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¿HITLER EN ESPAÑA?

Viernes 23 de Julio, 2010
Un investigador argentino ha conseguido documentos que supuestamente sustentan la tesis de que Hitler no se suicidó, sino que huyó de Alemania hacia Argentina a través de España. ¿Qué hay de cierto en esta nueva hipótesis? ¿Es algo más que una leyenda? Por: Bruno Cardeñosa

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La sospecha de que Hitler no se suicidó en el búnker de Berlín el 30 de abril de 1945 siempre ha estado presente, pese a no contar con el apoyo de investigadores y estudiosos. El mito se ha perpetuado gracias a determinados grupúsculos que se mueven entre el esoterismo y la ideología nazi. Ninguna de las dudas que se han planteado logró alcanzar en el pasado el mínimo crédito necesario. Las tímidas sospechas de algunos sectores de los Aliados y las confusas informaciones que sitúan en diversas partes del mundo a refugiados nazis son, hasta ahora, el único asidero para la tesis, pese a que el análisis de los restos del cráneo atribuido a Hitler que se encontraba en Moscú no sirvió para aclarar la incógnita, al descubrirse que el cráneo pertenecía a un mujer (¿acaso el de Eva Braun). Aunque aquel estudio mostraba alguna incoherencia –parte del cráneo y la mandíbula no parecían pertenecer a la misma persona– lo cierto es que en el sofá en el que oficialmente se suicidó el matrimonio, y que se conserva en los almacenes de la antigua KGB, sí se hallaron restos de sangre de un hombre.

Los estudios, que se efectuaron en la Universidad de Connecticut, no han podido esclarecer casi nada. Tampoco es extraño, porque el periplo de los restos óseos atribuidos a Hitler no fue el más adecuado para una investigación. Dichos restos fueron recuperados por las tropas soviéticas tras la caída de Berlín; se encontraban en el búnker donde se refugiaba la cúpula del poder alemán. Tras ser trasladados a Moscú fueron conservados en un lugar secreto hasta que en 1970 el presidente soviético Leónidas Brezhnev los mandó incinerar. De este modo, fueron reducidos a cenizas los restos de Hitler y Eva Braun junto a los del ministro de Propaganda Joseph Goebbels y su mujer, originariamente enterrados en un cementerio soviético de Alemania Oriental, y que también se suicidaron tras envenenar a los seis hijos de la pareja, que también estaban refugiados en el búnker. Sus padres no querían que los pequeños vivieran en un mundo que no estuviera dominado por el nacionalsocialismo… Fue en el año 2000 cuando el FSB, la antigua KGB, mostró al público por primera vez los únicos restos que se salvaron de la quema y que son, precisamente, los que se analizaron en Connecticut. Pero no se había escrito el último capítulo, que ha sido propuesto por Abel Basti, director del diario Periódico del Sur, de Bariloche (Argentina), que acaba de publicar el libro El exilio de Hitler. Basti ya había escrito varias obras sobre la supervivencia de la ideología nazi en algunas regiones de Argentina a la que habrían llegado jerarcas de la Alemania de Hitler tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial.

La huida hasta Argentina de algunos de los líderes nazis estaba documentada. De hecho, los servicios de inteligencia de Israel ejecutaron allí a Adolf Eichmann tras seguir sus huellas por medio mundo. También se sitúa en el continente americano a Martin Bormann y a Joseph Mengele. Tampoco es de extrañar: en los orígenes de la ideología nazi, décadas antes de alcanzar el poder en Alemania, se llevaron a cabo algunos experimentos sociales como la creación de una comunidad alejada del mundo que se llamaba Nueva Germania en Paraguay, cuyo objetivo era crear comunidades arias y puras. Este tipo de “utopías” se mantuvieron en la región tras la derrota de 1945, con la creación por parte de elementos nazis de grupúsculos sectarios como Colonia Dignidad en Chile. También fue allí donde encontraron “clientela” las teorías de algunos autores como Miguel Serrano, que mantuvieron durante toda la segunda mitad del siglo XX que el IV Reich se había perpetuado en secreto en el Cono Sur esperando el momento para emerger de nuevo.
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