Se encuentra usted aquí

LA ESTATUA TALISMÁNICA DE CÁDIZ

Jueves 28 de Enero, 2010
En la ciudad de Cádiz, se levantó hace muchos siglos una de las numerosas estatuas talismánicas que servían para proteger determinados lugares. A pesar de que abundan las citas sobre su existencia, la estatua constituye un misterio. ¿Dónde se encontraba este ídolo? ¿Cómo era en realidad? ¿Quién lo mandó construir? ¿Tuvo alguna relación con las famosas columnas de Hércules? En este artículo, tratamos de dar respuesta a todos esos interrogantes. Por: Andrés Guijarro
Libros Recomendados :
EN LA MADRUGADA O AL AMANECER
¡ Visita nuestra Tienda !
Escribe el viajero granadino Abû Hâmid al-Garnâtî (m. 1169) en su obra Tuhfat al-albâb (El regalo de los corazones): “Hay una isla en al-Andalus, en el punto donde confluyen el Océano Negro y el Mar de Rûm, donde se levantó una torre de piedra negra, en la que no fue utilizada el hierro. Mide cien codos de altura o más; de base cuadrada, su parte superior es redonda y carece de puerta por ser completamente maciza. En lo alto hay una estatua, que representa a un hombre, al parecer de raza negra, envuelto en una túnica de oro, que viste de una manera extraña y singular. El hombro derecho lo lleva al descubierto, tie¬ne extendidos el brazo y la mano, y con el dedo índice señala a la parte iz¬quierda del Magrib, en el Océano Negro, en ademán de asir unas llaves. En este océano se levantan olas tan enormes como montañas y ningún barco se aventura en sus aguas, por los peligros que ello entraña. Pero solamente Dios conoce la verdad”.
Todo parece indicar que al-Garnâtî nos está describiendo otra de las marcas que en la Antigüedad señalaban el límite físico del mundo conocido, y quizá también una de las numerosas estatuas talismánicas que se levantaron a lo largo y ancho del mundo para la protección de lugares o de colectividades.
Un aspecto de la historia natural o de las descripciones geográficas islámicas que hoy en día resulta difíciles de entender es el de las “propiedades mágicas de la naturaleza”, así como la descripción de extraños animales y plantas. En cuanto a los seres descritos en esos textos, y que hoy nos parecen extraños, un tipo es el de los animales extraños, que podrían haber existido y más tarde volverse muy raros o extinguirse. Otro tipo es el de animales y plantas como el dragón, el unicornio o la mandrágora que en su origen sólo tenían un sentido simbólico, pero cuyo simbolismo en ciertos casos se olvidó hasta el punto que llegaron a ser descritos erróneamente como seres vivos ordinarios. En cuanto a la presencia de fenómenos “extraños” en la naturaleza, y a esa mezcla de los órdenes natural y sobrenatural que con tanta frecuencia encontramos en las descripciones del mundo de los autores islámicos antiguos, hay que tener en cuenta que, para las personas inmersas en una sociedad tradicional, la naturaleza no era algo “denso” o “coagulado”. El mundo físico no estaba tan apartado y alejado de los mundos “intermedios”. La naturaleza era contemplada desde un punto de vista diferente al de nuestra mentalidad racionalista y ella, a su vez, les mostraba una parte de sí misma diferente a la que nos revela hoy en día, cuando nuestra constitución mental ya no es capaz de percibir sus elementos más sutiles. Debemos decir, sin embargo, que esos aspectos de la naturaleza, aunque quizá atenuados, siguen presentes. Sólo es necesario encontrar la llave que nos permita abrir la puerta de acceso.
La mayoría de los autores musulmanes que hablan de esta estatua sin parangón la localizan en la yazîrat Qâdis (“isla de Cádiz”), o en “una isla situada en la confluencia de los dos mares”, expresión ésta de profundas resonancias coránicas (Cor. XVIII, 60). La yazîrat Qâdis parece corresponder a la actual isla de León, que comprende las islas de Cádiz y de San Fernando. Esa isla de Cádiz acerca de la cual nos dice el autor anónimo de la descripción de al-Andalus conocida como el Dhikr bilâd al-Andalus: “[…] En la isla de Cádiz hay restos maravillosos y antiguos que no han sido alterados por el paso del tiempo y que dan testimonio de poderío y de la existencia de un gran reino”. Según el historiador al-Himyarî (s. XV), la estatua estaría situada en la mitad de la isla, aunque otras fuentes afirman que la construcción se levantaba a orillas del mar.
¿Qué era este “ídolo” al que los autores islámicos no dudan en catalogar de tilasm (“talismán”)? Según la arqueología contemporánea, se trataría de una construcción romana, quizás de carácter conmemorativo, coronada por una estatua antropomórfica de gran perfección y gigantescas proporciones, cuya postura era quizá utilizada por los navegantes de la zona como punto de referencia en sus travesías desde la bahía de Cádiz hacia puertos magrebíes. Aun cuando algunos de los autores ofrecen noticias, generalmente contradictorias, acerca de la dirección en la que apuntaba uno de sus brazos, el interés de la mayoría de las versiones se centra en su función simbólica. Ésta podríamos dividirla en dos grandes apartados: su poder sobre el mar, al que mantiene cerrado o abierto para la navegación, y la más desarrollada, vinculada con su función talismánica y recogida asimismo por fuentes cristianas medievales, en la que se identifica la integridad de la construcción con la estabilidad política de la Península Ibérica. El recuerdo de esta construcción y su atribución a Hércules (Irklîsh o Hirâqlis en las fuentes árabes), asimilado al Alejandro Magno de la tradición islámica , (Dhu-l-Qarnayn, “el Bicorne”) no desaparecerá tras su destrucción en el año 1145 por orden del almorávide Abû -l-Hasan ‘;Alî ibn ‘;Isâ ibn Maymûn, sino que su recuerdo perdurará hasta el siglo XVI, cuando aún es mencionado por varios autores cristianos en cuyas obras se vuelve a poner de manifiesto su identificación con uno de los pilares levantados por Hércules en el extremo occidental del mundo, las célebres “columnas de Hércules”.
Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario