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El misterio del Códice Calixtino

Miércoles 16 de Noviembre, 2011
¿Por qué nos atraen tanto los manuscritos medievales? ¿Por la belleza de sus miniaturas? ¿Porque, tras su aparente fragilidad, se esconden supervivientes de guerras y calamidades sin fin? Lo cierto es que el tiempo ha acabado por sacralizar estos objetos, que enriquecen bibliotecas e iglesias de medio mundo. Hoy, son tristemente célebres por el robo del Códice Calixtino de la catedral de Santiago de Compostela, que sigue envuelto en las brumas del misterio. Por: Alberto de Frutos
En un reciente viaje a Dublín, visitamos la biblioteca del Trinity College y descubrimos que, para componer su mayor tesoro, el Libro de Kells –un manuscrito realizado hacia el año 800 por los monjes celtas de esta localidad–, fue necesario el concurso (involuntario, suponemos)… ¡de 185 terneros!
Hay mucha vida detrás de cada códice medieval, y misterios, y aventuras y leyendas. Imposible mirarlos sin admirarlos, los códices –realizados desde finales de la Antigüedad preclásica hasta las postrimerías de la Edad Media– nos hacen viajar al pasado y soñar con los ojos abiertos. Son muchos los que se dejan hechizar por sus “encantamientos”, como le pasó a Antonio Ovalle, un bibliófilo de los de antes, que ha cedido al Ayuntamiento de Ponferrada su fabulosa colección de facsímiles, expuesta hoy en el castillo templario. Entre las reproducciones que el visitante puede contemplar en el reciento, se encuentran piezas como la Biblia de León, nada menos que 17 beatos o comentarios al Apocalipsis, el citado Libro de Kells, o el Codex Calixtinus, que abre la segunda sala de la muestra, consagrada a las ciencias y las humanidades. Fue, por cierto, el primer ejemplar que adquirió Ovalle. Y, como la actualidad manda incluso en una disciplina tan atemporal como la Historia, comencemos este repaso a los códices medievales hablando de él…
Todo el mundo sabe que el pasado verano le perdimos la pista. Cien años después de que La Gioconda desapareciera del Museo del Louvre, otro robo conmovía los cimientos de la cultura universal. Sin que nadie sepa aún explicar las circunstancias, o las motivaciones de los “bandidos”, un conjunto de cuadernos manuscritos, recopilados en un tomo de 225 folios a principios del siglo XII, “volaba” del archivo de la catedral de Santiago de Compostela. Era el famoso Codex Calixtinus. Pero, ¿qué importancia tiene la pérdida de este documento? Se ha dicho que es “el libro más importante de la Historia de España” (García de Cortázar); que “su desaparición es equiparable al robo de Las Meninas de Velázquez o del Pórtico de la Gloria” (Xosé López Díaz); o que “en una subasta su precio no bajaría de los cien millones de euros” (Manuel Moleiro).

Sorprende, entonces, que las medidas que velaban por su seguridad –sistema de alarmas y contraincendios, cinco cámaras…– se burlaran tan alegremente. Cuatro meses después del robo, todas las hipótesis de trabajo no han servido de mucho, mientras las responsabilidades por el “despiste” se han cobrado hasta ahora la cabeza del canónigo archivero de la catedral, José María Díaz, quien dimitió de su cargo a principios del pasado mes de octubre. Al menos, parece que este atentado contra el patrimonio servirá para redoblar los esfuerzos en el futuro, mediante un inventario de los bienes eclesiásticos gallegos, en el que colaborarán la Consellería de Cultura, la Fiscalía y la Policía.

El valor económico del Liber Santi Jacobi está fuera de toda duda, pero mucho más trascendente resulta su valor espiritual. ¿Qué contiene el códice, que parece haber sumido en la orfandad a tantos amantes de la historia y la cultura en general? Se trata, como hemos visto, de 225 folios de pergamino marcado con números romanos, divididos en cinco libros. En realidad, comienza con una carta dirigida a la asamblea de la basílica de Cluny y a Diego Gelmírez, arzobispo de Compostela; y lo cierran sendos apéndices. Entre medias, pues, se encuentran los libros. El primero es de carácter litúrgico; el siguiente está centrado en la figura de Santiago y relata sus obras y milagros; el tercero recoge la traslación del cuerpo del santo desde Jerusalén a Galicia; mientras que el cuarto aborda la llegada de Carlomagno a la Península, la batalla de Roncesvalles y la muerte de Roldán. El quinto, finalmente, resume las claves que deben guiar al peregrino a lo largo del Camino. Este último libro es, sin duda, el más importante. No en vano, se ha dicho que constituye la primera guía de viajes de España, todo un compendio en once capítulos sobre las gentes, los lugares, la gastronomía, las costumbres o los peligros que afrontaban los viajeros medievales por esa ruta que es mucho más que un espacio territorial.

Las cábalas periodísticas no sirven de mucho en estos casos. La resolución puede llegar mañana, o quizá dentro de mucho tiempo. De momento, nos queda el consuelo de los facsímiles que han sabido apresar su belleza, o de “interpretaciones” como la que ha realizado la casa navarra Liber Ediciones, que comentamos en la última página de este reportaje.

Y la esperanza, cómo no, de los antecedentes, que suelen ser favorables a una feliz resolución, como sucedió con el robo del Beato de Liébana del Museo Diocesano de la Seo de Urgel (Lérida), que culminó con el hallazgo de la pieza, incompleta, eso sí, en la consulta de un psiquiatra de Valencia y la detención de los autores del robo.
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