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Desentrañando los misterios del yacimiento íbero de La Cava

Viernes 06 de Septiembre, 2019
El yacimiento arqueológico de La Cava, en Garcinarro (Cuenca) está siendo estudiado por un grupo de arqueólogos que pretenden sacar a la luz todos sus secretos
Desentrañando los misterios del yacimiento íbero de La Cava

En la península ibérica del siglo VII al I antes de Cristo habitaron lo que conocemos como pueblos íberos. Solían vivir en lugares amurallados y en montes que les facilitaban la defensa así como vigilar las áreas de cultivo. Normalmente sus templos, donde éstos profesaban su religión naturalista, eran construidos alejados de los núcleos donde residían. De ahí que el yacimiento de La Cava, que se sitúa en Garcinarro, Cuenca, sea desde hace cinco años, cuando comenzaron las investigaciones, un misterio por desentrañar.

Este verano, en una nueva campaña de excavaciones, pretenden recuperar estructuras de la Edad del Bronce así como aclarar incógnitas sobre hallazgos como las cazoletas talladas en la roca o un edificio íbero sin igual en nuestro país.

Miguel Ángel Valero, director de las excavaciones desde sus inicios y profesor de historia antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha, comenta que quizás “puede ser un lugar de almacenamiento o de culto” pero quedando claro que se trataría de un edificio muy importante “por la energía empleada en la ejecución”, anota.

Se continúan recuperando estructuras como la muralla de “La Cava”, que es considerado como un yacimiento singular dado el buen estado de conservación de sus estructuras, pero también por su carácter “multifásico” debido, entre otros, a que diferentes civilizaciones que lo usaron, no eliminaron los vestigios de las ocupaciones anteriores sino que construyeron sobre los restos.

Esta singularidad ha permitido a los arqueólogos encontrar lo que Valero ha apuntado: “lo bueno de esta yacimiento arqueológico es que durante las diferentes épocas de la ocupación de este poblado, sus inquilinos no limpiaron lo que dejaron los que les precedieron, sino que reutilizaron los espacios y materiales. Por lo tanto, los espacios son como auténticas cápsulas del tiempo selladas que nos han permitido recuperar una información muy buena, sin esperar que la cronología original fiera de la Edad del Hierro”.

El lugar fue usado no sólo en la Edad del Bronce, sino que también lo fue en la Edad del Hierro, Baja Edad Media, la Edad Moderna y hasta en los años 60 y 70 del siglo pasado por pastores. Por lo tanto la suerte a la hora de poder encontrar diferentes secuencias estratigráficas es que el material usado ha sido la misma roca retallada.

Lo más curioso del yacimiento, es un edificio de época íbera en el que los trabajos han sacado a la luz tres estancias intercomunicadas por un pasillo retallado en la roca, volado sobre un precipicio de unos 60 metros. Se ha intentado encontrar algún paralelismo con otras edificaciones pero de momento todo parece un rompecabezas que imaginamos que con el tiempo y el trabajo que se está realizando en el lugar, puede que se consiga comprender algo. 

Los trabajos arqueológicos fueron auspiciados por el anterior alcalde de Valle de Altomira, Antonio Fernández Odene, que dado su interés por la historia y la arqueología, fue el que llamó la atención de los profesionales para poner en el punto de mira este fantástico yacimiento arqueológico.

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