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TENDIENDO PUENTES

Miércoles 23 de Junio, 2010
En una época en la que las alianzas son necesarias no vendría mal reforzar los lazos que unen a España con América. Evidentemente, para solidificar esa unión hay que intentar mirar al pasado en su justo contexto. A nadie se le escapa que los conquistadores españoles cometieron actos reprobables que son propios de los conflictos bélicos en todos los tiempos y que, por norma general, tienen como ejecutores a quienes vencieron en esos combates. Pero al igual que es cierto esto que señalo, también lo es que España es una excepción en cuanto a ese dicho de aplicación universal que señala que la Historia la escriben los vencedores, que exculpan en sus relatos las atrocidades que cometieron.

Hoy sabemos perfectamente lo que pasó. Y ojo, que unos y otros hicieron de todo. Ni Hernán Cortés –a quien le dedicamos el texto central de este número– fue un santo, ni los rivales que se encontró por el camino eran mucho mejores. Pero tampoco olvidemos cuándo ocurrió aquello, cuáles eran los registros morales de los hombres de entonces y el escaso valor que a veces tenía la vida para ellos. Los tiempos han cambiado y el conocimiento del pasado debe situarse en su justa medida. Ver las cosas con la distancia que da el tiempo ayudaría mucho a las relaciones entre España y América. Con todo esto no quiero decir, ni mucho menos, que exista recelo entre los ciudadanos de uno y otro lado del Atlántico. Señalarlo así sería faltar a la realidad, en una época en la que diferentes situaciones sociales han unido las vidas de todos nosotros. Pero las cosas aún pueden mejorar y todos saldríamos beneficiados. Da la sensación de que existe una pequeña barrera que aún podría saltarse. Si se consiguiera, no sólo ganaría la sociedad, sino también la cultura común y la economía compartida.

En el fondo, y permítanme el juego de palabras e imágenes, todavía quedan puentes que tender entre ambos mundos. Qué mejor dicho en un número en el cual hemos decidido incluir un dossier gráfico que resume en imágenes la trascendencia histórica de los puentes peninsulares, en un país, surcado por valles y ríos, que nunca hubiera podido crecer de no haber sido por los esfuerzos de nuestros antepasados –y de los ingenieros de hoy día– por unir pueblos y ciudades separadas por ríos. Ya los romanos se dieron cuenta de lo importante que era crearlos en nuestra Península. Y sobre asuntos relacionados con la vertebración social y económica ningún pueblo supo más que el romano. Espero que disfruten del mencionado dossier, como del texto sobre Hernán Cortes así como sobre esa sorprendente investigación que situó a Hitler en España después de suicidarse… Contradictorio, sí, porque mientras no se demuestre lo contrario lo único seguro es que estaba muerto, pero el nivel de penetración de esa información en determinados sectores nos obligaba a hacernos eco de la misma con escepticismo pero con mente abierta.

Bruno Cardeñosa
Director
bruno.cardenosa@eai.es
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