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LOS SUCESOS DE CASAS VIEJAS

Martes 19 de Julio, 2011
A principios de enero de 1933, la población de Casas Viejas, una pedanía del municipio gaditano de Medina Sidonia, se iba a convertir en escenario de un ensayo revolucionario de inspiración anarquista que las fuerzas de seguridad de la joven Segunda República española iban a reprimir a sangre y fuego. Por: José Luis Hernández Garvi
Por aquellas fechas se venía produciendo una radicalización del movimiento anarquista con una sucesión de graves incidentes. Así, en Castelblanco, Badajoz, una manifestación de protesta contra el gobernador civil derivó en un auténtico motín que costó la vida a cuatro agentes de la Guardia Civil. El 5 de enero de 1932, en la población riojana de Arnedo, murieron siete manifestantes y más de treinta resultaron heridos cuando las fuerzas del orden disolvieron a tiros una concentración frente al ayuntamiento. En diciembre de ese mismo año, en Castellar de Santiago, Ciudad Real, los jornaleros protestaban por el sistema caciquil que los discriminaba en la recogida de la aceituna. Ante la pasividad de la Guardia Civil, los terratenientes apresaron a los cabecillas de los disturbios que fueron asesinados sin contemplaciones.

En este contexto, la CNT y la FAI hicieron un llamamiento a la agitación social como preparación de una revolución libertaria en España, convocando para el 1 de enero de 1933 una huelga general en todo el país. Coincidiendo con ese día se desencadenó una ola de atentados y graves incidentes que recorrieron toda la geografía española. En La Felguera, Asturias, hicieron explosión varias bombas de gran potencia, mientras que en Sevilla y Lérida se produjeron saqueos e incendios de iglesias. En Pedro Muñoz, Ávila, los sindicalistas de la CNT tomaron el ayuntamiento y proclaman el comunismo libertario en la población. En los siguientes días se suceden las huelgas en Gijón y Valencia, mientras en Asturias se producen nuevos atentados con bombas.

El día 8, elementos anarcosindicalistas lanzan un ataque coordinado contra los cuarteles de Carabanchel, de la Montaña y María Cristina en Madrid, siendo repelidos tras enfrentarse con las fuerzas del orden. Al mismo tiempo, en la Jefatura de Policía de la capital estallan tres artefactos de gran potencia. En Barcelona, durante los enfrentamientos armados en los alrededores del cuartel de Atarazanas fallece un guardia de asalto y se producen varios heridos. Castellón, Zaragoza, Oviedo y Murcia, son otras de las grandes capitales que se ven sacudidas por la violencia prerrevolucionaria. En Bugarra, Valencia, los anarquistas se hacen con el control de la población tras un intenso combate con las fuerzas del orden que deja un saldo de cinco muertos y numerosos heridos. Mientras tanto, la agitación continúa extendiéndose por todo el país, teniendo como escenario gran parte de Andalucía.

Por aquel entonces, la población de Casas Viejas era un núcleo rural empobrecido, con una extensión agrícola poco explotada y en manos latifundistas. Sus casi tres mil habitantes, en su mayoría peones agrícolas, estaban condenados al hambre y a la pobreza extrema. El proyecto de reforma agraria que pocos meses antes se había debatido en las Cortes, y el hecho de que uno de los más grandes latifundios situado en los alrededores de la población hubiera sido señalado como objetivo de dicha reforma, habían hecho concebir la esperanza de que estaba próximo el prometido reparto de tierras. Sin embargo, el retraso en la adopción de la medida, unido al hambre y a la desesperación, provocaron que la mayoría de sus habitantes apoyase la revuelta anarquista. La CNT era el sindicato mayoritario en Casas Viejas y sus afiliados se habían estado preparando para apoyar el levantamiento revolucionario que se iba a producir en el resto del país. Sin embargo, cuando al anochecer del 10 de enero de 1933 el Gobierno de la República proclamó el fracaso de la intentona, los anarquistas de Casas Viejas, ignorantes de la situación, continuaron adelante con sus planes.

Al amanecer del día 11 cortaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas al mismo tiempo que cavaban zanjas en la carretera de acceso a la población para dejarla completamente aislada. Después, los anarquistas asaltaron el ayuntamiento, destituyendo a Juan Bascuñana, alcalde pedáneo del Partido Radical, proclamando el comunismo libertario y la abolición de la propiedad privada. Armados con escopetas y fusiles requisados, se dirigieron posteriormente hacia el cuartel de la Guardia Civil, obligando al edil depuesto a que les acompañara para que mediase en la rendición de los agentes. Los intentos de negociación fracasaron y se produjo un tiroteo en el que fueron heridos de muerte el sargento al mando del puesto y uno de los guardias. Sin embargo, los asaltantes no consiguieron tomar el cuartel.

Alertados por los graves sucesos las autoridades de la provincia ordenaron el envío de refuerzos para restablecer el orden. A primera hora de la tarde el sargento Anarte al mando de doce guardias de asalto llega a Casas Viejas. Sus hombres se despliegan rápidamente por todo el pueblo y disparan indiscriminadamente contra vecinos desarmados, matando a un hombre que se había asomado a la ventana para ver lo que ocurría e hiriendo gravemente a otros dos. Ante el cambio de la situación, los menos convencidos deciden deponer las armas mientras que los líderes más destacados huyen del pueblo.

A las cinco de la tarde llegó un segundo contingente de fuerzas del orden formado por otros doce guardias de asalto y cuatro guardias civiles al mando del teniente Fernández Artal. A su llegada, el oficial asume el mando y ordena registros en las casas de los supuestos cabecillas de la revuelta. Los agentes detienen entonces a Manuel Quijada, identificado como uno de los anarquistas que han participado en el asalto frustrado al cuartelillo de la Guardia Civil, junto a Encarnación Barberán, su mujer, a los que golpean salvajemente dejándolos malheridos. Mientras se producen estos hechos, en la parte alta de la población la familia de Curro Cruz, conocido como Seisdedos”, se atrinchera en su modesta vivienda dispuesto a resistir. En ella se habían refugiado dos de sus hijos, Perico y Paco, destacados miembros de la CNT en Casas Viejas, su nuera Josefa Franco con sus dos hijos, los niños Francisco y Manuel, su yerno Jerónimo Silva, su nieta María Silva, y Manuela Lago, una amiga de ésta última.
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