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La primera carta bomba estalló en Santiago

Martes 30 de Julio, 2019
Nazario Eguía y Sáenz de Buroaga (1777-1865) ejerció de patriota con total disciplina, luchando contra sus enemigos y defendiendo al monarca con rectitud... Y generó innumerables odios y enemigos, lo que propició el envío de la primera carta bomba.
La primera carta bomba estalló en Santiago

¿Y qué había hecho Nazario para tener tantos enemigos? Pues parece que no tratar muy bien a todo aquel que estuviera mínimamente en desacuerdo con sus convicciones. Más que mal. Eguía aplicaba mano dura contra quienes no seguían sus directrices. Aunque aquella fue una mano dura con caducidad. A finales del siglo XIX la volaron en pedazos con una carta bomba.

Nazario Eguía tuvo una carrera militar sobresaliente. Desde su ingreso en 1795 como cadete en el Regimiento de Infantería de Guadalajara dio muestras de una vocación y buen hacer militar que le hicieron ascender con rapidez y despuntar durante la Guerra de la Independencia, hasta el punto de que en 1804 ya era primer capitán y, tras haber sido hecho prisionero por los franceses en Lisboa en 1807, en 1814 alcanzaría el puesto de mariscal de campo.

La persecución de cualquier atisbo liberal por los medios más brutales se convirtió en la seña de identidad de Nazario Eguía en Galicia. No fueron pocos los que se vieron obligados a emigrar por pavor a sus represalias. Y es que su mano era más que diestra en firmar sentencias de muerte a todo aquel que siquiera suspirara una ligera censura al absolutismo y a Fernando VII.

Así que nos situamos en el día 29 de octubre de 1829. El general Eguía recibe una de tantas misivas en la sede de Capitanía. En el encabezamiento, un mensaje: “Urgente V. E”. La procedencia, León. Siguiendo el procedimiento habitual, su ayudante abre el paquete. En su interior, encuentra un nuevo sobre: “Urgentísimo y reservado”. De nuevo, el ayudante lo abre. Y un nuevo envoltorio se revela. En este caso, el mensaje que cubría el sobre resultaba mucho más explícito: “Del Rey de España, para el general Eguía”. Tal remitente demandaba intimidad, así que el propio Eguía tomó para sí el sobre y se dispuso a descubrir qué importante y misterioso asunto quería compartir con él Su Majestad. Pero apenas comenzó a rasgar el sobre, una brutal explosión arroja al general de su asiento y lo deja malherido. No muere, pero los destrozos en su cuerpo son tremendos. La cara y el vientre se ven afectados, pero lo peor es su mano. La explosión ha provocado que Nazario Eguía y Sáenz de Buroaga pierda una de sus manos: la mano con la que firmaba las sentencias de muerte.

Las investigaciones revelan el complejo ingenio que componía la carta bomba: pólvora, vidrio triturado y arsénico. Las investigaciones sobre los causantes de este atentado comenzaron inmediatamente. Sin embargo, aunque las miradas apuntaron a un célebre farmacéutico y químico de Vigo, José María Chao, nada está claro. Las autoridades ofrecieron 40.000 reales y el indulto para cualquier delator. El propio Chao llegó a entrar en prisión, pero la falta de pruebas hizo que pronto saliera sin cargos. Mientras, Eguía, un manco, seguía firmando sentencias de muerte y mostrando, si cabe, un odio aún más furibundo contra todo aquello que oliera a liberalismo. Es más, poco tiempo después se convertiría en el jefe de las tropas carlistas que asediaron Bilbao durante la Primera Guerra Carlista. Mucho tiempo tardaron en despejarse todas las dudas sobre el responsable de la primera carta bomba. En 1873 se clarificó todo. El atentado había sido orquestado por Chao.

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