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¿Cómo olían los barcos de guerra españoles del XIX?

Martes 10 de Septiembre, 2019
Más de doscientos hombres hacinados, dos meses sin posibilidad de limpieza, las batallas y las consiguientes heridas y todo esto sumado a las enfermedades... ¿Limpieza?
¿Cómo olían los barcos de guerra españoles del XIX?

Películas de batallas navales en las que vemos que las luchas son a muerte, que los hombres a bordo lo dan todo para luchar contra el enemigo... ¿Pero alguien se ha imaginado cómo podrían oler aquellos navíos?

Imaginemos un barco de la armada española, llena de hombres con ganas de darlo todo por su país, pero con pocas posibilidades de asearse y con casi nada de agua dulce. ¿El olor? Asqueroso, nauseabundo, pestilente. Además, “gracias” a esa falta de aseo y agua aparecían enfermedades de todo tipo, haciendo así que se convirtiera todo en un “pescado que se muerde la cola”. Contando, encima, que también llevaban en su interior víveres, animales para poder alimentarse. Vamos, todo con lo que cualquier inspector del Ministerio de Sanidad podría tener pesadillas.

A tener en cuenta que cualquiera de los barcos que estaba navegando o batallando contra el “inglés”, podría tener unas 700 personas dentro de ellos. Si tenía 74 bocas de fuego, el número de embarcados era multiplicado por diez más o menos.

Cuenta Jesús María Ruiz Vidondo, doctor en historia, en un artículo titulado “La batalla de Trafalgar” en la revista Arbil: En los barcos había gran hacinación. Los barcos eran de 2 y 3 puentes y tenían de 700 a 1000 hombres, era fácil el contagio y difícil  la curación. En los barcos se pasaba rápido del calor al frío, víveres y agua se degradaban, la dieta era poco equilibrada...” Según comenta en el mismo texto, las enfermedades más extendidas en los barcos era la disentería y el escorbuto, que mataba más que la misma guerra en sí.

Seguimos con la ristra de cuestiones que hacía que un “crucero por los mares del Caribe” o “de visita a la Perfida de Albión”, no fuera lo que hoy en día tenemos en mente.

Al principio, los buques de la armada española carecían de baños. Posteriormente se incorporaron letrinas

Después de los consabidos vómitos por toda la cubierta por la mala mar, también deberíamos pensar en los baños, inexistentes al principio, que dejaban la proa para los marineros y la popa para los oficiales. La de los marineros, sin protección, era más peligrosa, pues se podía acabar en el mar, así que con el tiempo, se establecieron tablas agujereadas a modo de váteres para evitar accidentes.

 

Dadas todas las “benevolencias” de estos maravillosos “cruceros” por el mar y viendo que existe esa imposibilidad de limpieza e higiene continua, los médicos navales comenzaron a obligar a todos los navíos a tener unos mínimos de aseo como limpiar de forma concienzuda las cubiertas, dejar las puertas abiertas para que el aire pasee por el barco, uso obligatorio de las letrinas y algunas cosas mínimas para que, por lo menos, el olor no fuera tan fuerte.

Si bien es cierto que el olor en un momento dado “sólo” podría molestar a la nariz, la verdad es que ese problema era el primer indicativo de que alguna enfermedad podría estar a punto de darse en el barco. El olor es indicativo de poca higiene y a las infecciones les encanta estar entre la suciedad, por lo tanto, la mezcla de vómitos, poca limpieza, poco aire entre las cámaras, poca higiene personal y el pis y las heces era la mezcla perfecta para no querer viajar en un “crucero de la armada española”.

Cómo han cambiado las cosas ¿no?

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