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Injusticias históricas

Martes 25 de Agosto, 2009
Allá donde se vaya, en cualquier parte del mundo, se tiene la imagen de los templarios como lo que realmente fueron: hombres que entregaron su vida a Dios y que, pese a ello, no tuvieron inconveniente en coger las armas para defender las propiedades de la Cristiandad. Ellos se unieron también a las guerras santas contra el infiel, léase contra el que predicaba y apoyaba otra religión. Cierto es que, por aquel entonces, a partir del siglo XII, proliferaron decenas de órdenes militares, e igualmente cierto es que ninguna alcanzó el poder e influencia de los templarios, que tuvieron una participación decisiva en no pocas batallas de la Reconquista. Seguramente, la Historia no hubiera sido la misma de no existir estos caballeros de cruz roja en el pecho. Pero más allá de esa visión, existe una segunda historia no oficial sobre los templarios…

Y como eran monjes-guerreros preparados, entrenados y entregados a su causa (cabría preguntarse si esa causa siempre fue religiosa o hubo también ambiciones crematísticas de por medio), se hicieron temibles en las batallas. Los reyes no encontraron otra forma de compensarles que darles territorios, posesiones, castillos… En definitiva: poder. Tanto, que la Iglesia por un lado y los nobles por otro acabaron tomando la decisión, tras haberlos amparado en primera instancia, de quitárselos del medio como siempre se ha hecho con los “incómodos” a lo largo de siglos y siglos: inventando falsas acusaciones y situándolos al otro lado del bien. Se cometió una terrible injusticia histórica contra ellos. Con objeto de mostrarlo con veracidad y sin apasionamientos, huyendo de leyendas, hemos preparado un dossier en este número de Historia de Iberia Vieja. Si vosotros, lectores, os enfrentáis a estos textos esperando encontrar historias de ciencia ficción, seguramente quedaréis decepcionados… o quizá no, porque descubriréis que en la verdadera historia del Temple hay muchos elementos tanto o más fascinantes que las leyendas que se cuentan de estos personajes.

Por cierto, mientras escribo estas líneas estoy a punto de entrar en la Hispanic Society of America, un museo que alberga la mayor colección de arte y documentos históricos sobre nuestro país lejos de las fronteras españolas. Evidentemente, en algún lugar debía encontrarse esa colección, pero sorprende sobremanera que este museo albergue obras que deberían estar, por ejemplo, en El Prado. Nuestras autoridades no parecen estar por la labor de reclamar este patrimonio. Me refiero a algunos de los cuadros más llamativos de genios como Goya, El Greco o Velázquez. Lo único “bueno” es que este desconocido museo está en Harlem, sí, en Harlem, ese descuidado barrio del norte de Manhattan en Nueva York que durante décadas y décadas ha sido patria de desheredados por cuestiones económicas o/y raciales, es decir, por injusticias. Al menos, es motivo de orgullo que este museo se encuentre a unas pocas manzanas de las calles Malcolm X o Martin Luther King, hombres que hoy son un icono para los habitantes de Harlem. Por lo menos, nuestros genios tienen su arte cerca de las injusticias.

Y no sólo esa: a pocas calles de ahí, ya en las verdes praderas del gigantesco Central Park, está el monumento que recuerda a las víctimas del Maine, el buque de guerra norteamericano que estalló en Cuba en 1898 a causa de una misteriosa explosión con más de doscientos marines a bordo. Nosotros, en Historia de Iberia Vieja, ya demostramos que la “versión oficial” era falsa: se acusó a terroristas españoles de estar detrás de la masacre. Lo cierto es que jamás se pudo demostrar que esa fuera la verdad, pero en la conciencia colectiva norteamericana y en el monumento de homenaje, nosotros seguimos siendo los malos de esa película, por mucho que esté demostrado lo contrario por activa, pasiva y perifrástica. Una injusticia histórica más…


Bruno Cardeñosa
Director
bruno .cardenosa@eai.es
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