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El mito de la caverna sigue en vigor

Martes 21 de Julio, 2015
Es un tópico, pero como muchos tópicos tiene algo de verdad, algo o mucho. Podemos decir que somos hijos de la historia; podemos decir que, aunque las cosas no son lineales –y las versiones oficiales las escriben los vencedores–, una cosa es consecuencia de la otra; y podemos decir que lo que ocurrió ayer tuvo una influencia enorme en lo que ocurre hoy. Bruno Cardeñosa
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Todo eso es tan cierto como que somos hijos de Roma y Grecia y que las civilizaciones actuales deben mucho de su organización a esas dos culturas. A Roma le debemos gran parte de la estructura social y económica actual, porque nuestro mundo se ha adaptado a los tiempos, pero la forma de funcionar las cosas no es tan diferente ayer de hoy. En esta ecuación no debe faltar Grecia. Dicen que la filosofía occidental se originó allí... más unas cuantas anotaciones a pie de página. En el fondo, la filosofía trata de entender al ser humano y para eso no son necesarias las máquinas ni la tecnología. Los antiguos carecían de ella –aunque, desde luego, tenían más de lo que creemos–, pero para entender al ser humano no es necesaria la tecnología, sino el corazón, el sentido común y la estructura social.

Posiblemente, el mito de la caverna de Platón es la alegoría filosófica más importante que existe. Nos cuenta la historia de un prisionero que está con otros como él, al fondo de una cueva, esposado de pies y manos y viendo la realidad, junto a los que son como él, de los objetos que portan los que están afuera. Sus sombras en las paredes son lo que son, claro, pero tras pasar por la luz de una hoguera que arde dentro de la cueva. Es decir, ven la realidad, pero es una realidad alterada.

Uno de aquellos prisioneros logra zafarse de las cadenas y sale al exterior, no sin antes superar la escarpada ascensión que tiene frente a sí. La salida es dura, pero no por lo físico, sino porque afuera se encuentra con la verdad absoluta y descubre que lo que se ve desde dentro está alterado por esa hoguera y sus llamas. Aunque la idea es sencilla, lo que contó Platón es la aproximación más ajustada a la forma de relacionarse los que están arriba con los que están abajo.

El poderoso –no siempre tiene que ser malo y perverso, ojo– intenta que veamos las cosas como él quiere que las veamos. Y esa ha sido la realidad desde siempre: la que otros quieren que sea. Así se ha relacionado el poder con sus súbditos antes, durante y después de Platón. Y así lo seguirá haciendo siempre. Pero la lucha del ser humano por salir de la caverna ha estado tan presente a lo largo de los tiempos como la intención del poderoso. Teorizó sobre ello Platón en la Grecia clásica, y su idea perdura.

Lo que tiene que perdurar ahora es comprender por qué Grecia desea ciertas cosas. Quizá algunas no las entendamos y quizá en otras se equivoquen, pero lo que está pasando allí ahora no deja de ser una actualización de aquel mito. Que nadie se olvide de una de las posibilidades que se abrían al final de aquel relato: el prisionero que huyó y logró salir al exterior era criticado por los suyos bajo la acusación de que la luz del sol lo había cegado.

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