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La leyenda de los templarios

Jueves 22 de Octubre, 2015
Junto a la trayectoria oficial del Temple trascurre otra paralela repleta de sucesos sobrenaturales. Narraciones fantásticas unidas a lugares y personajes extraordinarios que, ajenas al paso del tiempo y la verdad histórica, continúan más vivas que nunca en el imaginario popular del siglo XXI. Por: Juan José Sánchez-Oro
Templarios, leyenda, Santiago, Calatrava, Alcántara
 
Decir que los templarios están de moda más que una afirmación es una obviedad. Pudiera parecer que estamos ante un fenómeno reciente, impulsado por novelas tan populares como El Código Da Vinci o películas como Indiana Jones y la última cruzada. Pero lo cierto es que, más bien, sucedió al revés. Esos y otros productos de entretenimiento obtuvieron gran parte de su éxito gracias a ir a la grupa de estos míticos caballeros de hábito blanco y cruz en el pecho. Ellos constituyeron un reclamo fundamental para catapultar a la fama las ficciones que protagonizaron.
 
No importa si la predilección por los templarios deja a otras órdenes militares en la cuneta, aun teniendo éstas más arraigo peninsular, como las de Santiago, Calatrava o Alcántara. Porque para el público, la omnipresencia templaria se acepta como un rasgo propio de nuestro Medievo
 
Muy sintomático resulta también que, hoy día, prácticamente no haya en España una feria medieval que se precie que no incluya a miembros del Temple entre su elenco de personajes disfrazados a la antigua usanza. Y poco importa que la localidad en cuestión mantuviera o no relaciones históricas con dicha orden militar. Tampoco importa si esta predilección deja a otras órdenes militares en la cuneta aún teniendo éstas más arraigo peninsular como las de Santiago, Calatrava o Alcántara. Porque para el público general, la omnipresencia templaria se acepta como un rasgo propio e inseparable de nuestra concepción del Medievo más atractivo y maravilloso. 
 
EL RENACIMIENTO TEMPLARIO
Sin embargo, no siempre fue así. Esta fascinación por el Temple encuentra sus raíces en el siglo XIX y tras superar varias centurias de absoluto mutismo. El final truculento de los freires a principios del siglo XIV dejó sepultada a toda la orden bajo una enorme losa de indiferencia. Ahora bien, las cosas cambiaron con la revolución francesa y la Ilustración. Los pilares básicos del Estado más ancestral se tambalearon y el poder absoluto de la Iglesia y la Monarquía, tal como habían sido concebidos y respetados durante cientos de años, acabaron cuestionados por amplios sectores de la sociedad. Se trataba de personas inconformistas, cultas y adineradas que empezaron a poner en valor ciertas corrientes ideológicas, sucesos y figuras históricas hasta entonces marginales. En especial, buscaron aquellos acontecimientos y personajes que hubieran sufrido la represión eclesiástica o monárquica. Un padecimiento con el que se sentían identificados y empatizaban por estar ellos mismos viviéndolo también en sus propias carnes. Por esta vía, reivindicando a los mártires del pasado, estos inconformistas decimonónicos criticaban el statu quo presente. Y los templarios reunían características ideales para devolverlos a la palestra. La manera fulminante en que los freires fueron perseguidos, interrogados y ajusticiados con el dramático colofón de hacer pasar por la hoguera al gran maestre de la organización, ofrecía unos rasgos perfectos para mostrar a todo el mundo cuán siniestros eran los rostros de la monarquía y del papado.
 
LA RESURRECCIÓN DECIMONÓNICA
De este modo, los templarios, quienes en sus últimos años de existencia medieval y una vez perdida Tierra Santa, adquirieron bastante mala fama en muchos lugares de Europa, fueron recibidos con cariño y comprensión en el siglo XIX al calor de los nuevos vientos políticos y religiosos. Será entonces cuando proliferen los intentos de averiguar su verdadera trayectoria. Compendiar su memoria, su arte, sus archivos.
 
Surgirá así un Temple esotérico, supuesto custodio de toda clase de misterios, saberes superiores y ritos ocultos
 
Y en la persecución de ese legado perdido florecerán las leyendas, el folclore y también las tergiversaciones de todo tipo. A veces, realizadas con altas dosis de fantasía para enaltecer su pasado aun a costa de no ser fieles a la realidad. Surgirá así un Temple esotérico, supuesto custodio de toda clase de misterios, saberes superiores y ritos ocultos. Pero también habrá quienes, defendiendo al poder establecido, vean en la revitalización de la memoria templaria una importante amenaza y tiendan a distorsionar los hechos, atribuyendo a la orden las más negras intenciones y actividades inmorales con las cuales justificar mucho mejor su drástica disolución medieval.
Penetrar dentro de la tradición hispana y popular del Temple supone ingresar en una atmosfera viciada bajo una doble dirección. Cuando la orden fue eliminada allá por siglo XIV, se destruyó su documentación, se pisó su recuerdo y se borraron muchas de sus huellas. Gran parte de los personajes, enclaves y costumbres auténticamente templarias dejaron de serlo en virtud de un pacto general no escrito. Los herederos de las propiedades de la orden a menudo no querían dar ninguna pista de quiénes habían sido los antiguos dueños, no fuera que algún día se rehabilitara a la milicia y hubiera que devolverle los bienes. Por otro lado, a ciertos freires venerados por su piedad, milagros y obras, también, se les omitieron u ocultaron los orígenes templarios por temor a introducir alguna mácula en sus biografías.
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