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Terremoto en Andalucía

Jueves 10 de Marzo, 2016
El "big one" español llegó el día de Navidad de 1884 y tuvo lugar en las provincias de Granada y Málaga. Por su virulencia y daños catastróficos causados se considera como el mayor terremoto español de todos los tiempos. A las 21.08 del día 25 de diciembre de 1884 se produjo una violenta sacudida de una magnitud de grado 6,5 en la escala de Richter, con epicentro entre las localidades de Arenas del Rey, Alhama y Zafarraya, que alcanzó una intensidad de grado IX-X de la escala de Mercalli en la localidad de Arenas del Rey. Por: José María Rodríguez Montoya
Terremoto, Andalucía, 1884
Se contabilizaron 745 fallecidos y 1.485 heridos. Los daños en las construcciones alcanzaron casi 4.399 edificios totalmente destruidos y más de 6.316 en ruinas. La mayoría las construcciones afectadas eran edificios realizados sin cimentación y con materiales de construcción de escasa calidad, con forjados pesados y sin trabazón fuerte, que no ofrecieron ninguna resistencia al movimiento horizontal y se derrumbaron como un castillo de naipes.
Además, otras circunstancias favorecieron una mayor mortandad, como por ejemplo, la organización urbanística típica de las poblaciones de la zona en calles estrechas y sinuosas ocasionó que con los derrumbes, las vías públicas quedaran ocupadas por los escombros e inutilizadas como refugio al aire libre, por el estorbo que los escombros suponían para escapar de los edificios en ruinas o derrumbados. Además, ésta imposibilidad de movimiento y la pérdida en el terremoto de los escasos medios y recursos disponibles, prácticamente impidieron el rescate eficaz de los posibles supervivientes enterrados bajo las ruinas.
 
Por si fuera poca la desgracia, en una de esas tristes combinaciones de sucesos que la fatalidad ocasiona, a los pocos días de la tragedia se registró una de las mayores nevadas conocidas en la zona
 
Además, la falta de comunicaciones rápidas y la lenta recopilación de ayudas ocasionó que, en las zonas más afectadas, los primeros socorros comenzaron a recibirse solamente a partir del día 3 de enero y consistieron básicamente en mantas y víveres. Este retraso ocasionó que durante nueve interminables días, los afectados, perdidos todos los materiales y sin ningún sustento inmediato, además de ver esfumarse la posibilidad de rescate de los posibles supervivientes enterrados, debieron sobrevivir a las duras condiciones meteorológicas invernales. 
Además y por si fuera poca la desgracia, en una de esas tristes combinaciones de sucesos que la fatalidad ocasiona, a los pocos días de la tragedia se registró una de las mayores nevadas conocidas en la zona, que lógicamente vino a empeorar las miserables condiciones de los supervivientes y bloqueó los ya precarios caminos y carreteras, dificultando y retrasando aún más la llegada de cualquier ayuda.
Una vez asegurado el suministro básico de víveres, en principio se alojó a los afectados en tiendas de campaña como solución de emergencia, pero las inclemencias invernales hacían esta forma de alojamiento relativamente viable sólo en los lugares situados más al sur y, en todo caso era una solución muy temporal.
El 10 de enero llegó a la zona el Rey Alfonso XII acompañado de los Ministros de Fomento y de la Guerra, quienes impulsaron y agilizaron las tareas de reconstrucción
Muchas familias utilizaron los materiales provenientes de los escombros para levantar chozas en las que alojarse, otras prefirieron correr el riesgo de continuar en las casas afectadas pese al peligro de derrumbamiento por las continuas réplicas del terremoto que se sucedían y agravado por el peso de la nieve acumulada sobre las estructuras en ruinas. Para quienes habían perdido totalmente las casas o la ruina las hacía demasiado peligrosas, se construyeron cabañas temporales de madera.
El 10 de enero llegó a la zona el Rey Alfonso XII acompañado de los Ministros de Fomento y de la Guerra, quienes impulsaron y agilizaron las tareas de reconstrucción. Se realizó el nombramiento de una Comisaría Regia para la gestión de la reconstrucción, y para la gestión de las ayudas y socorros. Se dispuso que las obras nuevas se realizaran con criterios urbanísticos de previsión y con algunas características de sismorresistencia. En total, se dedicaron más de doce millones de pesetas de la época a las tareas de socorro y reconstrucción, provenientes tanto de los presupuestos del Estado como de donaciones recibidas de todas las provincias españolas así como del resto del mundo, a través de las diferentes suscripciones abiertas por diversas instituciones. 
Se permitió la reconstrucción libre de las casas mediante la financiación de entre el 30 y el 75% del daño estimado de forma inversamente proporcional a lo tributado por el inmueble con un límite máximo de 3.000 pesetas y permitiendo la reutilización de materiales de escombro. La ayuda por las casas pérdidas totalmente se valoró en función del catastro del inmueble más un módulo de 20 pesetas el metro cuadrado construido. 
El objeto de evitar la picaresca y garantizar que el dinero se dedicara por los particulares a la reconstrucción, se adelantaba como máximo el 50% de la cantidad asignada, se establecía un plazo límite para la obra, y se ejercía vigilancia administrativa de la calidad constructiva, asegurando así además que no se abandonaran las actividades agrícolas. Para favorecer la construcción sismorresistente no se financió la reconstrucción de las plantas superiores a la planta baja, así como se aplicó la prohibición de reconstrucción de los edificios ubicados en lugares peligrosos.
Dificultades de todo tipo demoraron considerablemente las obras y, para mayor desgracia, en el verano de 1885 la zona se vio afectada por la epidemia de cólera que invadió la mayor parte del país
Para las nuevas construcciones se escogieron los emplazamientos más idóneos realizando las correspondientes expropiaciones y utilizando un planeamiento urbanístico más adecuado a las condiciones sismológicas, con medidas muy similares a las adoptadas en la Vega Baja del Segura en 1829, tales como limitación de alturas, anchuras mínimas de las calles, adecuación de patios, ubicación de los edificios públicos en las plazas, etc. En los lugares en los que fue preciso construir más de 40 casas de nueva planta, las obras se contrataron por la Comisaría Regia, este tipo de contratación se realizó en Arenas del Rey, Albuñuelas, Alhama, Güevéjar, Periana y Zafarraya.
No obstante, dificultades de todo tipo demoraron considerablemente las obras y, para mayor desgracia, en el verano de 1885 la zona se vio afectada por la epidemia de cólera que invadió la mayor parte del país, y que atacó con virulencia a los supervivientes, todavía en alojamientos de circunstancias. Finalmente, las últimas entregas de casas tuvieron lugar en junio de 1887, tres años y medio después del terremoto.
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