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La reunión de Hendaya

Martes 19 de Abril, 2011
España estuvo más cerca de entrar en la Segunda Guerra Mundial de lo que habitualmente se cree. A la neutralidad inicial, le siguió el estatus de país “no beligerante”. Y en consecuencia, Hitler intentó embarcar en la aventura bélica a Franco. Pero las peticiones de uno hacia el otro no siempre estuvieron en consonancia... Esta es la historia de las negociaciones que mantuvieron ambos y que tuvieron su punto álgido en la reunión que mantuvieron en la estación de tren de Hendaya. Por: Bruno Cardeñosa
El 4 de septiembre de 1939, a los pocos días de la invasión alemana sobre Polonia, y por ende, del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, España se declaró neutral, pero un sector del poder encabezado por el ministro Serrano Súñer y otros germanófilos, lograron que la neutralidad quedara matizada. Finalmente, el 12 de junio de 1940 España se declaró “no beligerante”, eufemismo, según el historiador Tony Judt, autor de la monumental obra Postguerra, para señalar que no habría combate en sus territorios pero que darían apoyo humano y material al Eje. La disposición de Franco fue publicada por el BOE: “Se hace público el siguiente acuerdo del Consejo de Ministros: extendida la lucha al Mediterráneo por entrada de Italia en guerra con Francia e Inglaterra, el gobierno ha acordado la no beligerancia en el conflicto”. En agradecimiento, Hitler le dio a Franco la Cruz del Orden del Águila Alemana. Como consecuencia de ello, Serrano Súñer pasó a ser el más importante hombre del régimen; y, aunque los contactos entre el enviado español a Alemania –Serrano Súñer, cuñado de Franco, ya había viajado en varias ocasiones a Alemania– fueron confusos, se materializaron acuerdos como el de la División Azul, la guerrilla aérea española que combatió junto a los nazis. Cabe señalar que entre los hombres que había en Berlín defendiendo al Tercer Reich durante el asedio final de los rusos sobre el líder nacionalsocialista había un buen puñado de españoles que salieron de nuestro país al son aquellos acuerdos.

Entretanto Alemania y España elaboraron varios pactos y diferentes maniobras para facilitar el rearme español ante una eventual entrada de España en guerra. Entre las concesiones de España a Hitler –fraguadas por el cuñadísimo– se encontraba el hecho de permitir a la Gestapo (policía secreta de Alemania) operar libremente en España, así como permitir el despliegue en nuestro país del Servicio de Información Militar de Alemania, cuyos 2.000 agentes trabajaron libremente para vigilar el Estrecho de Gibraltar y moldear la posición de la opinión pública española: “El acuerdo era con vistas a crear un estado de opinión favorable. Junto a la captación de periodistas y directores de periódicos a través de generosos sobornos… se gestaron noticias favorables a las armas alemanas”, escribe Manuel Ros Agudo en Franco/Hitler 1940 (Arco Libros, 2009).

PRIMER PASO: LA “INVASIÓN” DE TÁNGER
Dos días después de la declaración de “no beligerancia” de España, Franco ordenó la ocupación inmediata, incruenta, de la ciudad neutral de Tánger, en Marruecos. Con la fulgurante acción pretendía dar los primeros pasos para extender su dominio sobre Marruecos y el territorio francés en el Norte de África, que en cierto modo pasaba a estar en manos alemanas gracias a las primeras victorias de las tropas de Hirler. Franco pretendía que el alemán le entregara parte de Argelia, Marruecos, Sahara, golfo de Guinea… La “Gran España” con la que soñaba Serrano Súñer y Franco parecía estar más cerca; para conseguirlo, la victoria alemana era vital. El objetivo final era convertir a España en uno de los cuatro países más poderosos del mundo, que no eran sino los cuatro que firmaron el acuerdo internacional contra el comunismo conocido como Pacto Anti-Komintern. Esos países eran Alemania, Italia, Japón y España. Es entonces, tras aquellos primeros pasos, cuando empezó a prepararse la reunión personal entre Franco y Hitler.

La historia de lo que ocurre en esa época está sembrada de errores históricos. El primero de ellos es que antes de comenzar el verano de 1940, España había decidido ir a la guerra. El hombre elegido para ser el portador de la información fue el general Juan Vigón, que se reunió con Hitler dos días después de la ocupación de Tánger. La cita tuvo lugar en el castillo de Acoz (Bélgica), cuando Francia había caído en manos germanas, lo que implicaba también una nueva situación sobre las colonias galas en África, que eran precisamente las que ansiaba Franco. Como gran cerebro de toda la operación estaba el omnipresente Serrano Súñer, que en la investigación realizada en los archivos alemanes por Xavier Moreno Juliá aparece como el auténtico instigador de la sumisión española a Hitler. Sin embargo, algo se torció, porque Hitler envió un mensaje de cautela y espera a España antes de entregar el “trofeo” marroquí a España
Parece claro que en el transfondo de la situación estaba la necesidad germana de recibir mayor apoyo bélico por parte de España, además de la posibilidad de una rendición británica que invitaría a Hitler a apaciguar sus conquistas. De hecho –creyendo ganada Europa occidental– empezó a planificar la batalla contra la Unión Soviética. Era el peor momento para dar rienda suelta a las peticiones españolas. Y él se encargó de señalarlo con su silencio en una respuesta que hizo llegar a las autoridades de Madrid antes de finales de julio. En dicha comunicación simplemente decía tomar nota de dichas peticiones. Pero invitaba a esperar…
Gran Bretaña se rehizo. Se revolvió. Ni rendición ni sumisión. Estaban decididos a ello. Los británicos iban a luchar, aunque fuera en solitario. Pero no sería así, porque a finales del verano el apoyo de Estados Unidos empezó a hacerse notar. Winston Churchill sabía a la perfección que si conseguía tejer esa alianza, la victoria podría volver a asomar en el horizonte. El histrión de Hitler –así lo definió Serrano Súñer en 1993– miró al mapa y descubrió que para frenar los nuevos ímpetus ingleses era necesario controlar Gibraltar: si se atacaba el Peñón se bloquearía el acceso de los ingleses al Mediterráneo. Y, finiquitado el conflicto, la entrega de Gibraltar a España sería un hecho. Aun así, según el mencionado Manuel Ros, la cuestión africana no estaba clara y Hitler no se comprometió de forma clara en ese sentido.
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