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El rey del Camerún y Alfonso XIII

Jueves 12 de Diciembre, 2019
Hace cien años se firmó el Tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Aunque los principales combates tuvieron lugar en las trincheras de Europa, la guerra también afectó al mundo colonial. Centenares de alemanes y miles de cameruneses se refugiaron en la colonia española de Guinea. Uno de los cabecillas del Camerún, el rey Atangana, quiso agradecer a Alfonso XIII su protección durante la guerra. El rey africano realizó una exótica visita a Madrid a tal efecto, aunque escondía otra misión más difícil: solicitar la mediación del rey español para que Camerún retornara al dominio alemán.
El rey del Camerún y Alfonso XIII

En Madrid, a comienzos de 1918, se publicó un manifiesto bajo el título de Paz, Humanidad y Justicia. Decía: “Sentimientos de deber y gratitud me impelen… no queriendo pasar a la ligera la grata satisfacción que he experimentado en esta tierra española caballeresca y noble, en donde vida tiene el santo y virgen espíritu de la Religión santa del catolicismo, que hombre Cristo nos predicó, y en la que los españoles tienen toda su fe”.

La importancia de estas líneas no radica en su significado sino en su autor. Bajo el nombre de Carlos Atangana, jefe de los Yaundes, se hacía conocer en la capital de España uno de los principales líderes del Camerún. Atangana pedía en su manifiesto la repatriación de todos aquellos cameruneses que huyeron con los alemanes y que el gobierno español tomó bajo su amparo. ¿Cómo comenzó esta historia? 

EL REY ATANGANA

Entre los miles de cameruneses que acompañaron a los alemanes en su huida por Camerún se encontraba un líder tribal que llegó a ser muy conocido, no solo en su patria, sino en España. Nos referimos a Ntsama Atangana, nacido en el seno de los Ewondo. Cuando los alemanes empezaron a adentrarse por Camerún, a finales del siglo XIX, encontraron un puzzle etnográfico y lingüístico difícil de dominar. Los Ewondo fueron favorecidos por el régimen colonial alemán y el comandante Hans Dominik (1870-1910) envió algunos nativos a la misión que unos religiosos alemanes, los padres Palotinos, tenían en Kribi, en la costa camerunesa. Atangana entró en contacto con la cultura europea, fue bautizado bajo el nombre de Karl y aprendió alemán, matemáticas, geografía e historia. Llegó a ser un devoto cristiano y puso en cuestión costumbres tradicionales africanas. En 1900, ejerció su primer cargo en la administración colonial y el comandante en jefe alemán en Victoria (actual Limbé) le nombró intérprete. Pasados unos meses, fue destinado a Buea. En este tiempo, se casó con una mujer llamada Mekumba, con la cual tuvo dos hijos: Jean Ndengue y Katerina.

Las autoridades alemanas fueron, poco a poco, confiando en el joven Atangana, conscientes de su potencial para guardar el orden colonial en el complejo Camerún. El gobierno colonial lo nombró en 1902 recaudador de impuestos, actividad que compatibilizaba con las funciones de secretario. En 1911 dio un salto en su vida al viajar a Alemania para completar su formación. Estudió ingeniería y visitó distintos centros como el Kolonialinstitut de Hamburgo. A su regreso a Camerún en 1914, los alemanes comprobaron la ventaja de unir bajo su liderazgo a varios grupos étnicos (Oberhäuptlinge). Atangana se había convertido en una pieza fundamental del imperio colonial alemán en África.

Decidió seguir la estela de los alemanes derrotados en Camerún y se internó con ellos en territorio de Río Muni. No tardaron en producirse conflictos entre los fang cameruneses y los fang guineanos. El gobierno español decidió trasladar a los alemanes a España mientras que algunos oficiales alemanes y la mayoría de los cameruneses fueron alojados en unos terrenos en la isla de Fernando Poo. Tres campamentos fueron establecidos para alojar a las tropas askaris y Atangana, junto a algunos sirvientes y consejeros, fueron alojados en la ciudad de Santa Isabel (actual Malabo) y recibieron el tratamiento de huéspedes del gobierno español. El lugar elegido fue establecido en Bokoko, distrito de San Carlos, al Oeste de la isla de Fernando Poo, entonces una zona de bosque virgen. Fue necesario un gran trabajo de desbroce con el fin de poder construir casas de madera con tejados de nipa. Asimismo, para proveer el poblado de un mínimo autoabastecimiento, se plantaron 800 hectáreas de yuca, malanga, cacahuete, maíz y plátanos, dejándolo en condiciones de habitabilidad e higiene. Además, en las ensenadas de la costa se implantaron pesquerías. Todas estas tareas fueron propiciatorias para la creación de una organización aparte de los campamentos de internados de los soldados askaris al servicio de los alemanes. Debido a la diversidad étnica del Camerún no todos los nativos que acompañaron a los alemanes fueron reubicados en los mismos campamentos.

En el conocido como Pequeño Bakoko, asignado en una antigua hacienda de cacao situada en la costa Oeste de la isla y a una distancia aproximada de dos horas del puerto de San Carlos, se fundaron varios pueblos separados por tribus como los bane, bambeles, jaundes, etc. En cada pueblo, un letrero indicaba visiblemente el nombre y jefe de la tribu. La parte más extensa y más próxima a San Carlos se hallaba ocupada por las tribus de los Jaundés, que se hallaban reunidos bajo su jefe Atangana, que empezó a ser conocido por los españoles como “el rey de los pamúes”. La hacienda de Atangana y sus allegados formaban el centro de actividad de la colonia de indígenas de Camerún, donde se llegaron a construir una iglesia y una escuela. Los misioneros ejercieron el culto religioso y la instrucción escolar.

AFRICANOS EN MADRID

El año 1919 fue testigo de la firma del Tratado de Versalles, con el cual se ponía fin, oficialmente, a la Gran Guerra. Las fronteras europeas volvieron a modificarse por enésima vez, pero las consecuencias del tratado también llegaron a las lejanas colonias africanas. El gobierno español se vio en la necesidad de desmantelar los campamentos de internados en la isla de Fernando Poo y exigió a Alemania el correspondiente pago por la manutención de sus tropas coloniales durante la guerra. A pesar de la agobiante asfixia financiera, se procedió a dos pagos en los años veinte para saldar esta deuda, más que de guerra de neutralidad. La mayoría de los alemanes que habían permanecido en España durante la guerra regresaron a su país natal, salvo algunos que habían contraído matrimonio con españolas, y respecto a África, otros tantos alemanes decidieron establecerse en Rio Muni.

Atangana y algunos de sus allegados decidieron viajar a España para agradecer al rey español Alfonso XIII las atenciones que les había brindado en los difíciles momentos de la guerra. Fue el 22 de septiembre de 1919 cuando Atangana –ya conocido en la prensa española como “rey de los pamúes”–, desembarcó en Cádiz. Su séquito no pasó desapercibido para los principales periódicos españoles, ocupando comentarios y alusiones. El diario monárquico ABC titulaba: Un monarca negro en España. Lo primero que hizo Atangana al llegar a Madrid fue dirigirse al Ayuntamiento, donde le esperaba el alcalde Garrido Juaristi, con objeto de ofrecerle testimonio público de adhesión, gratitud y cariño al pueblo madrileño. Interesado por todo lo que veía en la ciudad preguntó al alcalde por la red de tranvías y su deseo de aplicarla en el Camerún. Otras personalidades políticas del momento como el Marqués de Cervera y el propio presidente del Gobierno, Eduardo Dato, tuvieron encuentros con Atangana.

Algunos datos de la biografía de Atangana captaban la atención de los curiosos, como su dominio de lenguas, pues hablaba alemán, inglés y francés, aparte de doce dialectos indígenas del Camerún. Trascendió el hecho de que había adquirido un automóvil para llevarlo a su tierra. “El Rey de los pamúes acaba de comprar un automóvil para pasearse por el Camerún. (…) Ahora que el día que se le atasque en alguna manigua o se le descomponga el motor se ha de ver 'negro' para sacarlo”, se leía en El correo español.

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