Se encuentra usted aquí

El gran capitán

Miércoles 18 de Noviembre, 2009
El uno de septiembre de 1453 nació en Montilla (Córdoba) el segundón de la casa de Aguilar, Gonzalo Fernández de Córdoba. De la vida del Gran Capitán se recuerda, sobre todo, el esplendor de su etapa italiana; no tanto el papel que desempeñó en la política europea de su tiempo ni su influencia en los destinos de los reinos hispánicos de Fernando e Isabel.
Por: Alberto de Frutos

Tras la muerte de su padre en 1455, el hermano de Gonzalo, Alfonso, pasó a dirigir la casa de Aguilar, una de las grandes familias nobiliarias de Andalucía. Alfonso estaba casado con una de las hijas de Juan Pacheco, el temible e intrigante marqués de Villena que manejó como a una marioneta a Enrique IV, hijo de Juan II de Castilla. Hasta su incorporación a la Corte, la infancia de Gonzalo Fernández de Córdoba transcurrió como la de cualquier caballero de la época, más amante de las armas que de las letras. Nadie podía intuir el destino que la Historia le tenía reservado; pero esta, como un caballo desbocado, pronto le reclamó como a uno de sus más diestros jinetes.
La Edad Media agonizaba: en 1453, los turcos tomaron Constantinopla, mientras Álvaro de Luna, valido de Juan II, moría ajusticiado en Valladolid. Cuando Enrique IV sucedió a su padre, tan solo un año después, el germen de la unidad española era un sueño inimaginable que la propia nobleza, zurrón de personalismos ambiciosos, minaba. Ora favorecía a Enrique, ora se inclinaba por su hermanastro Alfonso, hermano de Isabel la Católica. Y como en anteriores sazones, Castilla se desangraba en una interminable lucha dinástica. Había que tomar partido. En el verano de 1468, los Aguilar, partidarios de la figura del infante Alfonso, mandaron a Gonzalo a sumarse a sus huestes; contaban, tanto el uno como el otro, quince años de edad, pero la vida del primero se truncó ese mismo año, envenenado, según el cronista Alonso de Palencia, por el marqués de Villena. Su muerte impresionó al joven Gonzalo, que a partir de ese momento se consagró a la princesa Isabel. Esta, tras la entrevista de los Toros de Guisando en septiembre de 1468, fue proclamada heredera al trono. Su matrimonio con Fernando de Aragón, verdadera obra maestra de la ingeniería política fraguada por Juan II de Aragón, cambió el curso de la Historia. Fue entonces cuando Gonzalo ingresó en ella. El andaluz asistió probablemente al enlace real que tuvo lugar en Valladolid el 18 de octubre de 1469. Como paje del poderoso arzobispo Carrillo, había tenido ocasión de conocer a la princesa, que alabó lo encendido de su ánimo. La vida de Gonzalo como caballero en la corte castellana le permitió también acercarse al futuro papa Alejandro VI, así como exhibir sus cualidades en las justas o torneos que cruzaban la Península. Poco se sabe de los amoríos de Gonzalo Fernández de Córdoba en su juventud. Tal vez sus amores platónicos lo distrajeran de las debilidades de la carne; o tal vez lo cegara el lujo, cercano al despilfarro, en que vivió toda su vida.
Tras su primer aprendizaje en la corte, una crisis espiritual estuvo a punto de encaminarlo a la carrera eclesial, mas el prior de los Jerónimos lo convenció de que Dios le tenía reservado para cosas más importantes. Gonzalo se casó, al fin, con su prima Isabel, que falleció al dar a luz a su primera hija. Como no podía ser de otra manera, las asechanzas de la guerra absorbieron a Gonzalo, que se trasladó nuevamente a la corte. No consta que el Gran Capitán asistiera a la conquista de Zamora ni tomara las armas en la batalla de Toro o Peleagonzalo (aunque lo más probable es que así fuera); pero sí que marchó al lado de la reina Isabel desde Toledo a Valladolid, participando, poco después, en la batalla de la Albuera, cerca de Mérida. Las crónicas describen al futuro Gran Capitán a la cabeza de una compañía de ciento veinte hombres.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario