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Salces, un castillo español en territorio francés

Jueves 29 de Agosto, 2019
Al este del Rosellón –actual territorio francés desde la paz de los Pirineos (1659)–, a pocos metros de la costa y de Perpiñán, y a unos 40 km al norte de la frontera con España, se alza una curiosa construcción militar, realizada en ladrillo rojo y piedra, mandada levantar a finales del siglo XV por orden del rey español Fernando II con dinero de su esposa, Isabel la católica. Es el castillo de Salces, la más antigua de las fortalezas modernas…

Esta insólita fortaleza fue diseñada en trazado horizontal, excavada a un nivel inferior del suelo para evitar los impactos de la artillería enemiga. En su interior se conservan galerías y mazmorras de presidio utilizadas luego por los franceses del cardenal Richelieu, para condenar a los presos del contrabando de pescado. Fue, igualmente, una terrorífica cárcel de Estado de la República francesa y cita obligada en nuestros días para los amantes y estudiosos de la historia de la arquitectura militar de los siglos modernos.

La gigantesca fortaleza de Salces, enclavada en el extremo oriental de las ásperas montañas de Les Corbières, en el Languedoc, es una construcción española, de época moderna, en territorio francés. La misión original de este bastión era custodiar la ruta de Perpiñán, entre el mar y los Pirineos, trazada desde la época romana (Vía Domitila), sobre un eje de comunicaciones fronterizas de gran importancia, al no contar con defensas naturales en la zona.

A mediados del siglo XV, el castillo medieval existente en el lugar donde hoy se alza el actual quedó completamente arrasado. Se trataba de una fortaleza diseñada por los templarios, construida en el siglo XII, en tiempos del monarca aragonés Alfonso II (1152-1162/1196), que servía de puente entre la poderosa encomienda de El Mas Deu (Trouillas) y el influyente puerto de Collioure, en la Costa Bermeja, propiedad de los reyes de Mallorca. Sancho de Castilla, autor del antiguo palacio de los Reyes de Aragón, incendiado por el ejército de Luis XI (1474-1483), mandó levantar la nueva construcción.

Pero no fue hasta el verano de 1497, ya en tiempos del monarca Fernando II (1452-1516), cuando el capitán general del Rosellón puso la primera piedra. Los trabajos se iniciaron bajo la dirección del ingeniero militar español Francisco Ramírez de Madrid, apodado el Artillero (1445-1501), ingeniero aragonés al que también se le atribuyen las fortalezas de Valladolid, Toledo y Salamanca. Las obras finalizaron en 1505.

Sus murallas, redondeadas y con talud en sus puntos más vulnerables, alcanzaban en algunos casos los diez metros de espesor. Para abrir brechas era necesario una ingente cantidad de disparos con bolas de hierro, tantas que el intento resultaba inviable o demasiado costoso. No se habían terminado sus obras, cuando tuvo que protagonizar una resistencia extrema, como veremos a continuación.

VICISITUDES BÉLICAS

En 1500, Luis XII y Fernando II el Católico firmaron un acuerdo para dividir el Reino de Nápoles. Después, el monarca francés marchó con su ejército hacia el sur de Italia, desde Milán. Dos años más tarde, ambas fuerzas se encontraron en Nápoles y el monarca galo decidió atacar a los efectivos hispanos, por estar en desacuerdo con el reparto. A comienzos de 1503, los tercios españoles vencieron a los franceses en la batalla de Ceriñola. A consecuencia de ello, Luis XII decidió vengarse atacando el Rosellón.
El 16 de septiembre de aquel año, el castillo fue sitiado por los franceses. La guarnición estaba formada por 600 hombres de armas, 200 jinetes, 800 niños y nueve piezas de artillería, mandados por don Sancho de Castilla y Enríquez, maestresala de Isabel la Católica, capitán general del Rosellón y la Cerdaña, quien supo resistir el duro asedio del ejército francés, comandado por el mariscal Jean IV de Rieux con una potente artillería que no cesaba de bombardear los muros de la fortaleza. Tres enormes baterías destrozaron casi por completo las partes altas –almenas, troneras, torres…–, frente al sector noroeste y abrieron, al mismo tiempo, un fácil camino de penetración a la infantería francesa.

Ramírez, el Artillero, gravemente enfermo, tuvo la idea de hacer saltar una mina próxima a la zona interior de los lienzos de la muralla escenario de los combates. La formidable explosión hizo volar por los aires a más de 400 asaltantes que ya habían ocupado la barbacana: “hechos pedáços los cuerpos, que era lastima de ver”, leemos en las crónicas.
Mientras, don Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez (1460- 1531), segundo Duque de Alba, al frente de 1.400 soldados de caballería pesada, 1.500 de caballería regular y 10.000 niños, sorprendió a los franceses, atacándoles en sus plazas de avituallamiento, situadas en Rivesaltes y Clair.

Pero Fernando el Católico no quiso dejar nada al azar. Organizó un gran ejército de socorro, y el 19 de octubre, cuando el mariscal Rieux tuvo noticia de que los españoles ya habían llegado a Perpiñán y venían a su encuentro, levantó el sitio de Salces. La persecución llegó hasta las murallas de Narbona. Dentro de la ciudad buscó refugio Rieux, mientras la flota francesa era castigada por una tormenta en el golfo de León y sus navíos se amarraban en el puerto de Marsella. El 28 de octubre, entraba triunfalmente Fernando el Católico en el patio de armas de Salces, después de haber expulsado y humillado al ejército de Luis XII.

Para conocer el resto de la historia hazte con el número 156 de Historia de Iberia Vieja

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