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Nº 170, Agosto 2019

El rey Arturo

Es tal el peso de su leyenda, que quizá lo de menos sea saber si el rey Arturo existió o no en realidad. Godofredo de Monmouth le dio vida literaria en su Historia de los reyes de Bretaña y el ciclo se fue enriqueciendo con un sinfín de referencias a lo largo de la Edad Media. Lo cierto es que uno puede poner “rostro” a los escenarios de su vida –el castillo de Tintagel o la isla de Avalon– y soñar con un reino en el que los meses de julio y agosto no deberían ser muy calurosos. La espada Excalibur, el mago Merlín, Ginebra y Lancelot du Lac, el Santo Grial y la Mesa Redonda forman parte del imaginario colectivo, de nuestra cultura, de nuestros ideales. Y, en este caso, la arqueología puede que no tenga la última palabra.

Descubriremos el superviviente del horror, Josep Sala, que en 1939 tenía dieciocho años y servía como sanitario del Ejército republicano. Detenido por las fuerzas franquistas, inició una odisea por los campos de concentración –había cerca de 300– que mancillaban la península Ibérica. Pasó por el de Zaragoza y los leoneses de Santa Ana y San Marcos y sobrevivió a las más duras condiciones: el frío, la enfermedad, el hambre… A sus cien años, la envidiable memoria de Sala reconstruye para Historia de España y el Mundo su experiencia, una experiencia que fue voluntariamente omitida de los libros y que un ensayo de Carlos Hernández, Los campos de concentración de Franco, ha traído a la luz.

Y, además, un camerunés en la corte de Alfonso XIII, y es que la visita a España de Carlos Atangana, el jefe de los Yaundes cameruneses, tuvo una vertiente de lo más pintoresca para nuestros medios de comunicación, pero se desarrolló en un apasionante y grave contexto en el que el reparto colonial de África se estaba reescribiendo tras la Gran Guerra. La derrota de los alemanes desplazó las piezas por un tablero endiablado en el que Gran Bretaña y Francia llevaban la voz cantante. La extraña "embajada" de Atangana vino con el propósito de agradecer a Alfonso XIII su apoyo durante la contienda, pero también con una petición.