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La expedición Keicho: japoneses en Sevilla

Viernes 28 de Junio, 2019

En estos días se está hablando mucho de la película protagonizada por Dani Rovira y María León. Una comedia que juega con una realidad que podría parecer ficción, pero no, no es un invento. Los japoneses llegaron a Coria del Río y algunos de ellos se quedaron a vivir en ese pueblo y mezclándose con sus mujeres, creando un nuevo apellido de origen nipón todavía presente en la actualidad.

Si hoy en día cuando alguien va al país nipón y habla de flamenco conquista corazones, mucho tiempo antes fue al revés, los japoneses visitaron Sevilla en 1614 surcando el río Guadalquivir con el objetivo de poder llegar a Madrid y Roma. El camino no fue sencillo ya que antes de desembarcar en tierras sevillanas la expedición Keicho, así fue denominada, pasó por Acapulco y Veracruz en México y La Habana en Cuba, antes de recalar en las aguas del río Español.

Llevada a cabo por el samurai Hasekura Tsunenaga, tenía como objetivo visitar al Papa Paulo V para obtener apoyo militar y financiero, y compuesta por Fray Luis Sotelo, que era un franciscano de familia noble andaluza, que como tal estaba muy binen relacionado con la corte y que además, dominaba las costumbres culturales japonesas y el idioma. Navegaron en un barco, galeón para más señas, de 55 metros de eslora, tres mástiles y 16 cañones. Pero durante su travesía, y antes de llegar a finalizar su cometido, pararon por primera vez en Sanlúcar de Barrameda para después subir hasta llegar a la localidad sevillana de Coria del Río, donde después tomarían rumbo a Madrid para pedir permiso a Felipe III y visitar al Papa. Desgraciadamente para los japoneses, aunque pudieron visitar al Papa, no consiguieron ni el apoyo militar, ni la financiación que necesitaban para sus acometidas armamentísticas.

Los japoneses intentaron poner en un brete a Felipe III

De regreso a Madrid, con la decepción como respuesta, la comitiva japonesa intenta poner en un brete a Felipe III y éste, como respuesta, declara a la embajada Keicho “non grata” en su territorio, por lo tanto dispone todo para que se marchen lo antes posible hacia el país del Sol Naciente.

Sabiendo que su regreso no sería bien acogido por su señor, Hasekura y Fray Luis Sotelo comenzaron a argumentar fiebres el primero y una lesión en la pierna el segundo. Lo más curioso, es que durante todo ese tiempo muchos de los expedicionarios japoneses que se habían quedado en Coria del Río, ya trabajaban como campesinos y se habían mimetizado con los habitantes del pueblo sevillano.

 

Muchos japoneses que trabajaban en tierras sevillanas decidieron no regresar

 

Finalmente la expedición tuvo que embarcar y marcharse, pero no todos lo hicieron pues algunos de esos japoneses que ya trabajaban en las tierras sevillanas decidieron no regresar a su país de origen, creando aquí su nuevo hogar al enamorarse y casarse con algunas mujeres españolas.

Pasado el tiempo, casi 30 años, comenzó a surgir un nuevo apellido: Japón. Lo curioso del caso es que este nombre apareció dada la dificultad de pronunciación de aquellos apellidos nipones tanto por parte de los habitantes de Coria del Río como por su transcripción en el registro parroquial de los niños nacidos de aquellas uniones. De ahí que se optara por simplificarlo y usar simplemente el país de origen como tal.

Hoy en día, si visitas esa preciosa ciudad andaluza, aparte de encontrarte con ese curioso apellido y con esa fascinante historia, también podrás ver una estatua que rememora aquella primera expedición japonesa a tierras sevillanas.

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