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Nº 171, Septiembre 2019

Las cuentas de los templarios 

Los templarios fueron los primeros banqueros de la historia. Su destreza financiera les llevó a acumular riquezas sin fin en toda Europa y los reyes y nobles dependieron de sus arcas para sostener sus guerras. Tan poderoso como el más poderoso de los Estados, el Temple se hizo fuerte mediante un sistema de donaciones y el comercio con Oriente no hizo sino engrosar los fondos de su sede parisina. Controlaron 800 castillos, y sus encomiendas, iglesias y monasterios funcionaban a la manera de “cajeros automáticos”. Su supremacía fue tal, que provocó las suspicacias de la Corona gala, que se tradujeron en su persecución y destrucción en tiempos de Felipe IV el Hermoso. 

Además, viajamos al pasado para repasar los 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial en Polonia. El acorazado alemán SMS Schleswig-Holstein disparó los primeros cañonazos de la guerra contra la base de Westerplatte, en la Ciudad libre de Danzig. Había empezado la guerra más mortífera de todos los tiempos. El 1 de septiembre conmemoramos los ochenta años del inicio de esa calamidad, que Hitler desencadenó tras la invasión de Polonia en poco más de un mes (dos semanas más tarde, la Unión Soviética se sumó a la ignominia, siguiendo el pacto Ribbentrop-Mólotov). Durante seis años, Polonia fue un país ocupado, pero jamás vencido. 

Por último, los asesinos del Kidon. Dirigida en sus años de “esplendor” por Michael Harari, el “James Bond de Israel”, esta unidad del Mossad ha dado respuesta desde sus orígenes a los casos más extremos. El Kidon tiene licencia para actuar en cualquier parte del mundo y basta la firma del primer ministro para que sus integrantes, captados en la propia agencia o en las unidades de élite de las fuerzas armadas, cumplan con su misión. La Operación Ira de Dios, ordenada por Golda Meir contra los autores e ideólogos del ataque a la delegación israelí de los Juegos Olímpicos de Munich, ha sido la acción más espectacular del Kidon hasta la fecha. Pero no la única...