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ESPAÑA EN LAS MALVINAS

Jueves 20 de Mayo, 2010
Hasta 1811 las islas Malvinas estuvieron en posesión del Reino de España y, a partir de 1820, Argentina, como heredera de los derechos de la antigua metrópoli, reafirmó su soberanía sobre el archipiélago. A pesar de tener al derecho internacional de su parte, en 1833 las islas fueron ocupadas por Gran Bretaña. Esta es la historia de la lucha española y argentina por las Malvinas. Por: Mari Carmen Romero

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No son pocos los argentinos que consideran que las Malvinas, un archipiélago situado en el Atlántico Sur y bajo bandera británica, son “las últimas colonias” de América. Las más de doscientas islas que lo conforman estuvieron en posesión española hasta 1811, año en el que las Provincias Unidas de Río de la Plata se independizaron de nuestro país y el archipiélago pasó a manos de Argentina. Hasta aquí, salvando varios episodios de ocupación de franceses e ingleses, la legítima propietaria de las Malvinas siempre estuvo clara: España.

A pesar de su brevedad, uno de los episodios de ocupación a los que nos referimos a punto estuvo de provocar una guerra entre españoles e ingleses en el año 1766. Finalmente, el enfrentamiento no llegó a mayores y terminó por resolverse ocho años después. Inglaterra abandonó en 1774 el asentamiento que había creado en Puerto Egmont, en Trinidad, una isla situada al noroeste de la isla Gran Malvina, y el archipiélago tornó de nuevo español. Desde entonces, no se volvió a cuestionar la soberanía española sobre las islas, que se mantuvo hasta 1811, año en el que quedaron otra vez deshabitadas. Sin embargo, el incidente, como veremos a continuación, tuvo sus secuelas años más tarde.

El problema llegó cuando Inglaterra se lanzó a la mar y, en 1833, en nombre de la Corona Británica se estableció en las islas por la fuerza esgrimiendo los derechos adquiridos en 1776. Las Malvinas llevaban en poder de Argentina desde 1811 o, para ser exactos, desde 1820, año en el que el gobierno de Buenos Aires tomó posesión del territorio con el objetivo de reafirmar sus derechos como sucesor de la antigua metrópoli. Además, Gran Bretaña había reconocido al estado argentino en 1825 y, en aquel momento, no formuló reserva alguna respecto al archipiélago.

Tras la ocupación inglesa de 1833 la historia es más conocida: Argentina reclamó inútilmente la soberanía de las Malvinas, así como de los archipiélagos de Georgias y Sandwich del Sur, como parte integral e indivisible de su territorio, pero sus esfuerzos fueron inútiles.

A partir de 1965, se sucedieron distintas etapas en la conducción de la política exterior argentina respecto a las Malvinas, hasta que el 2 de abril de 1982 la junta militar en el poder dispuso el desembarco militar en el archipiélago con el firme propósito de recuperar lo que consideraba suyo y, de paso, y sobre todo, intentar recomponer el orden autoritario argentino ante el creciente descontento de la sociedad por la terrible situación política y económica que atravesaba el país. Contrariamente a lo esperado por sus promotores, el enfrentamiento armado no se hizo esperar.

La euforia argentina duró poco. En clara inferioridad, dos meses después del comienzo de la guerra, el 14 de junio de 1982 el país austral enarboló la bandera blanca, lo que conllevó la recuperación de los tres archipiélagos en liza por parte de Reino Unido. En la absurda decisión de invadir las islas, el régimen dictatorial de Leopoldo Galtieri perdió 649 militares, frente a los 255 británicos, y regresó a casa sin las Malvinas y más herido que nunca.

La derrota precipitó la caída de la junta militar que gobernaba al país y produjo la fractura final de la autocracia y el camino hacia la democracia. La junta militar se equivocó de cabo a rabo al suponer que, ante la osadía argentina, Gran Bretaña limitaría su reacción al campo diplomático y Estados Unidos se posicionaría al lado del país austral, nada más lejos de la realidad.

En otro orden de cosas, el enfrentamiento armado, que ha entrado en la mitología moderna de las guerras de información, sirvió para que el gobierno británico conservador de Margaret Thatcher lograra la reelección en los comicios electorales de 1983 y la primera ministra se reafirmara en su política de mano de hierro. ¿Pero qué hacen tan disputadas a unas islas que ocupan poco más de 12.000 km2, de clima frío y húmedo y que tienen a la pesca y la cría de ovejas como principales actividades económicas? En sus orígenes, a mediados del siglo XVIII, el motivo del enfrentamiento entre España e Inglaterra y Francia a propósito de las Malvinas fue la pugna por el control de los imperios coloniales. Además, su posición estratégica hizo que se convirtieran en territorios muy ambicionados.

En la actualidad, es por todos conocido que las aguas circundantes albergan importantes recursos petrolíferos, que han llegado a cifrarse hasta en sesenta mil millones de barriles por fuentes argentinas. Ya en 1976, el informe realizado por lord Shackleton y un grupo de expertos ingleses que se trasladaron al archipiélago confirmó lo que ya se suponía: que existían importantes reservas petroleras en las inmediaciones de las islas, aunque admitía que la extracción sería difícil e implicaría grandes riesgos políticos.
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