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Los coches de Franco

Jueves 22 de Enero, 2015
Cuando están a punto de cumplirse cuarenta años de la muerte de Franco, podemos caer en el error de creer que su figura ha sido objeto de estudio desde todos los puntos de vista posibles. Sin embargo, hay aspectos de su vida personal y cotidiana que son muy pocos conocidos y que merecen ser rescatados del olvido para tener una visión del franquismo desde un enfoque diferente. Es el caso de los coches exclusivos que empleó en sus desplazamientos oficiales y privados, muchos de los cuales todavía se conservan en España. Con el paso del tiempo estos vehículos se han convertido en auténticas joyas anheladas por acaudalados coleccionistas privados y museos de todo el mundo debido a su alto valor histórico. José Luis Hernández Garvi
Durante la Guerra Civil, Franco utilizó un vehículo con características especiales para desplazarse a los campos de batalla. Se trataba de un camión Ford 85 de fabricación norteamericana, modificado para que pudiera servir de puesto de mando móvil. Con ese fin se montó en la caja de la parte trasera un amplio habitáculo diseñado por Carde y Escoriaza, empresa zaragozana especializada en la fabricación de material rodante ferroviario. El vehículo entró en servicio en 1938, formando parte de una comitiva compuesta por siete camiones del mismo modelo que transportaban todo lo necesario para mantener operativo un estado mayor, desde una enfermería con quirófano, pasando por dormitorios para los oficiales, centro de comunicaciones y una cocina de campaña.
El camión reservado a Franco era en realidad una autocaravana militar equipada con algunos lujos para que el general pudiera vivir en ella durante sus visitas al frente. Todo su interior estaba forrado en madera, con el suelo cubierto por una mullida moqueta tejida en la Real Fábrica de Tapices. En la parte delantera se instaló una estrecha cama metálica encajada entre los paneles laterales de la carrocería. También había un sillón de cuero y un escritorio, presidido por el águila de San Juan, sobre el que se instaló un teléfono de campaña. Según algunos testimonios, en esta mesa Franco habría firmado el último parte de la Guerra Civil, aquel famoso documento que comenzaba diciendo, “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo…”. Un sofá cama donde dormía su ayudante y un armario empotrado completaban la decoración. En la parte trasera una puerta daba acceso a un pequeño cuarto de baño, equipado con un lavabo de plata fabricado en París instalado sobre un soporte plegable, que contaba además con una ducha de agua caliente. 
 
El resultado fue un magnífico trabajo de restauración en el que se mantuvieron todos los elementos originales del vehículo
 
Este camión pintado de color caqui prestó servicio hasta el final de la guerra, siendo asignado a partir de entonces al parque móvil de uso personal de Franco. Relegado del cometido para el que originariamente fue diseñado, el vehículo acompañó al dictador en sus partidas de caza y pesca a las que era tan aficionado. Con el paso del tiempo fue olvidado en las instalaciones de los acuartelamientos del Palacio de El Pardo sufriendo los rigores de la intemperie, hasta que en el año 2000 fue restaurado por la Unidad de Mantenimiento de la Guardia Real. En esta labor se vieron implicadas durante tres meses todas las secciones de esta unidad. El resultado fue un magnífico trabajo de restauración en el que se mantuvieron todos los elementos originales del vehículo, incluyendo el funcionamiento del motor y sus partes mecánicas. Hasta fechas recientes el Ford 85 se exhibía en las dependencias de la Sala Histórica del Cuartel de El Rey en el Pardo, pero en la actualidad ha sido devuelto a los talleres para someterlo a una revisión a fondo.
 
El REGALO DE HITLER
A principios de la década de los años cuarenta del siglo XX, Franco se había asentado en el poder de una España sumida en la posguerra. En el exterior, los ejércitos de Hitler asolaban Europa, presagiando una época de sombras sobre el Viejo Continente. Por razones de afinidad política el régimen franquista mantuvo una política de alineamiento con la Alemania nazi que a punto estuvo de implicar a nuestro país en el bando de las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Fruto de estas buenas relaciones, el Führer quiso agradecer a Franco el apoyo recibido con un regalo muy especial.
El Mercedes Benz 540 G-4 W31 fue un impresionante vehículo diseñado por los ingenieros de la fábrica automovilística alemana en los años treinta para cubrir las necesidades de la Wehrmacht de contar con un coche de representación de alta gama con cierta capacidad todoterreno que pudiera ser usado por los jerarcas del III Reich en paradas militares o con motivo de celebraciones especiales. Equipado con un motor de ocho cilindros en línea y 115 caballos de potencia, capaz de mover a sesenta y siete kilómetros por hora las casi cuatro toneladas que tenía de peso, este elegante descapotable de seis ruedas con tracción a los dos ejes traseros contaba con un amplio espacio interior y tres filas de cómodos asientos tapizados en cuero negro. Dotado de innovadores avances tecnológicos como una sofisticada suspensión, servofrenos hidráulicos y acelerador en el volante, los primeros vehículos salieron de la cadena de montaje entre los años 1937 y 1938, siendo entregados a las SS para que fueran usados por Hitler y su séquito.
Con la carrocería pintada en un elegante gris brillante y los guardabarros en negro, fueron usados en varios actos oficiales. En fotografías de la época puede verse a Hitler subido en unos de estos Mercedes durante la ceremonia de inauguración de la autopista a Munich y en su recorrido triunfal por las calles de Viena tras la anexión de Austria y en la Praga y el París ocupados. Las comitivas contaban con algunos de estos coches como escolta armada con ametralladoras. Otros con techo cerrado fueron empleados como estaciones de radio móviles y uno fue transformado para servir de transporte de equipajes. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial los vehículos supervivientes de este modelo fueron repintados de color negro mate o de camuflaje para adoptarlos a su uso militar. Algunos modelos de la versión G-4 también fueron utilizados por altas personalidades del régimen nazi como Hermann Göering.
 
La prensa de la época se hizo eco de la noticia y en su edición del 7 de enero de ese año el diario La Vanguardia incluyó el titular “El Führer regala al Caudillo un automóvil”
Uno de estos impresionantes Mercedes fue elegido por Hitler para agasajar a Franco con motivo de su cumpleaños en 1940, onomástica que se celebraba el 4 de diciembre. La prensa de la época se hizo eco de la noticia y en su edición del 7 de enero de ese año el diario La Vanguardia incluyó el titular “El Führer regala al Caudillo un automóvil”, para después continuar diciendo “…Se anuncia que dentro de unos días será traído a Barcelona para ser reexpedido a Madrid, un magnífico automóvil que el Führer regala al Generalísimo Franco”. Acompañado por una felicitación personal de Hitler, el vehículo llegó al puerto de Barcelona a principios de 1940, continuando viaje por carretera por sus propios medios hasta Madrid. Posteriormente Franco escribió una carta dirigida al líder nazi en la que se expresaba en los siguientes términos, “Le agradezco profundamente los cordialísimos deseos que tiene a bien consignar en su afectuosa carta del 28 de noviembre. Este espléndido y delicado obsequio, que tan íntimamente me ha conmovido, será objeto de mi particular estima”. 
El 24 de enero de 1940 el embajador alemán Eberhard von Stohrer, antiguo piloto de carreras y gran aficionado a los coches, hizo entrega a Franco del Mercedes 540 G-4 en una ceremonia oficial que tuvo como escenario el patio nevado del Palacio de Oriente. En una de las fotografías que inmortalizaron el acto, Franco posó muy satisfecho mientras inspeccionaba el exclusivo regalo enviado por el Führer. El equipamiento de lujo de este singular vehículo incluía cadenas para la nieve diseñadas especialmente para sus neumáticos y un juego de seis maletas de viaje hechas a medida por la emblemática marca Karl Baisch que encajaban perfectamente en el maletero. 
Según el testimonio de José Gómez Gallego, el que fuera chofer personal de Franco, este Mercedes sufrió algún contratiempo durante las pruebas a las que fue sometido en el Monte de El Pardo. En el transcurso de una de ellas habría quedado atrapado en el barro sin que la reductora ni la tracción a sus dos ejes motrices pudieran sacarlo del atolladero, siendo necesaria la asistencia de otro vehículo para ser remolcado. Este coche tampoco satisfizo a Franco que lo usó en contadas ocasiones, especialmente en batidas de caza cerca de su residencia oficial, pero nunca en actos oficiales ni en desfiles.
Esta joya automovilística también se exhibe en perfecto estado de conservación y luciendo su pintura original en las dependencias del garaje de la Sala Histórica del Cuartel de El Rey. Es el único 540 G-4 W31que ha conseguido sobrevivir en estado original al paso del tiempo de los cincuenta y siete coches de esta serie fabricados por la mítica marca alemana. Después de llegar a un acuerdo con Patrimonio Nacional, entidad propietaria del vehículo, en el año 2001 fue sometido a una exhaustiva y completa revisión en las instalaciones del Mercedes Benz Classic Center de Stuttgart. En el transcurso de la misma fue desmontado por entero para proceder a trabajos de conservación, manteniendo todas las piezas originales a la hora de llevar a cabo de nuevo su ensamblaje, completado en el 2004.
 
En 2009 un coleccionista privado puso a la venta en Estados Unidos tres de estos vehículos por un precio total de nueve millones de dólares
Para hacernos una idea del valor económico que podría alcanzar este coche en el mercado, en el 2009 un coleccionista privado puso a la venta en Estados Unidos tres de estos vehículos, restaurados con componentes modernos, por un precio total de nueve millones de dólares. En el caso del Mercedes de Franco, y teniendo en cuenta su estado original, superaría con creces esa cantidad de dinero, precio al que habría que añadir su incalculable valor histórico. 
 
LIMUSINA BLINDADA
El 4 de diciembre de 1942 entró en servicio un Mercedes Benz 770K Pullman Limousine adquirido por el Ejército español como coche de representación para los desplazamientos oficiales del general Franco. Conocido como Gross Mercedes, “Gran Mercedes”, este vehículo incorporaba los últimos avances tecnológicos de la época, como un motor de aleación ligera de ocho cilindros en línea con compresor capaz de desarrollar ciento cincuenta caballos de potencia más otros setenta y cinco adicionales, cinco velocidades, frenos hidráulicos servo asistidos, tacógrafo o faros orientables, equipamiento que la industria automovilística de nuestros días publicita como revolucionarias innovaciones aplicadas a los coches actuales. Con un peso de más de cuatro toneladas, estaba protegido con un blindaje de acero de dieciocho milímetros y gruesos cristales antibala de cuarenta milímetros. Como dato curioso, contaba con un limitador de velocidad a ochenta kilómetros por hora, tal y como advertía en alemán una placa colocada en el salpicadero. A mayor velocidad no hubiera habido frenos capaces de detener el peso del coche. 
De este majestuoso automóvil sólo se fabricaron dieciocho unidades, de las cuales ocho fueron limusinas blindadas, lo que denota su carácter exclusivo. Tanto en sus modelos con techo rígido o descapotables, la mayoría fueron usados por los jerarcas nazis como vehículos de representación. Entre sus usuarios estuvieron Hitler, Heinrich Himmler y Göring. De este modelo también se fabricó una versión corta descapotable de dos puertas. A bordo de uno de estos coches el sanguinario Reinhard Heydrich, Protector de Bohemia y Moravia conocido como la bestia rubia, resultó herido de muerte en 1942 en un atentado sufrido en las calles de Praga. 
 
La silueta elegante de este automóvil se hizo habitual en sus desplazamientos por los alrededores del Pazo de Meirás
El Ejército español compró un segundo Mercedes Benz 770K blindado que fue utilizado como coche de protocolo con matrícula del Parque Móvil Ministerial PMM-1359. En una ironía del destino, en mayo de 1942 Carlton J. H. Hayes, el nuevo embajador de los Estados Unidos en España, acudió a la ceremonia de presentación de cartas credenciales ante Franco en el Palacio de Oriente a bordo de este automóvil que en las fotografías de la época aparece con la bandera norteamericana ondeando en los mástiles de sus guardabarros mientras era escoltado por la Guardia Mora. Este coche se exhibe en las instalaciones del Parque y Centro de Mantenimiento de Vehículos “Ruedas nº. 1”, dependencias del Ejército de Tierra situadas en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz donde también se expone el camión Pegaso que transportó el féretro con los restos mortales de Franco. 
En cuanto al Gross Mercedes destinado al uso personal de Franco, la silueta elegante de este automóvil se hizo habitual en sus desplazamientos por los alrededores del Pazo de Meirás. Tras su muerte este coche pasó a pertenecer a Patrimonio Nacional. Junto con el G-4, su hermano mayor, el 770K fue sometido en el 2001 a una profunda revisión en el Centro de vehículos Clásicos de la casa Mercedes, trabajos de restauración que también concluyeron en el 2004. En el año 1974 estos dos coches recibieron matrículas civiles correlativas, concretamente M-4199-AD para el Gross Mercedes, y M-4200-AD el G-4, sin que se conozca cuál fue el motivo que provocó esta decisión, aunque todo apunta a que tuvo que ver con las intenciones de la familia Franco, que a principios de la década de los noventa reclamó sin éxito la propiedad de estos dos vehículos por vía judicial. 
 
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Hitler, el régimen franquista se presentó ante el mundo como un baluarte contra el comunismo en Europa
 
LOS HAIGAS AMERICANOS
Durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX se hizo muy popular el término “haiga”, sustantivo que se encuentra actualmente en desuso pero que en aquel tiempo era sinónimo de coche grande y lujoso, relacionado sobre todo con los automóviles americanos que empezaban a llegar a España. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Hitler, el régimen franquista se presentó ante el mundo como un baluarte contra el comunismo en Europa, buscando así un reconocimiento por parte de los Estados Unidos que hiciera olvidar las buenas relaciones que había mantenido en el pasado con la Alemania nazi. Reflejo de este cambio de política, los Mercedes oficiales usados por Franco durante los primeros años de la posguerra española fueron relegados al olvido de los garajes de los que no volvieron a salir, siendo sustituidos por automóviles de fabricación norteamericana.
El primero de estos haigas fue un Cadillac limusina descapotable de 1948. El coche fue dado de alta en España el 30 de marzo de 1950 con matrícula del Ejército de Tierra ET-42922 y asignado a la Dirección General de Transportes. Equipado con un motor de ocho cilindros en V y 5500 centímetros cúbicos, era capaz de impulsar sus más de tres toneladas de peso a ciento veinte kilómetros por hora, con un consumo desmesurado de gasolina que alcanzaba los treinta litros a los cien.
En las instalaciones asturianas de la Fábrica de Armas de Trubia se procedió al blindaje de la parte trasera del habitáculo con gruesas planchas metálicas, además de montarle una mampara y cristales antibalas. Resulta cuando menos llamativo que los responsables de la seguridad de Franco optasen en los desplazamientos oficiales por un automóvil descapotable que aunque estuviese blindado ofrecía escasa protección a su ocupante. Además, en caso de atentado los terroristas podían dejar inmovilizado al vehículo si mataban o herían al chofer sentado en la parte delantera que no estaba blindada, eliminando así cualquier posibilidad de escapar al ataque. El magnicidio de Kennedy en 1963 puso en evidencia el riesgo al que se exponía un mandatario que fuera en un descapotable. A partir de entonces se revisaron los protocolos de seguridad y Franco, salvo en contadas ocasiones, dejó de utilizar este tipo de coches en sus apariciones en público.
 
Entre su equipamiento de serie no estaba disponible el aire acondicionado, elemento que actualmente se considera indispensable en todo vehículo de lujo
El gusto de Franco por los haigas de procedencia norteamericana se mantuvo durante las décadas de los sesenta y setenta, cuando se adquirió toda una flota de coches de lujo fabricados en los Estados Unidos. En los últimos años del régimen llegaron a España varios Cadillac Fletwood, vehículos excesivos que encajaban perfectamente con la imagen que entonces se tenía de los coches norteamericanos. El Fletwood disponía de un motor de ocho cilindros en V y 7700 centímetros cúbicos que le permitía alcanzar los ciento ochenta kilómetros por hora. En la Sala Histórica del Cuartel de El Rey se exhibe uno de estos automóviles, concretamente el matriculado ET-53081 el 1 de agosto de 1974. Como dato curioso, entre su equipamiento de serie no estaba disponible el aire acondicionado, elemento que actualmente se considera indispensable en todo vehículo de lujo. A su lado se expone otro Cadillac, en este caso descapotable y con luces prioritarias azules en su frontal, en el que viajaban los guardaespaldas más próximos a Franco en las comitivas. Gracias al trabajo y dedicación del amplio equipo de mecánicos de la Guardia Real, la flota de Cadillacs se mantiene plenamente operativa, siendo empleados como “vehículos de respeto”, coches empleados durante la celebración de importantes ceremonias oficiales y actos de Estado. 
 
LOS ROLLS ROYCE
Con ocasión de la proclamación de Felipe VI y en la conmemoración de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, en las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación pudimos contemplar en fechas recientes el rodar majestuoso de los Rolls Royce en los que los Reyes se trasladaron a los actos oficiales de aquellos días. Estamos acostumbrados a la presencia de estos automóviles de aspecto solemne en los que se desplazan los miembros de la Familia Real y altas personalidades o mandatarios extranjeros en sus visitas a España, pero existe un total desconocimiento sobre la historia que rodea a estos vehículos.
 
Estos automóviles fueron diseñados para circular a baja velocidad formando parte de comitivas oficiales, desplazamientos en los que la potencia es un detalle que carece de importancia
El modelo en cuestión es un Rolls Royce Royal Phantom IV, diseñado en 1950 por la marca en honor del vigésimo quinto cumpleaños de la entonces princesa Isabel, futura Isabel II del Reino Unido de Gran Bretaña. Tan sólo llegaron a fabricarse dieciocho unidades de este exclusivo automóvil. Cuatro de ellas fueron reservadas para la Casa Real británica y el resto fueron a parar a selectos clientes de la realeza, como el Sha de Irán, el rey Faisal de Irak o el Aga Khan, a excepción de los tres coches que fueron apartados para Franco. El primero de ellos, con el chasis 4AF18, fue encargado el 18 de octubre de 1948 y entregado el 28 de marzo de 1952. Se trataba de una versión de asientos tapizados en cuero verde esmeralda y completamente blindado. El segundo, fabricado con el número de chasis 4AF14, fue entregado el 13 de junio de 1952 y junto con el 4AF16, que llegó a España el 4 de julio de ese mismo año, tenían blindada sólo la parte trasera. La colección se completó con un Rolls Royce Silver Wraith dado de alta el 28 de marzo de 1952. El primer acto oficial en el que participaron fue el Desfile de la Victoria de aquel año, acto que conmemoraba el triunfo de Franco en la Guerra Civil. 
Todos estos vehículos fueron lujosamente carrozados por la empresa londinense H. J. Mulliner & Co., que les dotó de un equipamiento exclusivo. Los coches montan un motor de seis cilindros en línea de 4880 centímetros cúbicos, aunque en las especificaciones de Rolls Royce no se hace referencia a su potencia. A las consultas sobre este respecto, el fabricante responde con “la suficiente”, expresión que denota cierta arrogancia británica. En realidad estos automóviles fueron diseñados para circular a baja velocidad formando parte de comitivas oficiales, desplazamientos en los que la potencia es un detalle que carece de importancia.
Estos coches fueron matriculados con placas correlativas del Parque Móvil de Vehículos del Ejército de Tierra que van desde la ET-42926-O a la ET-42929-O. En la actualidad, los mecánicos de la Guardia Real se encargan de su mantenimiento con revisiones constantes que los conservan en perfecto estado de funcionamiento, trabajos que les permiten circular en las grandes ceremonias de Estado. Durante la visita realizada a la deslumbrante exposición de estos coches que se conserva en el Cuartel de El Rey en el Pardo, previa a la redacción de estas páginas, uno de los Rolls Royce llegaba de superar la ITV obligatoria.
 
Todavía estaban muy recientes los trágicos atentados del 11M y por razones de seguridad se decidió encargar para la ocasión a una empresa especializada en el blindaje de vehículos el diseño de una cubierta de cristal antibala
En los actos oficiales el matriculado ET-42926-O esta reservado para los desplazamientos de S.M. el Rey. Con motivo de la celebración de este tipo de ceremonias, la matrícula del Ejército de Tierra es sustituida por una placa con el escudo real. Los restantes Rolls Royce están a disposición de los jefes de estado extranjeros durante las recepciones oficiales que tienen lugar en el transcurso de sus viajes oficiales a España. En la boda del entonces Príncipe don Felipe con doña Letizia se empleó el modelo descapotable de la colección. Todavía estaban muy recientes los trágicos atentados del 11M y por razones de seguridad se decidió encargar para la ocasión a una empresa especializada en el blindaje de vehículos el diseño de una cubierta de cristal antibala que permitiera a la pareja de recién casados saludar a la multitud congregada a su paso. Entre el equipamiento que con motivo de la Boda Real se instaló en este Rolls Royce también se incluyó un equipo de aire acondicionado 
Desde el Mercedes G-4 hasta los Cadillacs, sin olvidar algunos de los coches que en su día fueron regalados a S.M. el rey don Juan Carlos I por mandatarios extranjeros, estos vehículos pueden contemplarse en la Sala Histórica del Cuartel de El Rey en El Pardo, junto con un interesante museo dedicado a repasar la andadura de la Guardia Real desde su creación. Sus instalaciones se abren al público todos los miércoles, excepto festivos y durante los meses de julio y agosto, y también los primeros sábados de cada mes. Tanto las visitas individuales como las de grupo deben solicitarse a través del teléfono 91 731 71 78 o en la dirección de correo salahistoricaguardiareal@oc.mde.es . Durante el recorrido guiado el personal de la Guardia Real atenderá nuestras preguntas sobre la historia oculta que esconden estos impresionantes coches. Sirvan estas páginas como reconocimiento a la labor que los comandantes Galindo y Mateo, el capitán Fernández del Hoyo, y los brigadas José Alberto Santos Márquez y Miguel Ángel Pérez Rubio, dedican a la conservación del valioso patrimonio de nuestro pasado más reciente que representan estos vehículos. 
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