Se encuentra usted aquí

El testigo de los campos de concentración españoles (II)

Jueves 01 de Agosto, 2019
Lo que pasó en los campos de concentración nazis también ocurrió aquí. Nos han hecho olvidarnos… “Se hicieron mal las cosas en la transición”, recuerda el periodista Carlos Hernández.

Una historia olvidada

El periodista Carlos Hernández está recopilando mucha información y está dando a conocer cosas terribles que ocurrían en nuestro país. Una de las consecuencias que ha sufrido es que los vídeos con esas informaciones que alojaba en youtube han sido censurados. Y se trata de un periodista de muy larga trayectoria y que ha estado en muchos medios de comunicación, pero el paso atrás que se está dando llega al punto de que hasta hablar de nazismo es peligroso. El año 2019 es el año del retroceso, en el cual colectivos neonazis han vuelto a tener poder de decisión sobre el destino de las personas. Caminamos para atrás, pero a diferencia de lo que ocurrió en el pasado sabemos dónde está la verdad.

Cuando me empeñé en hablar de campos de concentración en España se me metió entre ceja y ceja hablar con alguien que hubiera estado en ellos. Evidentemente, debido al tiempo que ha pasado, ese alguien debería tener mucha edad. Era una obsesión de periodista que siempre busca el testimonio para sostener ciertas afirmaciones. Tan increíble es lo ocurrido en los campos de concentración que si no se oye de boca de uno de sus protagonistas parece que se está exagerando la realidad. Pues bien, en esta búsqueda di con una de las pocas personas vivas que estuvo en esos campos. Se llama Josep Sala y vive en Barcelona. Tiene cien años. Cuando fue hecho prisionero en 1938 pasó de un campo a otro, de Zaragoza a León, en donde se quedó. Apenas tenía dieciocho años. No había ningún motivo para la detención, salvo el hecho de que formara parte de las filas republicanas. Es una verdadera demostración de que esta gente era capturada y humillada por razones puramente ideológicas.

La historia de su desplazamiento es bestial. Él, y otros miles de presos, viajaban hacinados. Eran decenas de personas las que iban en cada vagón en los trenes que recorrían el país para “repartir” a los presos que se encontraban capturados. No tenían comida ni un lugar en donde hacer sus necesidades. Se sentían ganado y les trataban como si fueran animales de carga. La imagen de los trenes recuerda mucho a la escena que tenemos de los prisioneros en los campos nazis, pero es que también pasó aquí. De lo que pasó aquí nos hemos olvidado, sin embargo, pero de lo que pasó allí lo tenemos en las películas.

“Aquello fue una infamia, no eres nadie, eres poco más que un número”, me comienza señalando Josep que, pese a su edad, mantiene un carácter afable, amable e incluso divertido. “Ese periplo en el tren fue un vía crucis, nos cogieron y nos llevaron a varios, al de Zaragoza, al de Miranda, pero no fue definitivo hasta que llegamos a Santa Ana y San Marcos en León”. Precisamente en este campo de concentración empezó durmiendo en el claustro de la iglesia, al aire libre, a la intemperie. No fue un premio dormir bajo un techo porque había tantos presos que apenas tenía sitio para dormir sin moverse. Y cuando lo hacía, todos los que se encontraban allí tenían que hacer el mismo movimiento para aprovechar el espacio que quedaba.

La historia sigue en el número 170 de Historia de España y el Mundo. ¡No te quedes sin tu ejemplar!

- Suscripción

- App iOS

- Zinio

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario