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Excalibur, la espada del héroe

Jueves 09 de Enero, 2020
Las leyendas artúricas son ricas en objetos mágicos y arquetípicos. El más importante de todos ellos es sin duda el grial, pero la espada de Arturo juega también un papel fundamental en gran parte de los romances sobre el rey de Camelot y sus bravos caballeros. ¿De dónde procede este poderoso símbolo?

Caledfwlch, Calesvol, Kaledvoulc’h, Caliburnus… Todos estos nombres, y otros muchos, han servido para designar, en diferentes épocas y textos, a la célebre espada de Arturo, hoy más conocida por el nombre de Excalibur. Esta fabulosa arma, capaz de cortar el acero “como si fuese madera” y de resplandecer con fuego, entre otros prodigios, se convirtió en parte fundamental del mito de Arturo y sus caballeros, aunque ha dado lugar también a un buen número de interrogantes: ¿tuvo Arturo más de una espada? ¿de dónde procede tan poderosa y sugerente leyenda?

En lo que respecta al ciclo artúrico, una de las primeras menciones a la espada del rey de Camelot aparece en la Historia Regum Britanniae de Geoffrey de Monmouth (hacia 1136), quien se refiere a ella con el término latinizado Caliburnus. Sin embargo, los estudiosos parecen tener claro que las referencias más antiguas se encuentran en relatos de la mitología galesa, como el cuento Culhwch and Olwen, que se habría escrito en algún momento entre el siglo XI y segunda mitad del XII. En este relato, el héroe Culhwch acude a pedir ayuda del rey Arturo, y al recibirle, éste hace mención a su espada, a la que llama Caledfwlch (La que rompe lo más duro). De este término en galés y de la forma latinizada Caliburnus, el nombre de la espada de Arturo acabó modificándose en textos posteriores escritos en francés antiguo. En su Perceval, Chrétien de Troyes se refiere a ella como Escalibor, y es el caballero Gawain –sobrino de Arturo–, quien tiene el honor de hacer uso de ella. En textos posteriores, aparece ya bajo la forma en la que la conocemos hoy: Excalibur.

En cuanto al posible significado de todos estos términos, tampoco faltan hipótesis. Caledfwlch vendría del gaélico caladbolg, y significaría “espada centelleante”, haciendo alusión a algunas descripciones de la espada, capaz de brillar y refulgir como el fuego para cegar a los enemigos. Caliburnus, a su vez, sería una derivación del latín medieval calibs, que procedería del clásico chalybs, y éste del griego clásico chályps, término que significaba “acero”.

UN MITO DE ORIGEN INCIERTO

Otro detalle que llama la atención es que, dependiendo de los textos, se hace mención a una o a dos espadas distintas. Hoy solemos identificar –influidos por las numerosas versiones actuales del mito– a Excalibur con la espada que Arturo extrajo de la roca (o de un yunque, según las distintas variantes), pero en época medieval los distintos textos parecen hacer una distinción entre ambas espadas, dando a entender que eran dos armas diferentes. La obra Merlín, de Robert de Boron (hacia 1195-1210), es la primera en la que se relata cómo Arturo extrae una espada clavada en un yunque, que hasta entonces nadie había sido capaz de sacar. Aquella proeza le sirve al héroe para conseguir el trono, pues sólo el auténtico rey, legítimo heredero de Uther Pendragon, podía conseguir tal maravilla. Esta espada había sido forjada por Merlín, pero en ningún momento se dice que se trate de Excalibur.

En escritos más tardíos, varios romances refieren que la espada de Arturo había roto su espada, de modo que Merlín le ayudó a conseguir una nueva –ésta sí sería Excalibur– gracias a la enigmática Dama del Lago. Esta nueva espada era irrompible, y poseía otros poderes mágicos, pues su hoja podía arder para dañar a los enemigos, y su empuñadura era capaz de sanar las heridas recibidas durante la batalla.

Al margen de la duplicidad de espadas, detalle sin duda producto del sinnúmero de romances y versiones literarias que componen el ciclo artúrico, y que fueron añadiendo elementos en cada nueva creación, surge la duda de si, al igual que sucede con el personaje de Arturo, hubo una Excalibur “histórica” que diera origen a la poderosa arma de las leyendas. En realidad, la idea de una espada o acero incrustado en la piedra ya era en tiempos medievales un tema antiguo, siempre vinculado con personajes heroicos y audaces. El gramático latino Servio, célebre por sus comentarios a la Eneida de Virgilio, cita en dicho texto una tradición según la cual el mismísimo Hércules, queriendo probarse a sí mismo, incrustó una barra de hierro en una roca, con tal fuerza que sólo él fue capaz de sacarla posteriormente…

 

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