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Cómics sensacionales

Santiago García
Los libros se dividen en dos categorías: los que te dejan ir y los que te atrapan. Los primeros se leen con un ojo puesto en el reloj, los segundos rescinden el contrato con el tiempo hasta la última página. La lectura, como la vida, está llena de elecciones. ¿Qué hacemos esta tarde, sufrimos o gozamos? ¿Leemos una antología del bostezo o viajamos sin prisa por un continente de colores, que ha abolido sus fronteras?
Cómics sensacionales es nuestra elección. Lo ha escrito Santiago García, Premio Nacional de Cómic 2015, historietista, idólatra de tebeos, crítico sin prejuicios que se ha nutrido del noveno arte como un Matter-Eater Lad de Madrid. Cuando tienes un libro así entre las manos, la cuarta pared se desmorona. Su autor no habla ex cátedra, sino desde la experiencia de un hermano mayor que una noche de invierno nos va comentando, emocionado, las transparencias de su particular linterna mágica.
UNA EDUCACIÓN SENTIMENTAL
Por supuesto, cada apasionado del género echará en falta los títulos de su propia educación sentimental (ahí radica en parte la gracia de estas antologías); pero quédense tranquilos: en Cómics sensacionales no sobra ninguno, y es harto improbable que farfullemos eso de “a ver por qué ha tenido la estúpida ocurrencia de incluirlos”, tal como bromea el autor en el prólogo.
El libro, profusamente ilustrado, es perfecto para regalar o acaso para prestar, pero, en este caso, con vuelta. Tener esta obra en nuestra biblioteca es enterrar para siempre el debate sobre si el cómic es o no un arte. Lo es. Y también es historia
En sus cerca de ochenta artículos, García nos alienta en nuestros gustos o anticipa lo que va a gustarnos, cuando un día pasemos de la teoría a la práctica. Claro que salen Watchmen, 13, Rúe del Percebe, Tintín, Carlitos y Snoopy, Mafalda y Maus. Por supuesto que en sus páginas comparecen Goscinny y Uderzo, Manuel Vázquez, Joe Sacco, Frank Miller o Paco Roca, quien, además, ilustra la portada con la imagen de un soñador –Santiago García, tú, nosotros– que a través de una ventana indiscreta se embebe con las figuras de su fantasía, Superman, Popeye o Spiderman.
El libro, profusamente ilustrado, es perfecto para regalar o acaso para prestar, pero, en este caso, con vuelta. Tener esta obra en nuestra biblioteca, este “artefacto perverso” (Felipe Hernández Cava y Federico del Barrio), es abrir “el almanaque de mi padre” (Jiro Taniguchi), parlotear con el locuaz “gato del rabino” (Joann Sfar) y enterrar para siempre el debate sobre si el cómic es o no un arte. Lo es, pese a lo que dijera C. S. Lewis en La experiencia de leer. Y también es historia.
Sus creadores han reconstruido la vida de los nuestros, porque nuestros son Vladek Spiegelman (Maus), Miguel Ruiz (Los surcos del azar) o Marji (Persépolis), pero también los superhéroes que ahormaron sus poderes a las exigencias de la Segunda Guerra Mundial o de la Guerra Fría. ¡Qué pena que la modestia o los plazos hayan impedido el merecido autohomenaje de Las Meninas, la novela gráfica con la que García y Javier Olivares han ganado el Nacional de este año!
TRATADO DE LA LIBERTAD
Fruto de un encargo y una vocación, Cómics sensacionales es un ilusionado viaje al pasado (“no se puede escribir un libro como este dejándose atrapar por la melancolía”) y también un optimista desafío al futuro. Los recuerdos de Santiago García son los de toda una generación que creció amando los tebeos, cuyo regalo de boda más preciado fue “un original de una página de historieta” y a quien le salvó la vida un dibujante orensano llamado David Rubín. Todo cabe aquí: el cómic, el manga, la bande dessinée, los clásicos antiguos y los clásicos contemporáneos, Roberto Alcázar y Pedrín y el underground, el color y el blanco negro; y, así, cuando llegamos al último capítulo de Spiderman (The final chapter!), comprendemos que Cómics sensacionales es, por encima de todo, un tratado sobre la libertad./Alberto de Frutos
 
Cómics sensacionales
Santiago García

Larousse. Barcelona (2015).

352 págs. 19,90 €.
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