Se encuentra usted aquí

Los ordenadores de la historia

Miércoles 17 de Julio, 2019
Ya ha pasado medio siglo desde que el hombre llegó a la luna, un suceso que fue posible gracias al esfuerzo de miles de técnicos y trabajadores. Hoy, cualquier teléfono móvil posee más potencia de cálculo que aquel ordenador…

Curiosamente, al leer artículos sobre prospectiva del futuro escritos hace dos o tres décadas, se presumía que el futuro sería pleno de naves espaciales y, posiblemente, robots. Pocos previeron algo que ya es vital para nosotros: Internet y teléfonos móviles. Claro que, a principios del siglo XX, había quien ya soñaba con un futuro que es nuestro presente.

EL ALIMENTO DE LA MÁQUINA PENSANTE

Nuestros ordenadores digitales, ya estén instalados en un móvil, en una nave espacial o un robot, funcionan a través de lenguajes que se basan en el uso de las matemáticas. Y la necesidad de usar alguna máquina que nos ayude a realizar esas operaciones no es algo nuevo. El ábaco,o una de las primeras calculadoras, encuentra su origen al menos dos milenios antes de nuestra era. Realizado con varillas y esferas móviles, ha ayudado a gentes de todo el mundo hasta la época actual. Estaban ideados para realizar operaciones aritméticas sencillas, se quedaron cortos con el paso de los siglos. Mientras, la matemática avanzaba.

El matemático indio Pingala, que vivió hacia el siglo IV a.C., y describió lo que se considera como la primera descripción del sistema binario, empleado hoy día por todos los ordenadores digitales. Saltando al siglo I encontramos a Herón de Alejandría, de quien se afirma que diseñó y construyó todo tipo de máquinas, desde las movidas por vapor hasta primitivos “robots”. Ahora bien, la tradición matemática griega había ya alumbrado algunas increíbles máquinas de cálculo que siguen desafiando nuestro conocimiento del pasado.

El mecanismo de Antikitera, de hace dos milenios, nos enseña que la tecnología antigua es más asombrosa de lo que se piensa y nos deja entrever que la necesidad de calcular era patente. Esa necesidad de realizar operaciones matemáticas, tanto para calendarios astronómicos como para contabilidad, hizo que el sueño de un calculador mecánico práctico fuera creciendo.

De ahí se pasó a los primeros intentos de calculadoras reales, que contaban ya con ejemplos como ciertos astrolabios complejos. El padre de los logaritmos y de otras innovaciones matemáticas, el escocés John Napier, creó a principios del siglo XVII un nuevo tipo de ábaco avanzado que abría el camino a pensar en calculadoras mecánicas. Otros matemáticos desarrollaron sus propias calculadoras, hasta llegar a la calculadora mecánica del francés Blaise Pascal, todo un hito de su época que vio la luz en 1642. La Pascalina, como fue conocida, era toda una “máquina aritmética” que es considerada como el precursor primitivo de los ordenadores. Se podía transportar y, aunque no era de bolsillo, resultó ser todo un hallazgo. Al ver hoy una Pascalina está claro que se trata de una calculadora: una caja dotada de diales numéricos que se pueden manipular para lograr el resultado del cálculo deseado. Esa tradición de calculadoras mecánicas tuvo, ya en el siglo XX, su culminación en la calculadora mecánica de bolsillo Curta. Durante décadas, la Curta fue el auxilio de ingenieros y científicos, hasta que llegaron al mercado las calculadoras digitales.

A partir de ahí, las bases para la creación de los ordenadores tal y como los conocemos hoy estaban asentadas. Alrededor de 1936, Alan Turing, conocido como el creador del ordenador, formalizó los conceptos básicos de la computación moderna. El resto, como se dice, es historia...

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario