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Irlandeses en la Guerra Civil española

Lunes 11 de Julio, 2016
La participación de la Brigada Irlandesa en las filas de los militares sublevados y la Columna Connolly al lado de los republicanos son dos de los episodios menos recordados de este periodo dramático de nuestra Historia. Por: José Luis Hernández Garvi.

En medio del clima de inestabilidad política y violencia sectaria que se vivió en Irlanda durante las primeras décadas del siglo XX, en los años inmediatamente precedentes y posteriores a su independencia de Gran Bretaña, surgió la figura de Eoin O’Duffy, joven general del Ejército irlandés durante la Guerra Civil que sufrió el país y personaje que llegó a ocupar posteriormente el puesto de Comisionado Jefe de la Garda Síochána, el cuerpo de policía irlandés. Hombre de carácter vehemente que no dudaba en expresar sus ideas con fuertes dosis de radicalismo, en 1933 fue apartado de su puesto como Comisionado tras ser acusado de haber formado parte de una conspiración que pretendía dar un golpe de estado. Por aquel entonces O’Duffy había manifestado sus simpatías por el fascismo que empezaba a extenderse por Europa, llegando a declararse admirador de Mussolini. Como reflejo de sus ideas políticas creó la Guardia Nacional, movimiento que adoptó algunos de los símbolos fascistas, como el saludo con el brazo en alto o las poses y actitudes paramilitares. Sus miembros empezaron a ser conocidos como Blueshirts, “Camisas Azules”, por el color de los uniformes que lucían en sus reuniones y mítines.

En agosto de 1933 los Blueshirts liderados por O’Duffy organizaron un desfile en Dublín con el que pretendían rendir homenaje a Michael Collins. Aunque los convocantes se apresuraron a negarlo, la manifestación guardaba semejanzas con la Marcha sobre Roma que a finales de octubre de 1922 le había dado el poder en Italia a Mussolini. Temiendo que pudieran tener las mismas intenciones, el Gobierno irlandés prohibió el desfile y en septiembre fueron ilegalizados. Para eludir la decisión de las autoridades O’Duffy cambió el nombre de su organización, que pasó a llamarse League of Young Ireland, “Liga de la Joven Irlanda”.

CAMINO DE ESPAÑA
En septiembre de 1934 sus miembros se integraron en el Fine Gael, “El Clan de los Irlandeses”, que intentó aglutinar las diferentes corrientes de la derecha política irlandesa.

A partir de entonces la Liga funcionó como brazo armado de la organización, con cometidos parecidos a los que desempeñaron los Camisas Pardas que integraban las SA del partido nazi alemán.

Cuando el Fine Gael viró políticamente hacia posiciones más moderadas, O’Duffy y sus seguidores fueron apartados de la dirección del partido. En 1935 el movimiento que lideraba había sido prácticamente desarticulado y él presentó su dimisión. Sin embargo, no se resignó a desaparecer de la escena política irlandesa y en junio de ese mismo año fundó el National Corporate Party, que no ocultaba su ideología fascista. Los discursos y las poses de O’Duffy derivaron hacia puntos de vista cada vez más radicales, al tiempo que exhibía un temperamento megalómano que le llevó a autoproclamarse como “el tercer hombre más importante de Europa” después de Hitler y Mussolini. Sin embargo, su partido no contó con el respaldo popular que el hubiera deseado, moviéndose en los límites de la marginalidad.

Buscando la forma de volver de nuevo al primer plano de la política, encontró la oportunidad de hacerlo con ocasión del estallido de la Guerra Civil española. O’Duffy se apresuró a manifestar su apoyo incondicional a los militares sublevados, ofreciéndose para organizar una unidad de voluntarios dispuestos a luchar contra la República. Viajó hasta España entrando por la frontera de Hendaya para dirigirse después hacia Pamplona. Allí se entrevistó con Juan Pedro Arraiza, Presidente de la Diputación de Navarra, antes de emprender camino hacia Burgos, donde se reunió con el general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional, órgano supremo de los militares sublevados. En Valladolid O’Duffy consiguió reunirse con Mola, a quien expuso sus planes de formar una unidad militar formada por voluntarios irlandeses.

Posteriormente Mola se vio con Franco en Cáceres para discutir la propuesta, acordando finalmente aceptar su ofrecimiento. Tras su regreso a Irlanda, O’Duffy organizó los preparativos de la llamada Brigada Irlandesa. A su llamamiento acudieron unos 700 seguidores, número inferior al previsto. El reclutamiento puso en alerta a las autoridades irlandesas, decididas a impedir su partida hacia la Península. El Parlamento de Dublín votó en trámite de urgencia una ley que prohibió a todo ciudadano irlandés acudir a combatir a España bajo pena de multa y encarcelamiento. Sin embargo, la reacción gubernamental fue más tibia de la esperada; y O’Duffy y sus hombres contaban con el respaldo expreso de la poderosa Iglesia Católica irlandesa.

El contingente fue dividido en dos grupos. El primero desembarcó en el puerto de El Ferrol y el segundo, comandado por el propio O´Duffy, llegó a Lisboa, donde fueron recibidos por las autoridades del Gobierno de António de Oliveira Salazar, el dictador que se había apresurado a declarar sus simpatías y ofrecer su ayuda a los militares sublevados que combatían contra la República.

EL PACTO
Acuartelados en Cáceres, los irlandeses se sometieron a un duro entrenamiento militar bajo la supervisión de oficiales españoles. La Brigada fue encuadrada dentro de la Legión, formando parte de la XV Bandera. Equipados con los mismos uniformes que usaba el Tercio, lucían en sus solapas un arpa céltica, símbolo que denotaba su procedencia. La presencia de estos voluntarios se dejó sentir en la capital cacereña. Los edificios públicos se engalanaron con banderas irlandesas y en los desfiles que se celebraban en sus calles era habitual contar con la presencia de la banda de gaiteros de la unidad. Pero la supuesta confraternización entre camaradas del mismo bando no siempre se desarrolló en un ambiente de cordialidad.

Los irlandeses se mostraron indisciplinados y se emborrachaban con frecuencia, provocando violentos altercados que se saldaron con la muerte de un soldado marroquí de las tropas coloniales y varios españoles heridos.

Estos graves incidentes acabaron con la detención de los implicados, medidas que se llevaron a cabo con total discreción. Cuando llegó la hora de entrar en combate, se selló un pacto secreto entre Franco y O’Duff y según el cual los voluntarios irlandeses nunca serían empleados para combatir contra los nacionalistas vascos leales a la República, pueblo al que O´Duff y reconocía expresamente su derecho a la autodeterminación. Ascendido al rango de general de brigada, también exigió que sus hombres se integrasen en las fi las de los Requetés, tropas con las que compartían afinidad ideológica y religiosa, pretensión que le fue denegada.

BAUTISMO DE FUEGO
Tras el periodo de instrucción en Cáceres, los irlandeses recibieron la orden de dirigirse hacia el frente del Jarama. El 16 de febrero de 1937 fueron interceptados por una columna de falangistas canarios recién llegados que los confundieron con milicianos republicanos. Se desencadenó un intenso tiroteo entre ambas unidades, en el que los voluntarios irlandeses sufrieron cuatro bajas. Aquel incidente supuso su bautismo de fuego.

Atrincherados en el sector cercano a la población de Titulcia, actuaron en misiones de apoyo a otras unidades. Su acción de  guerra más destacada se produjo el 13 de marzo de 1937, cuando lanzaron un ataque de distracción contra las tropas republicanas de la Novena División. A partir de entonces se limitaron a mantener sus posiciones, permaneciendo en las trincheras y soportando duras condiciones de vida que afectaron a su moral. Considerados indisciplinados y conflictivos, la Brigada Irlandesa recibió órdenes de trasladarse hacia el sector de los Cerros de la Marañosa, medida que presagiaba su retirada definitiva de la primera línea. En abril de 1937 se anunció su repatriación a Irlanda. A su llegada a Dublín, en junio, desfilaron ante una multitud, en su mayoría curiosos, que acudió a recibirlos. En el ayuntamiento de la capital fueron recibidos con cierta frialdad por las autoridades. Poco después la Brigada Irlandesa fue definitivamente disuelta. Aunque su papel en la Guerra Civil fue mediocre y pasó prácticamente desapercibido entre sus compatriotas, O’Duff y se refi rió a sus hombres como cruzados. Apenas había permanecido un año en nuestro país, experiencia que plasmó en un libro que tituló Crusade in Spain, “Cruzada en España”.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, buscó un acercamiento hacia los nazis, estableciendo contactos con el embajador alemán en Dublín. Siguiendo el ejemplo de la División Azul, quiso organizar una nueva unidad de  voluntarios irlandeses para luchar junto a los alemanes en el frente oriental. Sin embargo, su proyecto no obtuvo el respaldo que hubiera deseado. Frustrado y con la salud quebrantada, O’Duffy enfermó gravemente, muriendo el 30 de noviembre de 1944 a los cincuenta y dos años de edad.

A la izquierda, Frank Ryan, uno de los fundadores de la Columna Connolly.

LA COLUMNA CONNOLLY
El estallido de la Guerra Civil en España sorprendió en Barcelona a Peadar O’Donnell, líder socialista miembro del Sinn Féin, brazo político del IRA. Activista comprometido, movilizó a otros irlandeses para unirse a las Brigadas Internacionales que se estaban formando para apoyar al Gobierno de la República. De esta forma entró en contacto con su compatriota Frank Ryan, un periodista fundador del Congreso Republicano Irlandés, una escisión del IRA, que había decidido alistarse en las filas de los brigadistas. O’Donnell y Ryan consiguieron reunir un contingente formado por entre 150 y 200 voluntarios irlandeses que integraron la que fue llamada Columna Connolly, en honor de James Connolly, líder socialista irlandés ejecutado en 1916 por las fuerzas británicas.

Después de atravesar en tren el sur de Francia hasta llegar a Perpiñán, los primeros ochenta voluntarios de Ryan llegaron a España en diciembre de 1936. Concentrados en Albacete para recibir adiestramiento, se unieron al resto de nacionalidades que formaban las Brigadas Internacionales. Tras completar su periodo de instrucción fueron enviados al frente del Jarama, donde se enfrentaron a sus compatriotas encuadrados en la Brigada Irlandesa.

Durante los combates, Ryan fue gravemente herido, siendo evacuado de vuelta a Irlanda.

También participaron en la Batalla del Ebro, donde sufrieron el mayor número de bajas.

Puedes leer el texto completo en el número 119 de Historia de Iberia Vieja, mayo 2015.

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