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La tragedia del Hindenburg y el fin de ciclo de los 'zepelines'

Miércoles 08 de Mayo, 2019
La tragedia del Hindenburg dejó varías teorías para explicar el accidente. La más aceptada fue que una chispa de electricidad estática provocada por un relámpago.
Josep Guijarro

El 6 de mayo de 1937 fue una noche tormentosa en Nueva Jersey (Estados Unidos). A las 19:25, el capitán Max Pruss, se dispuso a realizar la maniobra de atraque del Hindenburg, el gigantesco dirigible de 245 metros de largo por 41 de diámetro y una capacidad de 200.000 metros cúbicos de gas estaba a punto de terminar su diecisieteava travesía al Atlántico. Hacía poco que había batido su record, al sobrevolar el “charco” dos veces en cinco días gracias al impulso de sus cuatro motores diésel Daimler-Benz, que le ofrecían una velocidad de crucero de 135 km/hora. Pero aquella noche todo era distinto… la lluvia,  los rayos, la electricidad estática eran peligros que exigían máxima concentración, tanto del capitán como de los 248 obreros que desde tierra se preparaban para el amarre del dirigible.

De repente sucedió. Una chispa surgió de la popa del Hindenburg y en menos que canta un gallo, el fuego se propagó de tal forma que, en solo cuarenta segundos, el dirigible  imagen de grandeza y poderío de Hitler cayó a tierra convertido en una enorme bola de fuego.

Murieron 13 pasajeros y 22 tripulantes de las 97 personas que viajaban a bordo, pocas para un desastre de tal magnitud.

¿Accidente? ¿Sabotaje? Se dijo de todo. Puedes hallar algunas respuestas y más interrogantes en Friedrichshafen, una localidad situada a 45 minutos del Lago Constanza, en Alemania, donde nació Ferdinand von Zeppelin.

La historia de este hombre comienza después de retirarse del servicio activo del ejército Prusiano. En 1895 patentó el Lenkbarer Luftzug que fue el tren aéreo y, poco después, en 1899, la primera aeronave. En algo más de 4.000m2 de museo, que incluye varias secciones a tamaño real del célebre Hindemburg, podemos conocer detalles sorprendentes de estos gigantescos globos. El viaje a Nueva York, por ejemplo,  duraba tres días y suponía toda una gesta para la época. Estos memorables dirigibles dejarían de usarse como transporte de viajeros pero continuarían en activo durante la Segunda Guerra Mundial como medio de observación silenciosa y bombardeo selectivo. Su fragilidad, sin embargo, supuso su desaparición.

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