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Keops, el Dios que levantó la Gran Pirámide

Viernes 06 de Marzo, 2020
Es la única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie, y tanto sus dimensiones como el enigma que suponen ciertos aspectos de su construcción han hecho de las pirámides de Guiza, y en especial de la construida por el faraón Keops, uno de los monumentos más fascinantes de la historia. Todavía hay muchas hipótesis sobre cómo se construyó esta obra gigante.

En los últimos doscientos años, la Humanidad ha asistido a un desarrollo tecnológico y científico sin parangón. En ese tiempo se han revolucionado todos los ámbitos del conocimiento, desde la física a la medicina, pasando por las matemáticas, la astronomía o la ingeniería. Hemos logrado, incluso, poner un pie en la Luna y enviar sondas y vehículos al lejano planeta Marte; edificios como el Burj Khalifa –el más alto construido hasta la fecha– arañan el cielo con alturas que rozan los 830 metros. Y, a pesar de todo, un monumento construido hace más de 4.500 años en las arenas del Antiguo Egipto, la gran pirámide de Keops, sigue siendo causa de asombro y continúa espoleando nuestra fantasía. De hecho, cuesta imaginar otro monumento más famoso en todo el planeta.

No es para menos. La civilización que erigió las pirámides de la meseta de Guiza desconocía avances tan básicos como la rueda o las poleas, pero dio muestras de un dominio sorprendente en campos como las matemáticas, la arquitectura e incluso la astronomía; un saber que le permitió levantar una mole pétrea de 147 metros de altura, compuesta por unos 2,3 millones de bloques de piedra y orientada con precisión casi milimétrica a los puntos cardinales. A día de hoy, sigue siendo un misterio qué método exacto emplearon sus constructores para hacer realidad semejante hazaña, que durante más de 4.000 años ostentó el récord de monumento más grande jamás construido.

La finalidad de aquella fabulosa pirámide sí se conoce: tanto la pirámide de Keops como las de los otros monarcas eran tumbas, pero no unas tumbas cualesquiera; eran un medio para garantizar al faraón-dios un lugar de honor en el reino celeste de Ra, junto al resto de divinidades, lo que a su vez significaba asegurar la prosperidad de Egipto y de su pueblo. Si con la creación de su majestuosa necrópolis Keops buscaba garantizar su inmortalidad, sin duda logró su objetivo con creces. Tanto él como su obra se han hecho un hueco de honor en la historia. Hoy seguimos fascinados por su legado, en parte quizá porque muchos de los secretos de su pirámide y los detalles de buena parte de su biografía se han perdido, quizá para siempre, en las brumas del tiempo.

¿CUÁNTO TIEMPO REINÓ?

Uno de los muchos interrogantes que rodean a la figura de Keops es el de su aspecto físico, pues apenas se conservan representaciones completas de este faraón. Uno de los ejemplos mejor conservados es una pequeña estatuilla de marfil (mide apenas siete centímetros) que se custodia en el Museo Egipcio de El Cairo. Otra pieza, en este caso expuesta en el Museo de Arte Egipcio de Múnich, nos muestra sólo parte de su rostro y adolece de un mal estado de conservación.

Durante mucho tiempo, hubo también numerosas dudas y cierta controversia sobre la duración del mandato de Keops. Las cifras ofrecidas por Heródoto o el historiador egipcio Manetón (siglo III a.C.) apuntaban a reinados de 50 y 63 años, respectivamente; algo que, a ojos de los estudiosos actuales, parecía sin duda exagerado. Poco a poco, y con ayuda de diversas inscripciones y fragmentos de papiros contemporáneos –como los descubiertos en 2013 por arqueólogos franceses–, se ha podido determinar que Keops ejerció su mandato durante unos 30 años, puede que un poco más.

Tampoco su árbol genealógico está del todo claro, pues si bien se le suele considerar hijo del faraón Snefru (su antecesor), tampoco hay certeza de que fuera su hijo biológico. Sí parece más claro que su madre fue Hetepheres I –esposa de Snefru–, y que tuvo dos esposas, Meritites I y Henutsen. Su hijo Kefrén y su nieto Micerino fueron los responsables de la construcción de las pirámides que acompañan a la suya en la necrópolis de Guiza.

En lo que respecta a su política interior y exterior, de nuevo encontramos pocas respuestas. Los datos más precisos proceden en su mayor parte de inscripciones, como las encontradas en bloques de piedra de varias canteras. Algunas de ellas hacen referencia a las distintas expediciones que Keops envió para nutrirse de cobre, turquesa y otros materiales valiosos.

También hay evidencias arqueológicas que indican contactos comerciales con la fenicia Byblos, donde entregó herramientas y armas a cambio de la preciada madera de cedro libanesa, empleada, entre otras cosas, para construir los barcos funerarios hallados en la necrópolis de Guiza. Otra valiosa fuente de información son los cientos de fragmentos de papiro descubiertos en 2013 en el antiguo puerto de Wadi al-Jarf, en el Este del país, y que describen con detalle el envío de suministros por parte del rey a los trabajadores de los astilleros. Entre estos papiros se descubrió el llamado Diario de Merer, un trascendental documento en el que su autor, un oficial vinculado con la construcción de la Gran Pirámide, relata pormenores de tres meses de su vida, en los que ofrece una valiosa descripción sobre el proceso de traslado de los bloques de piedra caliza extraídos de la cantera de Tura, empleados, muy probablemente, para el recubrimiento de la gran obra de Keops.

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