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De cuando la Royal Navy destruyó el mayor acorazado Nazi

Miércoles 29 de Enero, 2020
En la segunda Guerra Mundial ocurrió la Operación Charriot, pasó una noche de marzo de 1942 convirtiéndose en una epopeya suicida realizada por los comandos británicos.

En la noche del 27 de marzo de 1942 el gran acorazado Tirpiz, el favorito de Hitler, se encontraba en el puerto seco de Saint-Nazaire, en la Francia ocupada. Este barco tenía unas dimensiones gigantescas con ocho cañones de 380 milímetros, cuarenta armas de menor calibre, 33 centímetros de acero en el casco, consumía más de 8.000 toneladas de combustible y tenía muchos militares en su interior. Era tan importante para el Tercer Reich que las medidas de seguridad en su entorno eran impresionantes, por miedo a que pudiera sufrir un sabotaje.

Este buque no sólo era el favorito de Hitler, sino que además suponía un gran peligro para los aliados. Cosa que nunca pasó desapercibido para los británicos que intentaron hundirlo de mil maneras posibles y cuando sabían que este buque estaba fuera de este puerto, mantenía en alerta otros grandes puertos para que no se acercara.

El gran acorazado Tirpiz suponía un gran peligro para los aliados

Pero aquella noche de marzo, unos barcos comenzaron a subir el estuario del Loira que llevaba al puerto. Parecía que la cabeza de aquella flotilla era un barco alemán que no hacía caso a las advertencias de los que se suponían eran los suyos. Pero no, eran británicos que en vez de detenerse en el río, aumentaban la velocidad como si se tratara de kamikazes japoneses. Los nazis no paraban de disparar y la flotilla no cejaba en su empeño comenzando en ese momento la “Operación Chariot”.

Y fue el destructor de la Royal Navi HMS Campbeltown el que consiguió estrellarse contra el dique causando un gran revuelo y explosiones que dieron comienzo a la operación, ya que lo que querían era encajar el barco en la presa y así no poder salir ni entrar ningún otro buque.

Aunque arriesgado, el plan funcionó puesto que después los comandos comenzaban su turno invadiendo a pie el dique. Los disparos no cesaban y aunque algunos británicos cayeron, nadie paró.

Después de conseguir destruir los objetivos, el primer punto de escape fue tomado por los alemanes, así que tuvieron que atravesar la ciudad de Saint-Nazaire, que estaba plagada de refuerzos alemanes, para cruzar después los casi 650 kilómetros de territorio enemigo que les separaban de la España neutral.

No fue fácil, algunos cayeron, otros lograron esconderse durante un tiempo bajo tierra en sótanos de casas, etc... Pero aunque muchos de ellos habían sido detenidos, aún seguía sin hacer explosión las 3,85 toneladas de amatol que llevaba el HMS Campbeltown, aún situado en la puerta del dique seco.

Los alemanes, pensado que lo único que los británicos querían hacer era estrellar ese viejo barco contra la puerta, no esperaban que a las 10:35 de la mañana aquel buque “destartalado” explosionara rompiendo la puerta del dique y dejando entrar en él todo el agua del río.

Fue tal el daño que nunca se pudo volver a reparar ese dique, durante lo que quedaba de guerra, y por ende provocó que el Tirpitz nunca más volviera a navegar por el Atlántico, tuvieron que esconderlo en los fiordos noruegos hasta que fue destruido por bombarderos Lancasters de la RAF en 1944.

Y aunque pudieron neutralizar uno de los grandes enemigos nazis, los británicos perdieron bastantes más vidas de lo que pensaron posibles, ya que de los 600 participantes de esta operación, sólo regresaron menos de 200.

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