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Los mitos raciales y el genocidio de Ruanda

Miércoles 10 de Abril, 2019
Hace 25 años miles de hutus se lanzaron a la 'caza' de tutsis y acabaron a machetazos con la vida de más 800.000 personas, un genocidio que está relacionado con los misioneros que promovieron, siglos antes, mitos raciales relacionados con los descendientes de Noé.
Josep Guijarro

El territorio ruandés estaba habitado por los pigmeos de origen twa, dedicados a la caza. En el siglo XI, estos recibieron a los hutus, que se establecieron de forma sedentaria y convivieron con ellos en paz. En el siglo XIV llegaron granjeros tutsis a la zona y pasaron a formar parte de una sociedad constituida por twas y hutus.

Las dos tribus ya tenían diferencias en el siglo XVI con escarceos militares entre ambos pero todo se agudizó tras la I Guerra Mundial cuando el territorio fue dominio de los belgas.

Para entonces, los habitantes de Ruanda y Burundi habían sido evangelizados. Una oración habitual en los seminarios católicos de la región de los Grandes Lagos de Africa Central empezaba: “Dios mío líbranos de los judíos”. Sin saberlo, muchos sacerdotes ruandeses y burundeses oraban por la desaparición de muchos de sus compatriotas considerados camitas y, por tanto, emparentados con los judíos. Los camitas eran antiguos pobladores blancos del norte de África, que habían permanecido en la zona desde hacía milenios y que hablaban una lengua característica.

Los misioneros que promovían el apasionamiento por los mitos raciales de origen bíblico había identificado a los tutsis con los descendientes de Cam, uno de los hijos de Noé y, por ello de origen extranjero y semítico, frente a los hutus, de origen africano.

Noé además de salvar a los animales, también salvó a su familia, esposa y cuatro hijos. Uno de ellos fue Cam quién, precisamente, terminó sodomizando a su padre después de que éste le castrara para que no pudiera tener un cuarto hijo.

Los descendientes de Noé son interpretados por Moisés , Flavio Josefo y otros, como habitantes de África y partes adyacentes de Asia. La Biblia se refiere a Egipto como "la tierra de Cam" 

Pues bien, el antropólogo Charles de Lespinay, al tratar de las implicaciones y la responsabilidad de la Iglesia católica en el genocidio  está inspirada por el monogenismo de origen bíblico (es decir que  todas las razas humanas descienden de un tipo primitivo único)  ha sido utilizada para justificar el genocidio de Ruanda.

Ideologías que adoptaron los cuadros coloniales belgas prestos a dividir para gobernar, oficializadas por científicos occidentales de gran renombre y mejoradas por la intrusión de la lucha de clases y, después, a  raíz de la independencia de una ideología revolucionaria selectiva acompañada de una apropiación exclusiva de la noción de democracia mayoritaria.

Lejos de desaparecer, cuando Ruanda consigue su independencia, las diferencias se acrecentaron. El general Juvenal Habyarimana, de la etnia hutu, tomó el poder en un golpe de estado en 1973 en medio de otro período de conflicto étnico. Habyarimana logró triunfar en la guerra civil y permaneció como presidente; para 1978 promulgó una nueva constitución.

En 1991, el régimen de Habyarimana había incrementado la represión a la población en una guerra de baja intensidad para acabar con la oposición tutsi, utilizando el racismo como eje, e instigando y encubriendo las masacres masivas de dichas poblaciones.

Pero el 7 de abril de 1994 un misil derribó el avión en el que viajaba el presidente acababa de firmar unos acuerdos de paz en Arusha (Tanzania) con el Frente Patriótico Ruandés (FPR), guerrilla de mayoría tutsi que ocupaba el norte del país y fue la espita que encendió el fuego.

La persecución del tutsi se extendió por la capital primero, y por el resto del país, Los que parecían tutsis (altos y nariz estrecha) eran asesinados. En tres meses murieron 800.000. Apenas hubo disparos. La muerte fue a machete, de uno a uno. También perdieron la vida numerosos hutus moderados que defendieron a sus vecinos 

Más de seis millones de personas han muerto desde 1994 en la región de los Grandes Lagos. Unos por las balas y los machetes, otros por el hambre y las enfermedades que causan las guerras. Es la región de las violaciones masivas de mujeres.

En la Rosa de los Vientos, que dirige el director de Historia de España y el Mundo, Bruno Cardeñosa, se ha tratado este asunto.

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