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El médico Polaco que combatió a los Nazis con el Tifus

Martes 04 de Febrero, 2020
El médico Polaco que combatió a los Nazis con el Tifus

Lazowski y un compañero de la facultad lograron salvar a 8000 personas que iban a ser enviados a campos de exterminio engañando a los servicios médicos nazis.

El doctor Lazowski trabajaba como doctor en el ejercito polaco, se encargaba de curar a los soldados polacos heridos en el comienzo de la contienda y allí permanecería hasta 1940. Después de ello, se marchó a un pequeño pueblo a 250 kilómetros de Varsovia, Stalowa Wola. En esa pequeña villa coincidirá con dos cuestiones fundamentales en su vida: un antiguo compañero de la facultad, Stanislaw Matulewicz y el tifus.

El primero por ser necesario para sus planes futuros y lo segundo, el tifus, porque los nazis temían a esa enfermedad por su alta mortalidad. Y aunque ellos consiguieron erradicar la infección en Alemania, cierto es que nunca crearon los anticuerpos por si regresaba. Así que a cualquiera que pudiera tener síntomas, lo ponían en cuarentena.

Los médicos polacos lograron salvar a 8000 personas de los campos de exterminio nazis gracias a una fake news

Puesto ya en marcha el Holocausto, tanto Lazowski como Matulewicz decidieron resistir con lo que pudieran y en este caso fue la enfermedad del tifus. Encontrando en las navidades del 41 un primer caso, tomó muestras de sangre del enfermo y lo mandó al laboratorio controlado por los nazis. Pero ahí fue cuando tuvo la idea que salvaría más de 8000 vidas, ya que cuando los nazis sospechaban de cualquier infección de esa enfermedad, detenían las deportaciones y el reclutamiento de personas. Así que se le ocurrió, con la ayuda de su colega, inyectar la muestra del enfermo a una persona no enferma. Y aunque no tenía sintomas reales de la enfermedad, sí que dio positivo en las pruebas.

Siendo un éxito el engaño, al poco tiempo recibieron un telegrama  en el que ponía: «¡Peligro, tifus! Aislen al paciente, imposible que pise suelo alemán».

Sabiendo que esto podía ser una forma de salvar a miles de personas, inocularon la bacteria a miles de pacientes sin pedirles permiso y sin decirles una sola palabra. Lo mantuvieron en el más absoluto secreto incluso para sus esposas y sus familiares dosificando casos e intentando imitar al máximo el comportamiento de un contagio natural.

La alarma que estos resultados generó entre los médicos nazis fue tal que, temiendo que aquello se convirtiera en una epidemia peligrosa para toda la región, decidieron poner en cuarentena a los dos pueblos y detuvieron de inmediato las deportaciones.

A pesar de que todo parecía estar controlado, los nazis comenzaron a sospechar y enviaron a su propio équipo médico para investigar, pero al ser guiados por las dos poblaciones, estos estaban más interesados en terminar rápido y salir de allí que de inspeccionar más detenidamente. Así que al ver el cadaver del último fallecido por el “falso tifus” cuando se marcharon estos médicos alemanes, al día siguiente la región se llenó de carteles anunciado que el territorio estaba contaminado.

Durante los más de dos años que Lazowski y Matulewicz estuvieron destinados en aquella región de Polonia, se calcula que salvaron la vida a más de 8.000 inocentes gracias a la astucia sin que nadie supiera de su hecho hasta más de treinta años después.

Cuando la contienda finalizó, los médicos se separaron y cada uno de ellos se llevó el secreto consigo. Lazowski se fue a vivir a Chicago y Matulewicz acabó en Zaire. Fue en 1977 cuando Lazowski reveló su hazaña a una revista médica. "No soy ningún héroe, las circunstancias me obligaron a improvisar", aseguró.

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