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La fallida anexión de la República Dominicana a España

Miércoles 23 de Enero, 2013
A mediados del siglo XIX, España había perdido la inmensa mayoría de su imperio colonial en América, conservando tan sólo Cuba y Puerto Rico. Cuando prácticamente todas las naciones iberoamericanas habían alcanzado su independencia de la antigua metrópoli, se produjo un sorprendente episodio en sentido contrario. En 1861, la República Dominicana, forzada por el clima de inestabilidad política que se vivía en la isla, solicitó formalmente su anexión a España.

Por: José Luis Hernández Garvi
Con la conquista y colonización de la isla por los españoles, se empezaron a importar grandes contingentes de esclavos africanos para sustituir en las grandes plantaciones a la mano de obra nativa, prácticamente aniquilada por culpa de las luchas contra los colonos, las brutales condiciones de trabajo y las epidemias traídas por los europeos. En amplias regiones del norte y el interior de la isla las autoridades españolas apenas ejercían su poder, territorios que sirvieron de refugio para los esclavos que se habían fugado de las plantaciones, algunos de los cuales se unieron para fundar pequeños núcleos de población en los que se produjo un mestizaje entre indios, africanos y europeos.

Hacia 1630, filibusteros franceses y bucaneros ingleses y holandeses se apoderaron de la cercana isla de la Tortuga, situada al noreste de La Española. Desde allí los franceses iniciaron una paulatina penetración en la parte occidental de la isla, ocupación que se concretaría en 1697 con la firma del Tratado de Ryswick por el que España cedió a Francia toda aquella región, estableciendo una frontera entre Haití y el territorio de la futura República Dominicana. Estos límites se tomarían como referencia para la partición definitiva de la isla ratificada en 1777 por el Tratado de Aranjuez. Tras la firma del acuerdo entre las dos potencias coloniales se abrió en la isla un periodo de inestabilidad política y social que desembocó en graves enfrentamientos. El 16 de agosto de 1791, una sublevación de esclavos en la zona francesa se extendió rápidamente pero fue sofocada gracias a la intervención de barcos y soldados llegados desde la metrópoli. Las derrotas de los ejércitos españoles en la conocida como Guerra del Rosellón forzó a nuestro país a la firma en 1795 del Tratado de Basilea, acuerdo por el que España reconocía a la Francia surgida de la Revolución y renunciaba a su soberanía sobre todo el territorio de la isla La Española, pasando todo su territorio a ser una posesión francesa en ultramar.

A comienzos del siglo XIX, los levantamientos de esclavos se generalizaron hasta convertirse en una guerra abierta. En 1801, el general liberto Toussaint Louverture reunió un numeroso ejército que ocupó la ciudad de Santo Domingo para hacerse después con el control de toda la isla. Pero al año siguiente las tropas francesas enviadas por Napoleón derrotaron al ejército de esclavos y capturaron a Louverture que fue deportado a Francia. Este duro revés no desanimó a los lugartenientes del líder haitiano que continuaron con su lucha hasta expulsar a los franceses. El 1 de enero de 1804, Jean-Jacques Dessalines, uno de sus generales, proclamó la independencia de Haití. Mientras asistían al nacimiento del nuevo estado, las autoridades francesas establecidas en Santo Domingo iniciaron un periodo de consolidación de su poder en la isla bajo la administración colonial de Louis Marie Ferrand.

En 1805, Dessalines y Henri Christophe lanzaron una nueva ofensiva contra la ciudad de Santiago para dirigirse después hacia la capital, donde fueron repelidos por las tropas de Ferrand. En 1808, tras el inicio de la Guerra de la Independencia en España, los criollos de Santo Domingo encabezados por el militar Juan Sánchez Ramírez, se rebelaron contra el dominio francés. La sublevación contó con el apoyo de Gran Bretaña y Haití, consiguiendo derrotar a las de Ferrand en la Batalla de Palo Hincado, victoria que provocó que las autoridades coloniales francesas capitulasen el 11 de julio de 1809. Los soldados ingleses ocuparon entonces la ciudad de Santo Domingo hasta que en agosto de ese mismo año abandonaron la capital. A partir de ese momento la parte oriental de La Española volvió a ser nominalmente una colonia de España. Estos acontecimientos marcaron el inicio del período que es conocido en la historiografía dominicana como de la España Boba, caracterizado por la escasa o nula intervención de la metrópoli en los asuntos internos de la colonia.

Tras la restauración de la soberanía española, Juan Sánchez Ramírez fue nombrado nuevo gobernador en 1809. Durante su mandato la economía de la parte oriental de la isla sufrió una grave crisis que empeoró las condiciones de vida de la mayor parte de la población. De 1810 a 1812, la situación política y social se volvió insostenible y un sector de las élites locales conspiró para alcanzar la independencia. Algunas de estos complots fueron inspirados por las noticias que procedentes de América que hablaban de los movimientos emancipadores contra España iniciados por toda el continente.

Inspirado por las ideas liberales recogidas en la Constitución de Cádiz de 1812, José Núñez de Cáceres, un funcionario criollo de alto rango, proclamó unilateralmente el 1 de diciembre de 1821 la independencia de la parte oriental de la isla, creando el Estado Independiente del Haití Español. Aprovechándose de la debilidad del nuevo gobierno dominicano y de su falta de apoyo en el exterior, Jean Pierre Boyer, presidente de Haití, cruzó con su ejército la frontera que dividía en dos la isla ocupando la parte que acababa de proclamar una independencia. Ante aquella política de hechos consumados a José Núñez no le quedó más remedio que aceptar resignado el cambio de unos amos por otros.

Las tropas de ocupación haitianas no recibían sus pagas, por lo que se dedicaron al saqueo sistemático de la los bienes y alimentos de la población. Todos los varones dominicanos entre 16 y 25 años fueron reclutados para servir en el ejército, al mismo tiempo que se cerraron escuelas y universidades. La agricultura de subsistencia fue sustituida por grandes plantaciones de azúcar y café, lo que terminó provocando una escasez de alimentos que degeneró en hambruna. Por si todo esto fuera poco, las autoridades haitianas impusieron elevados impuestos a la población de origen dominicano, lo que obligó a muchos a emigrar fuera de la isla. Boyer abolió la esclavitud, pero con su actitud dictatorial se granjeó el odio de gran parte de la población dominicana.
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