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Antonio Machado en Soria

Miércoles 20 de Junio, 2012
Antonio Machado impartió clases de francés en Soria durante cinco años. Aquí conoció al amor de su vida y escribió su obra más importante, Campos de Castilla. De su mano nos disponemos a descubrir a la que se ha bautizado como la Ciudad de los Poetas.

Por: Mila Fernández

Una pequeña aula, con pupitres de madera –de esos de antes– y un pequeño estrado, en el Instituto Antonio Machado de Soria, guarda un pequeño pero destacado retazo de la historia de nuestras letras. En ella impartió clases Antonio Machado, nuestro genial poeta andaluz.

Fue a finales de abril de 1907 cuando llegó a la ciudad de Soria –procedente de Madrid– para tomar posesión de su puesto de catedrático de Lengua Francesa en el Instituto General y Técnico de Soria. Aquí comenzaría una etapa fundamental para su vida. Aquí compondría los versos de una de las obras que le convertirían en uno de nuestros poetas más reconocidos.

En Soria conoció Antonio Machado a la que fue su gran amor, Leonor. Con ella vivió sus días más felices y también los más tristes.

Cuando Machado bajó del tren por primera vez fue a instalarse en una modesta casa de huéspedes, en la calle del Collado 54, que regentaban Isidoro Martínez y Regina Cuevas, hermana de Isabel Cuevas, la madre de Leonor. A los pocos meses, después de pasar una temporada en Madrid de vacaciones, se instaló en la misma pensión trasladada a la calle Estudios y que ahora era de los padres de Leonor. El carácter alegre y solícito de la muchacha atrajeron al maduro escritor muy pronto y, poco a poco, la relación entre ellos se fue haciendo más íntima. Superadas las primeras reticencias de la familia, no sólo por la diferencia de edad –pues él tenía ya 34 años y ella sólo 15– sino también porque Machado era un hombre huraño y de trato difícil, se casaron en julio de 1909, en la iglesia de Santa María La Mayor.

Fueron entonces días felices para la joven pareja hasta que, en julio de 1911, estando en París acompañando a su esposo que realizaba una beca de ampliación de estudios, la tuberculosis comenzó a mostrar los primeros síntomas en el cuerpo de Leonor que, enseguida, cayó gravemente enferma. Regresaron a Soria en busca del aire puro que le recomendaron los médicos y alquilaron una casa junto a la ermita de Nuestra Señora del Mirón. Once meses después Leonor falleció. El inmenso dolor que le produjo la muerte de su esposa llevó a Machado a abandonar las tierras castellanas. El 9 de agosto, sólo ocho días después, puso rumbo a Baeza.

Durante su estancia en Soria, los días de Antonio Machado discurrieron entre sus clases en el instituto y los paseos, primero solo y después con su mujer. Y aunque, en principio, estas tierras y sus gentes no terminaban de ser del agrado del poeta, pronto comenzó a abandonarse a la contemplación de la naturaleza, esa que después le inspiró y que convirtió en una de las grandes obras de la poesía universal, Campos de Castilla –de la que este año se cumple el centenario de su publicación–.

Fue el Duero una inagotable fuente de inspiración para Machado. De sus paseos entre San Polo y San Saturio, por la ribera del río, manarían preciosas poesías que han llevado a la ciudad de Soria por todo el mundo.

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria –barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra–.

Uno de los parajes naturales más emblemáticos de la provincia de Soria, la Laguna Negra, le inspiró la composición insigne de Campos de Castilla, el romance de La tierra de Alvargonzález. Quizá fue el amor, el deseo de conocer todo lo que era cercano a su amada, lo que le llevó, en el mes de septiembre de 1910, a querer visitar el nacimiento del Duero. El recorrido que hizo fue el siguiente: de Soria a Cidones en coche correo; después hasta Vinuesa andando; y a caballo hasta Covaleda. Desde allí les sorprendió una tormenta y decidieron bajar hasta La Laguna Negra. El misterioso e inaccesible paisaje y las tremendas historias de asesinatos que le contaron, encontraron el perfecto final en el famoso romance.

Machado fotografió con sus versos el paisaje castellano como nadie; sus colores, su detalles, el movimiento…Sólo fueron cinco años los que el poeta andaluz estuvo en Soria, pero intensos, muy intensos. Versos inigualables surgieron del encuentro entre la pluma y la ciudad, estrofas clave de la literatura española que unieron para siempre a Machado y a Soria.

Será nuestro poeta uno de los mejores guías por la ciudad de Soria –“Tan bella bajo la luna”–, porque visitar los lugares de Machado es contemplarla con los ojos del viajero amante de la belleza.

Comenzaremos paseando por el centro de la recoleta ciudad castellana. Entre las estrechas calles, palacios e iglesias nos saldrán al paso, invitándonos a conocer la Soria románica, renacentista y barroca que Machado paseara tantas veces, con las manos agarradas a la espalda. Sin quererlo, nos toparemos con el Círculo de la Amistad Numancia, el actual casino, fundado en 1832 y punto de encuentro de comerciantes y centro de la vida social masculina. A él acudía Machado a leer el periódico y tomarse su café. Y en sus tertulias también ha participado otro nombre destacado de nuestras letras: Gerardo Diego, quien ha dado nombre a uno de los salones, ese donde él gustaba de tocar el piano.
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