, quien la consideró una de las tres edificaciones navarras destinadas a uso funerario, junto a la de Torres del Río y la del Sancti Spiritu de Roncesvalles. A la opinión de Lojendio se sumaron también otros historiadores, como Jesús Etayo o José María Lacarra, para quienes también estaríamos ante un templo de carácter funerario.

Esta hipótesis está respaldada, según algunos estudiosos, por la existencia de una antigua leyenda. Dicha tradición hace referencia a una misteriosa Señora, una reina que, según una versión, estaría enterrada justo bajo el templo. Otra variante de la leyenda —y que sirve para reforzar la hipótesis de la cofradía— asegura que fue esta Señora de identidad desconocida quien ordenó construir la iglesia de Eunate, pidiendo ser enterrada allí y dando lugar a la aparición de una cofradía funeraria encargada de su cuidado.

De hecho, existen algunos documentos históricos —aunque bastante posteriores a la construcción del edificio— en los que se menciona a la legendaria creadora del templo. Concretamente, un texto que data de 1520 y que se encuentra en el archivo obispal de Pamplona dice lo siguiente: «Entre otras sepulturas ay una muy seynalada e principal en la que fue enterrada la Reina o aquella señora que fizo e mando hedificar la dicha iglesia.»

No es el único documento que parece respaldar la hipótesis funeraria. Se tiene constancia de otro texto, al parecer datado en el 1219, en el que un tal don Brum hace donación de una viña de su propiedad a los cofrades de Onat u Onate (una antigua denominación de Eunate). Finalmente, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1941-42 sacaron a la luz restos humanos enterrados entre las columnas del deambulatorio, así como restos de conchas de peregrinos y fragmentos de un edificio cercano que sería, con probabilidad, la casa de los cofrades.

La hipótesis funeraria —hay que decir también que algunos autores han querido ver un origen sepulcrista, es decir, relacionado con la Orden del Santo Sepulcro— se completa con la proposición de que este templo  cumplía la función de «Linterna de Muertos». Eso explicaría, por ejemplo, la existencia de la torre que se eleva en el lado sur, y que cuenta con una escalera helicoidal. Los defensores de este uso proponen que en lo alto de la torre se colocaba en tiempos una luminaria, en memoria de los fallecidos en el Camino, que al mismo tiempo servía como guía para los peregrinos durante la noche.

En sintonía con los estudiosos que defienden un origen y uso funerarios, otros autores creen que Santa María de Eunate pudo haber sido un enclave sanjuanista. Para apoyar su hipótesis, señalan la existencia en la región de varias posesiones de la Orden de San Juan del Hospital, y la existencia de un documento fechado en 1251 en el que el Gran Maestre de la Orden daba permiso a los cofrades de la localidad de Obanos (muy próxima a Eunate) para que hicieran uso de sus instalaciones en «el Nuestro Hospital del Camino». Para dichos autores, este «Hospital» no sería otro que Eunate. Sin embargo, esta posibilidad ha sido generalmente rechazada, y se cree que este texto del siglo XIII se estaría refiriendo a las instalaciones que los hospitalarios tenían en Puente la Reina.

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