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Ku Klux Klan: el imperio blanco

Martes 16 de Julio, 2019
Tras la guerra de secesión, un grupo de veteranos del sur fundó el Ku Klux Klan con el fin de despojar a la población negra de los derechos adquiridos tras la victoria de la unión. Prohibida y refundada en el siglo XX, sigue contando con varios miles de adeptos en EE. UU.
Ku Klux Klan: el imperio blanco

EL NACIMIENTO DEL KKK

Pulaski es la cuna de la vergüenza de la extrema derecha que vamos a desgranar en estas líneas. Si la localidad austríaca donde nació Hitler, Braunau am Inn, es hoy un grito contra la guerra y el fascismo, Pulaski, la ciudad en la que en 1865 se fundó el Ku Klux Klan, abre las puertas del Matt Gardner Homestead Museum a todo aquel interesado en la historia afroamericana, a través de la figura de un hombre que vio la luz en la esclavitud en 1847, conquistó la libertad en 1865 y contribuyó a mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos hasta su muerte a muy avanzada edad. La Triple K fue fundada el 24 de diciembre de 1865 por un grupo de veteranos de la Confederación, si bien hasta 1867 no mostró su verdadera faz como grupo terrorista, con una estructura jerarquizada en la que un prestigioso general, Nathan Bedford Forrest, se erigió como primer Gran Mago. La “marca” proviene del griego kýklos – círculo– y, en sus orígenes, no pasaba de ser un club de oficiales descontentos con la situación de su país, que, disfrazados con sábanas blancas, asustaban a la población negra del condado. Sin embargo, se fue expandiendo hasta el punto de generar diversos grupos supremacistas, haciendo que los miembros del Ku Klux Klan se volvieran cada vez más peligrosos.

La triple K fue fundada en 1865 por un grupo de veteranos de la confederación, si bien hasta 1867 no mostró su faz como grupo terrorista

A medida que este grupo racista se fue encanallando, creció el número de sus adeptos y sus miembros se multiplicaron por todo el Sur. La investigación que el Congreso llevó a cabo sobre sus actividades embrionarias, el Testimonio KKK, contiene miles de páginas y resultó decisiva para ilegalizar y disolver la organización mediante el Acta de derechos civiles de 1871, firmada por Ulysses S. Grant. 

Y es que el monstruo se había ido de las manos. Las agrupaciones, llamadas Dens, eran cada vez más fuertes, sus miembros o ghouls más salvajes, y el número de sus enemigos, más copiosos. En su diana no solo pusieron a los negros, sino a quienes luchaban por su igualdad efectiva en los ámbitos político y social, así como a los carpetbaggers, los blancos del Norte que, al término de la Guerra de Secesión, se trasladaron al Sur y medraron en la política, impulsados algunos por el oportunismo y movidos otros por el humanitarismo. 

Los candidatos que querían ingresar en el clan tenían que arrodillarse, elevar la mano derecha al cielo y, con la izquierda sobre la Biblia, responder a un interrogatorio que incluía el repudio manifiesto a los republicanos y la salvaguardia de un gobierno blanco en el país. Sus víctimas se contaron por decenas, algunas tan conocidas como el político republicano radical George W. Ashburn o el congresista por Arkansas James M. Hinds, y otras muchas anónimas, como los 150 afroamericanos que cayeron en Florida o los más de cien de la matanza de Colfax, Luisiana, dos años después de que se aprobara el acta de 1871.

EL RITUAL PARA ACCEDER A LA TRIPLE K

Otras organizaciones paramilitares operaban simultáneamente en esos territorios y compartían sus objetivos. La White League se definía como el brazo armado del Partido Demócrata y, entre sus “hazañas”, se cuenta el haber asesinado a una maestra negra de 17 años, Julia Hayden, en Hartsville, Tennessee. Los Red Shirts, surgidos en Mississippi en 1875, adoptaron la misma estrategia de terror y no dudaron en intimidar a sus rivales apretando el gatillo para coartar el voto negro e imponer la dictadura de sus papeletas.

En 1877, Rutherford B. Hayes se convirtió en el 19.° Presidente de los Estados Unidos, tras unas disputadas elecciones en las que su rival, el demócrata Samuel J. Tilden, se hizo a un lado a cambio de que Hayes “levantara la mano” en el Sur. El Compromiso de 1877 puso fin a la Reconstrucción con la retirada de las tropas federales de los estados “no redimidos”, Luisiana, Carolina del Sur y Florida, que seguían bajo ocupación militar. Además, el presidente designó a un demócrata sureño en su gabinete y prometió la industrialización de los estados del Sur.

A ojos de la historia, el fracaso de la Reconstrucción, que no en vano ha sido calificada como una “segunda guerra civil”, resulta incontestable, ya que cerró la injusticia de la segregación en falso. La población negra fue abandonada a su suerte, mientras los WASP –blancos, anglosajones y protestantes– se atrincheraban en sus feudos y recuperaban el poder perdido tras la guerra. Después de años de supuestas humillaciones, la supremacía blanca no camufló su racismo y la organización adoptó rápidamente métodos violentos. La EJI, Equal Justice Initiative (Iniciativa pouna Justicia Igualitaria), registra más de 4.000 linchamientos entre los años 1877 y 1950, en un trabajo que lleva por título “Lycanching in America: Confronting the Legacy of Racial Terror” y que recorre los estados de Alabama, Arkansas, Florida, Georgia, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Tennessee, Texas y Virginia. La cifra se amplía cada año. 

EL TERROR DEL KU KLUX KLAN

El fin de la Reconstrucción vino a reemplazar los Códigos Negros, que habían limitado los derechos de la población de color durante buena parte del siglo XIX, por las leyes de Jim Crow, forjando, además, un bloque homogéneo que se caracterizaba por votar en una misma dirección hasta el seísmo de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que promovió Kennedy y firmó Johnson (aquel año, 1964, los estados del Sur votaron por primera vez a los republicanos, asentados ya en el conservadurismo). 

El fracaso de la reconstrucción resulta incontestable, ya que cerró la injusticia de la segregación en falso

¿Y qué sucedió, entre tanto, con el Ku Klux Klan? La “reconquista” del Sur no silenció a los fantasmas de las sábanas blancas que, como hemos visto, prosiguieron sus ataques contra los negros.

 

Lee la historia completa en el número 166 de Historia de España y el Mundo

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