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EL TOISÓN DE ORO

Viernes 24 de Abril, 2009
Nos encontramos en el año 1430. Una boda por todo lo alto se celebra en la ciudad de Brujas –una de las que mejor conserva hoy la arquitectura de la época medieval–. La ciudad luce majestuosa para asistir al casamiento de Felipe III de Borgoña, conocido como “el bueno”, que contrae matrimonio por tercera vez, en esta ocasión con Isabel de Portugal.
Por: Javier Martín



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Felipe III había trasladado su corte a Brujas y a él le debe como probablemente a ningún otro personaje la prosperidad que viviría durante buena parte del siglo XV. Durante esta época Brujas se convirtió en uno de los centros principales del comercio de Europa y en ella se vivieron algunos de los hitos culturales del final de la Edad Media. Entre ellas la génesis de la orden que nos ocupa.
Porque será el enlace anteriormente señalado el que dé origen a dicho nacimiento. Aprovechando la misma, el duque de Borgoña crea una orden que entronca en cierto modo con la orden británica de la Jarretera, nacida un siglo antes –ver recuadro–. Existe en su creación un interés tanto estratégico –ya que con ella se perseguirá impulsar las relaciones con otras monarquías al otorgársela a sus principales responsables– como de agradecimiento, al ser usada para honrar a quienes mostrasen su lealtad con el ducado de Borgoña.
En un primer momento se decide que sean 24 los caballeros que puedan ser honrados con el reconocimiento de convertirse en caballeros de esta orden. Y es Guillaume de Vienne –señor de san Jorge y de la santa Cruz– el que tiene privilegio de ser el primer caballero de la orden. Poco después, será acompañado por el señor de la Pruna y de la Rocha de Nola, Regnier de Pox. Muy rápidamente se fue ampliando el número de caballeros que tenían cabida en la orden, y tan sólo tres años después, en 1433, ya se aceptaban 30. Será con Carlos I de España con quien aumente el número hasta 51.
A los miembros de la orden se les condecía –aún hoy se hace– un collar que supone el elemento físico que dispone la pertenencia a la orden del Toisón de Oro. La insignia representa el vellocino de oro recuperado por Jasón en la fábula legendaria de los argonautas. Dicha insignia se suspende de un collar cuyas cuentas están conformadas por piedras de las que surgen llamas y por pedernales que modelan la letra “B”, inicial de la casa de Borgoña. Todo ello encarna simbólicamente el emblema de la orden: “Ante ferit quam flamma micet” –“Hiere antes de que la llama prenda”-. Esta frase está recogida de la Biblia, en concreto del Libro de los Jueces.
La habilidad política de Felipe III “el bueno” y su intención de lograr el mayor número de aliados entre los monarcas extranjeros hizo que la orden del Toisón de Oro fuese adquiriendo un gran trascendencia durante su reinado, a lo que contribuyó enormemente el boato con que el duque de Borgoña logró revestirla, concediéndola a los soberanos más poderosos del momento. Será tres años después de su creación, en 1433, cuando sea aprobada oficialmente por las autoridades eclesiásticas, al firmar el Papa Eugenio IV una bula en la que se aprobaban los reglamentos y los estatutos. Cuatro fueron las dignidades con las que se adornaba a la Orden: el canciller, el tesorero, el rey de armas y el secretario. Al frente de todos ellos, y como figura principal de la misma habría de estar el duque de Borgoña.
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