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UN VALENCIANO LLAMADO IBN YUBAIR

Martes 24 de Marzo, 2009
El mundo islámico ha proporcionado a la historia medieval grandes viajeros. Algunos emprendieron la travesía por motivos comerciales o militares, con el telón de fondo de un agitado mar Mediterráneo al que ni cristianos ni musulmanes podían denominar mare nostrum; otros, por razones políticas, como el historiador y filósofo tunecino Ibn Jaldún (1332-1406), diplomático en la corte sevillana de Pedro I de Castilla y ante el soberano mogol Tamerlán.
Por: Jorge García

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Pero la mayoría lo hicieron impelidos por uno de los sagrados preceptos del Corán, el cumplimiento de la peregrinación a la ciudad santa de la Meca al menos una vez en la vida, categoría a la que pertenece una gran parte de los relatos de viaje que se han conservado hasta nuestros días, y que inauguran todo un género literario, la rihƒwla. Entre sus autores, de dispar procedencia, abundan personajes andalusíes y del magreb que abandonaron sus hogares en pos de completar su formación en los puntos de producción científica e intelectual renombrados del Mediterráneo y el Oriente Próximo, donde impartían sus lecciones los sabios más doctos de la época.

Predecesores de Ibn Ŷubair en esta clase de periplo a medio camino entre la erudición y la devoción religiosa fueron Abu Hamid al-Garnati (el granadino), viajero y comerciante que a partir de 1117 recorrió Marruecos, Túnez, Egipto, Arabia, Siria, Iraq, Rusia y la Europa del este, si bien sus principales estudios y sus más prolongadas estancias se desarrollaron en El Cairo, Damasco y Bagdad, centros por excelencia de difusión de la cultura islámica. Por su lado, el sevillano Abu Bakr Ibn al-‘;Arabi (1076-1148), tras detenerse en diversas localidades norteafricanas recaló junto a su padre en Bagdad, ciudad en la que se embebió de distintas ramas del saber, de modo que a su regreso a al-Andalus se convirtió en un foco de atracción de numerosos jóvenes deseosos de ser sus discípulos. Sin embargo el peregrino que ha alcanzado mayor popularidad ha sido el marroquí Ibn Battuta (1304-1377), cuyas detalladas descripciones de Oriente, fruto de un cuarto de siglo de experiencia viajera, aportan una información fundamental sobre las regiones que visitó, pero asimismo plagian buena parte de los escritos anteriores, incluida la rihƒwla de Ibn Ŷubair; así, a pesar del siglo y medio que distancia a ambos autores, el retrato de la realidad que esbozan en ocasiones es el mismo, independientemente a la caída de los imperios, las invasiones de diferentes pueblos o las nuevas arquitecturas.

Ibn Ŷubair (1145-1217), funcionario de profesión, al igual que su progenitor, procedía de la Valencia englobada en el Imperio Almohade, que regía desde Marrakech el Califa Abu Yaqub Yusuf. En 1183, cuando ejercía de secretario del gobernador de Granada, un desafortunado incidente puso fin a su carrera cortesana, al verse forzado por capricho de su señor a ingerir siete vasos de vino, después de lo cual le compensó con otros tantos vasos repletos de dinares. Este suceso ¡Vciertamente algo novelado- le indujo a partir hacia la Meca, de forma que aprovechando la inesperada suma que se ponía en sus manos atravesó los territorios de Egipto, Arabia, Iraq y Siria, a los que sumó Sicilia a su regreso por mar, itinerario que lo mantuvo fuera de al-Andalus durante dos años y tres meses. Como hombre de letras, poeta y erudito, no dejó de anotar todas las particularidades que descubrió en su camino, ya fueran de índole social, política, religiosa, económica, etc.

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